Estética y Belleza

Estética y Belleza.     Reto 4     Por: Lucía Argoytia

     Desde hace cuarenta y un años, las chicas de la secundaria y yo asistimos religiosamente a dos citas esenciales.

     La primera…con el doctor.  

     Y la segunda… con la amistad.

     Desde mil novecientos setenta y nueve, año en el que nos graduamos, cada vez que nos reunimos es como si se detuviera el tiempo. Basta con cerrar los ojos, para evocar con el timbre de la voz nuestros púberes y añorados rostros de antaño. Muchas cosas han pasaron durante este tiempo; tantos temas de qué hablar, pero invariablemente terminamos platicando alguna anécdota escolar.

     La ETI 125 es una escuela de gobierno reconocida por su nivel académico y por ser uno de los primeros colegios tecnológico-industriales. Cómo breviario cultural, Carlos Cuauhtémoc Sánchez fue compañero de generación, y tengo el presentimiento que alguien irá a preguntarle cuál de sus libros está basado en esa época de nuestras vidas…así somos las mujeres de curiosas.

     Nosotros estudiamos en el grupo del taller de secretarias. ¡Aún no nos explicamos cómo se les pudo ocurrir abrir un salón con sólo mujeres!  Fue una etapa hermosa, pero el grupo era bastante indisciplinado, a excepción mía… pues era la jefe de grupo.

     Pasar lista, callar niñas, y mantener disciplina y orden en el grupo me resultaron tareas sencillas; lo difícil fue… aprender a consolarlas. No faltaba la que venía a acusar a la niña que le había dijo que era fea, o a la que la amenazó con quitarle su torta si no la dejaba copiarle en el examen, o la que lloraba porque le dijeron que nunca se casaría. A mis trece años…eso sí era agobiante.

     Recuerdo un día cuando el “Camarón”, como le llamaban a nuestro profesor de Historia (yo no le decía así porque era muy respetuosa) faltó a clase, se me ocurrió hacer una pasarela para que durante esa hora las niñas estuvieran tranquilas.

     Las fui llamando por número de lista, y cada una hizo su mejor esfuerzo por lucir la belleza oculta debajo de aquellos uniformes. Un suéter verde y aguado combinado con una larga falta a cuadros y una blusa blanca, era el atuendo a lucir.

     Aún recuerdo sus rostros aniñados. Sí, aniñados, porque en nuestra época no nos maquillábamos hasta cumplir los quince años; sin embargo, no faltó la que traía escondido su polvito de Ángel Face y un labial con sabor a uva… que le compró su mamá en el tianguis.

     Todas quisieron darse una manita de gato…menos yo, y, aunque no era permitido, las dejé con la condición que se limpiaran la cara al terminar la pasarela.  Años después me enteré que me decían: Lucía Hitler… quién sabe por qué.

     Rostros llenos de granitos pasaban frente a mí. Diversos peinados hacían lucir la larga cabellera de las niñas. Colas de caballo, dos colitas o chongos, la verdad no importaba, todas parecíamos orientales con el cabello restirado por el jugo de limón. Cada mañana pasarse el peine era una tortura, pero gracias a eso, todas caminaron por la pasarela con la cabeza alta y bien derechitas.

     Algunas se lucían caminando de puntitas… simulando usar zapatillas. Sus sexis pasos de gallo-gallina hacían más lento el recorrido. La mayoría usaba zapatos ortopédicos, menos …ya saben.

    Todo parecía ir muy bien. Las niñas esperaban ansiosamente el resultado final.

     La popular niña del grupo se sentía la ganadora, pero, al escuchar el veredicto, se rostro palideció como hoja de papel bond. Cómo era posible que no fuera la elegida, si era tan bonita como una chica Bond, de hecho, ése era su apodo.  

     Pero no, ese día la chica Bond fue desplazada por: la chica Bond-ad.

     Era la niña más dulce del salón, pero no la más agraciada corporalmente hablando; sin embargo, la seguridad con la que se paró frente a nosotras, el valor de con orgullo caminar durante el trayecto, y esa sonrisa de felicidad dibujada siempre en su rostro, me llevó a elegirla como la persona más bella del salón.

     Nadie se lo esperaba, pero todas nos levantamos y corrimos a abrazar a Miss Bondad.

     Ese día aprendimos la diferencia entre estética y belleza; y, a cuarenta y un años de distancia, las chicas de la secundaria tenemos el privilegio de seguir considerándola…la más bella amiga.

    

     

 

         

 

lucia_argoytia
Author: lucia_argoytia

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Esta entrada tiene 4 comentarios

  1. romina

    La anécdota es correcta, pero todo aquello que no sea parte de ella sobra en el texto, aunque suene bien.

    1. Lucía Argoytia Guerra

      Tomado en cuenta Romi, muchas gracias. Saludos

  2. Salma

    Me gusta la manera en que describes detalles y logras transportar al lector no sólo al espacio, sino a la época. Muchas gracias por compartir.

  3. Lucía Argoytia Guerra

    Gracias a ti por leerlo Salma. Saludos

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