Reto #4: Fiesta de vaciones

Todo el año esperaba con ansias las vacaciones y claro las fiestas de despedida en la escuela eran lo mejor. Hubo una en particular que recuerdo con cariño, pues obtuve un premio extra y el respeto de mis compañeros, que en esas épocas era algo que “luchábamos” por conseguir especialmente los varones.

Corría julio del año 2006 y por fin se había llegado el día, esta época tenía un matiz especial pues coincidía con el mundial, así que el ambiente era muy futbolero, o por lo menos así lo percibía en ese entonces.

Recuerdo estar en el aula de la clase con mis compañeros, discutiendo algunos de los resultados de los partidos con una gaseosa en la mano y con la típica vestimenta de la época, camiseta de cuadros sin abotonar y otra camisa por debajo con algún estampado, jeans, tenis tipo skateboard y el cabello tieso de la gran cantidad de gel o vaselina. Así nos vestíamos los varones en la clase, las chicas eran más recatadas en sus atuendos, y como por consenso distantes los unos de los otros, es decir, el aula se partía en dos, los pupitres se situaban todos contra la pared dejando el centro libre y de un costado nos colocábamos los hombres y del otro las mujeres, siempre viéndonos de frente, era común que nos dividiéramos en dos bandos, quizá porque no nos parecían interesantes los temas que discutían ellas y viceversa.

Y bueno, se vino el almuerzo compartido, luego el pastel, la piñata y por último lo más esperado por todos: Los juegos premiados.

Jugábamos a la silla caliente, enano gigante, entre otras dinámicas que no recuerdo con exactitud. Mi turno vendría con la silla caliente, sabía que tenía que obtener algún premio para poder irme victorioso y así ganar el respeto de mis compañeros, que hasta ese momento no había logrado, pues era uno de los que pasaba desapercibido. La dinámica consistía en moverse en fila alrededor de varias sillas, mientras la música de fondo seguía su curso, en el momento que la persona que controlaba la reproducción del sonido pausaba la melodía cada uno tenía que pelear férreo por un lugar en la silla sin importar quien se interpusiera. Yo estaba muy concentrado por lo que no me importaba pegarle un buen empujón a cualquiera que amenazara con arrebatarme un lugar, y así lo hice, más de uno tuvo que aguantarse la rabia de vengarse contra mi actitud por dejarlos fuera de competencia.

Poco a poco los participantes fueron disminuyendo hasta que sólo quedamos mi primo y yo, quien por cierto además de ser compañero de clase era mi principal contrincante, puesto que a nivel familiar siempre hubo una disputa por demostrar quien de los dos rendía mejor en la escuela, un tema que nunca comprendí, pero sabía que era mi rival y ese era mi momento.

Sonó la música e inmediatamente me puse a observar la silla muy fijamente sin voltear a ver a mi contrincante, tuve la suerte de que justo antes de que pararan la melodía mi primo hizo el ademán de sentarse fallando en su movimiento y estando fuera de equilibrio cortaron la música y pude sentarme, quedándome así con el galardón que me reconocía como ganador legítimo de la dinámica, mis compañeros aplaudieron y yo imité la celebración de un luchador colocándome sobre la silla.

Al final me hicieron entrega del premio, que la verdad no era la gran cosa, pero me sentía muy orgulloso de mi participación y claro, como todos unos niños en esa época mi primo y yo terminamos la fiesta comiendo golosinas y riendo como dos buenos amigos.

 

fabmana
Author: fabmana

1

Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. Siento que te falto algo de puntuación y el primer párrafo está demás, pero que bonita anécdota

Deja una respuesta

diecinueve − tres =