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EN UN PROFUNDO PENSAMIENTO

Salgo del aula y al pasar por la barda del barandal de la tercera planta del edificio B, me detengo en seco al ver entre las ramas de los árboles que rodean al edificio; una iguana en su hermosura más resplandeciente reposa quieta, muy quieta, casi como si durmiera. Después de quedar atónita de su presentación, le susurro a un compañero cercano a mi lugar codeándolo levemente. Cuando voltea le digo: eso lo hizo mi papi – señalándole con el dedo índice izquierdo al bello y curioso animal. Se ríe y después de unos segundos vuelve a reír diciendo: Dios.
Volteo a ver al animal y me acomodo justo frente a él en el barandal. Poco a poco voy observando el árbol hasta llegar a las plantas que yacen debajo de él muy cerca de la tierra. Y como buscando el origen de la vida que observo, encuentro poco a poco la mía.
Los seres humanos no descendemos del mono. En el fenómeno de la vida se presentan ciertos elementos que hacen posible la formación de los reinos naturales. La vida nace de dentro. Y existen por lo menos tres reinos que tienen la función de nacer, desarrollarse y morir.
Estos son: el reino vegetal, el animal y el humano. A través de una tabla de valores, nos damos que un reino es superior a otro. Y que el reino humano no puede pertenecer al reino de los animales: el reino vegetal tiene la capacidad para procrear (que se puede reproducir), también de crecer por sí mismo y de alimentarse a sí mismo. El reino animal, puede además de éstos aspectos tiene la capacidad de caminar, una capacidad sensorial mucho más desarrollada de cinco sentidos. Mientras que el reino humano, tiene después de todo esto, la capacidad de ser inteligente, posee emociones, sentimientos, por supuesto, la voluntad, el sentido moral y de la santidad.
La humanidad es corona de la creación. Por eso es superior a los demás reinos. Las plantas solo tienen tres elementos de vida. Los animales cinco, pero los humanos siete, porque la imagen de Dios está en nuestra vida.
Y Dios no muere, pues da y mantiene la vida permitiendo que se desarrolle, por lo que la muerte es un paso para transformarla a la eternidad del alma según sus decisiones. Estoy segura que todo tiene un orden y su equilibrio está coordinado por sus propósitos perfectos.
El contenido explícito de esa eternidad es un misterio, que se descubrirá junto al misterio de su rostro. Anhelo verle cara a cara, con sus ojos inmensos, majestuosos, solemnes e irresistibles, siendo casi incapaz de mirarlo.

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