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Estaciones

Alguna vez en la vida me tenía que topar con la tristeza, la desesperanza, la melancolía y me hizo darme cuenta de todo lo que me rodeaba, de su belleza. Observe cada detalle y me pregunté ¿qué fue lo que estuve haciendo durante tanto tiempo? No había sido capaz de admirar mí alrededor. Una vez que has visitado la oscuridad, aprendes a apreciar el resplandor.
Observo el crepúsculo enmarcado por la ventana, una mezcla entre luces rosas y anaranjadas, hace frío en la habitación, mi cuerpo entero es incapaz de moverse, con la poca fuerza que me queda aprieto la mano de Aarón. Me observa con detalle, descifro la nostalgia en su mirada. No soporto ver el daño que le causo, el sufrimiento y cansancio se notan en su ceño y el aspecto descuidado que ahora siempre porta.
Esperamos al doctor con mis resultados, para que declare lo que Aarón no quiere escuchar y lo que yo ya se. El olor a medicamento predominaba, la luz de la lámpara del buró de enfrente parpadea, la bombilla está sucia y cuelga de un solo cable. Se apaga. Cierro los ojos.
Era otoño de 2015. Aarón conducía a baja velocidad entre las calles, le había pedido que fuéramos al mirador, un espacio en silencio para hablar, el césped era de un verde oscuro, la tenue luna en el cielo, anunciaba la llegada del anochecer, el viento estaba estático, Aarón estaba parado aún lado mío, nuestros brazos casi chocándose, tome una inhalación profunda antes de hablar.
—He estado observando mucho —hice una pausa—, en cómo pasa el tiempo y como se termina, a veces pienso en las personas que anhelan distintas estaciones y cuando están en ellas, desean regresar a las anteriores— Aarón se giró a verme con curiosidad—. Me parece que no las aprecian lo suficiente, todo es cuestión de observar, pero no solo el fondo, también lo que lo complementa —volteé y le di una sonrisa, al instante fue correspondida—. Estos últimos años, lo único interesante en el paso de las estaciones eres tú y como combinabas con ellas. —rompí el contacto visual, escondí mis manos en los bolsillos, rebusqué la hoja de papel doblada en ellos. Cuando la encontré la hice puño. Aarón tardó unos segundos en responder.
—Yo solo te observo a ti, eres mi complemento. —dijo en un susurro casi inaudible.
Tome el papelito arrugado y lo comencé a desdoblar, las manos me temblaban y las sangre se me había subido a las mejillas, tenía miedo de no poder hablar. —Escribí esto, para ti —Aarón había extendido la mano para tomar la hoja, pero la pegué a mi pecho—. Me gustaría poder leértelo —asintió y se acercó más, nuestros cuerpos estaban a centímetros, solo había espacio suficiente para poner la hoja entre los dos. Tenía los labios entreabiertos, las palabras no salían de mi garganta, cerré los ojos y conté para tranquilizarme. Uno, dos, tres, cuatro… Aarón permaneció atento. Tome con fuerza el papel y comencé a leer, primero despacio—. Visitó el hospital al menos cinco veces a la semana, tomo medicamentos y terapias casi todos los días y el dolor siempre está presente, pero aun así pareciera que nada de esto estuviera pasado y creo que es tiempo de que piense en voz alta, lo que nunca me he atrevido a decir. Estoy muriendo —los ojos de Aarón se habían vuelto cristalinos—. Y quiero que sepas que no tengo miedo por mí, tengo miedo por ti, de dejarte aquí con las heridas de mi ausencia, ser la culpable de hacerte morir en vida por medio de la tristeza —le di una mirada fugaz a Aarón y proseguí—. Nunca nada es como queremos, nunca nada es lo que debe ser, las personas vienen y van, se pierden ante eventuales muertes y está bien. Tal vez cuando me tenga que ir una parte de mi muera en tu corazón, pero te aseguro que en la mañana siguiente habré crecido aún más y no para aferrarme a ti, sino para alentarte a seguir viviendo. Quiero que recuerdes todas esas estaciones que vivimos juntos y puedas escribir más hermosas, pero sin mí en ellas, que no te límites de amores por culpas, por errores de la vida y no tuyos.
—Pensé que yo también moriría contigo, pero voy a vivir, solo por ti, pero te prometo que cuando esta vida termine, te buscare en la siguiente. —eso decía ahora. Su voz era entrecortada, tenía la mandíbula tensa por reprimir las lágrimas. Carraspeo.
La obscuridad había llegado, las luces de las luciérnagas alumbraban el mirador y la luna a nosotros. El viento había despertado, movía mis mechones sobre mis hombros. Los coloque detrás de mis orejas.
—No comentas el error de creer que me necesitas para ser feliz —talle con los puños mis ojos y seguí leyendo—. También quiero darte las gracias por todo, me hiciste sentirme viva aun cuando creía que lo había perdido todo, me diste esperanza a pesar de las noticias y estuviste conmigo las noches en las que pensé que el mundo terminaría y me hiciste recordar los momentos en los que vivía, en los que en realidad estaba viva —no lo soporté más, mis lágrimas salieron a chorros, toqué con mi palma mi pecho, esperaba controlar mi respiración, mi pulso había aumentado, Aarón me tomó el rostro y limpió con sus pulgares mis mejillas, retiré sus manos con delicadeza y retomé la lectura. Tenía que terminar—. Por último quiero que sepas que pienso gastar todas las estaciones que me quedan contigo —Aarón me tomo entre sus brazos en un impulso, nuestras lágrimas se unían, escondí mi rostro en su cuello. Me aferraba a él como si todo dependiera de ello, como si eso detuviera el tiempo. Dije algo más que no estaba escrito en la carta—. Decirte cuanto te amo es lo único que me queda antes del colapso, porque nunca sentiré de nuevo lo que tú me hiciste sentir.
Acarician mi cabeza. El cálido tacto de piel contra piel, me hace abrir los ojos. Aarón está llorando, a un lado se encuentra el doctor, ve el legajo con los resultados y después a mí. Niega con la cabeza.
Era otoño de 2018, el día en que declararon nulas mis posibilidades de vivir.

Acerca del autor: Daniela Santos

Consuelo el alma escribiendo.

Danisselle

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Comentarios

Romina Bayo Daniela: revisa atentamente los tiempos verbales, hay errores en ello.
Humberto Vázquez Durán Felicidades, un fuerte abrazo y bendiciones.
Hace 4 meses
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