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Good Luck

Comenzar mal el día es uno de mis dones. Iniciar con el pie izquierdo, abrir el paragua dentro de casa, cruzarme con un gato negro, esas cosas no son necesarias porque naturalmente la falta de suerte es parte de mí. ¿Pruebas?  Creo que saber el simple hecho de estar maldecido a convertirme en un gato es suficiente. Aunque en realidad ese no es el problema, el problema es que soy alérgico a los gatos. Entonces, la maldición que tengo no es en sí convertirme en un gato sino una muerte de asfixia por la alergia. Pero… ¿Cómo sucedió esto? ¿Cómo termine en esta situación?

Caminaba a casa luego de haber concluido las clases en el instituto. Después de casi ser atropellado por un chosicano y ser perseguido por varios perros, al fin estaba a una cuadra de casa. A lo lejos vi  una estatua de gato en la puerta de mi casa. Al estar a un metro de aquella estatua, tropiezo con una piedra que sale disparada ¿Pero a dónde irá a caer? Teniendo en cuenta mi factor “buena suerte” considero que en un buen lugar. Pero por el contrario cae en la cabeza de la estatua en el lugar menos adecuado. Por un momento creí que no se rompería, sin embargo, sucedió lo contrario. Rápidamente  me acerque a intentar solucionarlo, pero nuevamente tropecé y caí encima de mi gato.

— ¿No te basto con romper la estatua de Jizou sino que también me maltratas a mí?—gritó mi gato mientras corría a brazos de mi hermano.

Quede petrificado ¿Pude entender lo que dijo mi gato? Después de recibir una regañada inolvidable mi hermano, me comento que esa estatua se hizo para recordar a un gato llamado Jizou que salvó a la gente de esta zona de un desastre y que si comentes alguna maldad serás maldecido por el gato que aún habita dentro de las estatuas de Jizou, sin embargo, concluyo diciendo que solo eran rumores. Intente mostrarme incrédulo al igual que mi hermano, pero al recordar a mi gato hablar  ya no sé en qué creer.

Despierto con una fuerte picazón en la nariz ¿Razón? Mi gato está echado a mi lado. Me pregunto por qué me gustan los gatos a pesar de tenerles alergia, supongo que también es parte de mi “buena suerte”.

— ¿Aún crees que solo es un rumor….?—dijo mi gato mientras se estiraba— solo tienes un día para poder romper la maldición.

— ¿Cómo detengo la maldición? —Hablé, convencido de que todo esto era cierto — yo no quiero morir.

— Es simple —Susurró— solo tienes que salvar a un gato de la muerte.

Salgo de casa pensando en lo imposible que parecía hacer eso. Pensando en que tal vez este sea el último día que veré a mi hermano y a mi gato. Caminaba tan distraído que al parecer no me percaté de que una alcantarilla estaba abierta y caí dentro. “Afortunadamente no me rompí nada”, pero ahora ¿Cómo saldría de aquel lugar?

— ¡Ayuda! —Gritaba alguien en la oscuridad— Ayuda, creo que me estoy muriendo…

Busque con la ayuda de la linterna de mi celular, pero no encontraba a nadie. De pronto después de haber caminado por algún tiempo, note un pequeño cuerpo tirado al fondo. Lleno de barro y la mitad de su cuerpo sumergido en agua, se encontraba un gato en pésimo estado. Corrí a ayudarlo y vi su pata trasera izquierda rota, se veía en pocas palabras a punto de morir.

Me quite la casaca que llevaba puesta y lo envolví en él.

— Muchas gracias— dijo el gato — gracias por ayudarme a pesar de solo ser un gato viejo a punto de morir.

— Nada de morir— hable apresuradamente— los dos saldremos de este lugar, solo tenemos que volver a encontrar la alcantarilla por donde me caí.

— Los humanos son tan malvados— con lágrimas en los ojos dijo— mi dueño me boto aquí porque ya estoy viejo y no sirvo para nada, pero tú eres diferente. Aún con la pierna lastimada no veo en tus ojos ni una sola pizca de intención de querer dejarme.

No podía creerlo, con lo rápido que todo había ocurrido no me había dado cuenta que tenía la pierna sangrando. Me había atravesado una especie de metal oxidado y al poco tiempo también me di cuenta que tenía sostenido a un gato en los brazos. Sentía que dejaba de sentir poco a poco la pierna y que la garganta se me cerraba a causa de la alergia. Y entonces fue cuando me pregunte ¿Cuánto más podré seguir en pie?

Había dejado caer el celular, así que seguí caminando a oscuras por las alcantarillas pidiendo que por favor al menos esta vez tenga un poco de “buena suerte” y que alguien viniera a ayudarnos. Al poco tiempo perdí toda fuerza y me deje caer, a arrastras decidí seguir intentando hasta ya no poder más.

Tirado y con frio, guarde silencio. Fue entonces cuando oí que las palpitaciones del corazón de aquel gato empezaban a decaer. Impulsado por aquel suceso retome decidido a continuar intentándolo. No quería que muriese aquel gato. Yo no quería morir.

Yo no sé si fue suerte o el destino pero vi la luz de la alcantarilla por donde había caído.

— ¡Ayuda…!— grité, con todas las fuerzas que me quedaban— ¡Ayuda…!

Perdí toda fuerza al igual que la conciencia. Después de eso desperté en un hospital, al parecer todo había acabado.

—Hola… ¿Cómo te encuentras?— Pregunto mi hermano— ¿Qué hacías en ese lugar? Me tenías preocupado. Te buscamos por todos lados.

Aquellas palabras me hicieron preguntar ¿Cuánto tiempo estuve en aquel lugar? ¿Dónde está aquel gato? ¡El gato…!

— ¡¿En dónde está el gato?!— Grité— ¡¿En dónde está el gato?!

El silencio de mi hermano lo decía todo.

— El gato…— logró articular mi hermano— el gato… está muerto.

Surgieron nuevas preguntas ¿Es justo? ¿No logre salvar a aquel gato? ¿Por qué sigo vivo entonces?  ¿Es justo?

Empecé a llorar sin consuelo. Me envolví en las sabanas y horas después me sumergí en un profundo sueño. Soñaba con el gato que no pude salvar.

— Gracias— dijo aquel gato— por preocuparte y darme afecto en las últimas horas de mi vida.

— No pude salvarte— dije llorando— Pero aun así sigo vivo ¿No merecías vivir tú?

— En realidad sí me salvaste— dijo mientras sonreía —tú fuiste quien murió.

Quede pasmado al oír tan inesperada confesión.

— ¿Qué? — no tenía más palabras que decir.

— Yo entregue mi vida por la tuya— dijo alegremente— se lo pedí a Jizou y el me concedió el deseo. El deseo de remplazar mi vida por la tuya. Así que si merezco vivir, pero para mí, tú lo mereces más.

Las lágrimas no dejaban de caer.

— Ahora comprendo— dije —el ser humano es el animal más racional, pero solo es eso. Incluso un gato puede tener más sentimientos que un ser humano.

— Solo algunos son capaces de percibir esos sentimientos— decía mientras se alejaba— me alegra haberte conocido.

Al despertar sentí un sentimiento indescriptible y no pude evitar sonreír.

— Gracias….., Dios— por primera vez en mi vida me sentía con buena suerte.

Y desde entonces para mí comenzó una nueva vida, puesto que desde ese día por alguna razón dejé de tener alergia y sin tener alguna picazón, pude abrazar por primera vez a mi gato.

¿FIN? ….

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