En la sana distancia. Reto 2 Por: Lucía Argoytia

En la sana distancia. Reto 2   Por: Lucía Argoytia

Buenos días mi querida Doña Susy:

Después de varios días de voluntario aislamiento, por fin salí al jardín. ¡Es una mañana esplendorosa! Los árboles de encino se han vestido de verde claro y mecen sus ramas al compás del viento para lucir su nuevo traje de primavera. Los pájaros desde sus nidos encuban sus huevos y entonan hermosos cantos para sus bebés. Las mariposas y las abejas compiten por el néctar de las flores, mientras las lagartijas son acariciadas por el sol. En el jardín, todo parece estar en equilibrio…menos nosotros.

Vi la ventana de su cuarto cerrada, y a usted apoyando la cabeza sobre el cristal. Vivimos momentos  difíciles. Hoy tampoco será un día normal, no podré ir a saludarla ni a abrazarla como todas las mañanas; ese algo pequeño y poderoso por un tiempo más nos mantendrá a distancia; pero juntas podremos librar esta batalla que parece lejana y ajena, pero que en que en realidad  vino a movernos de nuestra área de confort.

Al principio de la pandemia me sentí llena de temor, enfrentarse a lo desconocido da miedo, y más si ante el enemigo nos mostramos vulnerables. Este virus nos agarró con la guardia baja, hay que aceptarlo, pero hay mucho que podemos hacer para enfrentarlo… y derrotarlo.

-¿Qué podemos hacer nosotras?- se preguntará. Renovarnos Doña Susy, renovarnos. Estamos en plena primavera, y así como las flores estrenan nuevas corolas, nosotros podemos estrenan una nueva forma de pensar, de ver la vida, y de enfrentar la adversidad.

No abrazaremos… pero dejaremos que la vida nos abrace.

Evitaremos el contacto físico…pero no perderemos el contacto.

Guardaremos distancia…pero no actuaremos distantes.

Permaneceremos en casa… pero no dejaremos que la casa nos encierre.

Cubriremos nuestra boca…pero abriremos nuestra alma.

Como ve, ese algo pequeño y poderoso nos pide regresar a lo básico, a lo esencial, para reencontrarnos con nuestra propia humanidad.

La naturaleza se está sanando a sí misma y la única forma de hacerlo nosotros es permaneciendo en soledad. Las tormentas a veces vienen para abrirnos camino, pero hay que escuchar lo que el silencio dice, y aprender la lección que se oculta detrás de ese maestro al que llamamos…dolor.

Todos los días la esperaré a las nueve de mañana, para saludarnos desde la ventana y dejarnos besar por los primeros rayos del sol, acariciar por el canto de los pájaros, y abrazar por la bendición de Dios.

A partir de hoy no volverán a haber días normales doña Susy, la naturaleza nos ha enseñado que guardar una sana distancia con el nuestro entorno, hace de un día normal…no especial.

 

 

lucia_argoytia
Author: lucia_argoytia

0

Deja una respuesta

doce − 3 =