Reto 12 – Empezar de nuevo.

Argumento:

Se había quedado sin dinero, sin estudios y sin un lugar dónde vivir. Solo tenía una cosa por hacer, aceptar un trabajo en un bar y salir adelante, o seguir en la calle como un triste indigente.

Trama:

1.       Estafado: El socio de Lucas le informa que han perdido sus inversiones. Todo era una estafa. Sin más dinero para pagar sus estudios, y el alquiler, es desalojado de la pensión.

2.       Durmiendo en las calles: Con sus pertenencias en una mochila, decide pasar la noche en las calles. No intenta llamar a nadie. Al amanecer dispuesto a retomar su camino, encuentra un bar, en el que necesitan con urgencia de un mozo los fines de semana. No está convencido de aceptar.

3.       El dueño: Pregunta por el dueño, conversan.  Y finalmente acepta. Pero, aun no ha encontrado un lugar donde alojarse. El dueño le recomienda una pensión barata al otro lado extremo del distrito.

4.       El bar: Sus primeras noches, desvelo. Conoce a Martin, quien al instante se hacen amigos. Ambos comparten algo de sus vidas. En las siguientes semanas le va bien, pero sabe que no debe quedarse en ese lugar por más tiempo. En ese momento, conoce al verdadero dueño, quién le hará ver la realidad mediante sus acciones.

5.       Resurgir: Mes a mes, ya no retoma su antigua carrera, decide prepararse para ingresar a otra, relacionada con los negocios.

Esquema riguroso.  

1.       Una mañana, Lucas, recibe una llamada a su celular de parte de su amigo y socio, contándole la terrible noticia de que habían sido estafados por aquel hombre que captó sus capitales para invertir en una empresa de turismo. Todo resultó ser falso. El sujeto desapareció. Lucas, devastado, y preocupado, no sabe qué hacer. Es el día para pagar la renta y parte de su matrícula en la universidad. Solo cuenta con algunas monedas en sus bolsillo que es insuficiente. Es echado de la pensión sin opciones de aplazar su pago.

2.       Sin saber a dónde ir, camina por las calles cargando su pesada mochila en la espalda. Mira una y otra vez el celular, va haciéndose tarde. Sus pocas monedas no le alcanzan para pagar un almuerzo decente y una cena. Llega al límite de una calle y pide a Dios una ayuda. Compra pan y se queda allí, en una banqueta a esperar que se terminase el día. Al amanecer, se alista para continuar su camino, pero en vez de eso, voltea para un lado y encuentra un discreto bar en una baja cerca a la orilla del río. En la puerta hay un anuncio: Se necesita mozo. Pero no se convence de preguntar por el puesto. No es lo suyo. Pero dada las circunstancias se acerca a preguntar.

3.       Un hombre alto y blanco, le abre la puerta, Lucas le expresa su interés por el puesto. Lo invitan a pasar para conocer el bar. Pregunta sobre los horarios, menos el pago. Y finalmente, acepta el empleo. Pero sus cosas no sabe dónde ponerlas. El dueño entonces, le recomienda una residencia donde rentan cuartos económicos. Le indica la dirección, al otro lado del distrito. Va de camino al lugar, y en efecto, sin dudarlo, renta un cuarto. Solo un pago al mes. Está contento.

4.       Es su primera noche, le entregan el uniforme y empieza su labor. Conoce a Martin, un joven de tez blanca. Se hacen amigos al instante. Le confiesa que la chamba es pesada, más de lo que había imaginado. Pero que siente satisfecho de poder trabajar con él. Ambos se abren a compartir pequeñas partes de sus vidas. Tienen mucho en común. En las siguientes semanas se va acostumbrando al desvelo, y en una de ellas conoce al verdadero dueño. Siente admiración por él. Más tarde, en una madrugada pregunta a Martín sobre la vida del dueño.

5.       Con tres meses de trabajo, decide abandonar su carrera, y estudiar a otra que se relacionara con los negocios. Está dispuesto a no cometer los mismos errores otra vez.

Desarrollo. 

Creo que soñaba con una vida extraordinaria después de haber apostado todo mi dinero en una empresa dedicada al turismo. Prácticamente era un socio capitalista de aquel negocio, o eso pensaba, hasta que recibí una llamada de mi amigo Julián, quien también era partícipe de dicho proyecto. Su alarmada voz me espabiló de inmediato.

— ¡Lucas! mi amigo. No me lo vas a creer, pero ese imbécil al que le confiamos nuestro capital, es un vil estafador. La empresa que creíamos que existía, no está registrada en la SUNAT. Fui a su casa ayer, para platicar acerca del pago de nuestras primeras ganancias del mes, así como lo había prometido. Pero resulta que el desgraciado no vive ahí. Se mudó. Lo llamé a su móvil, y suena apagado. No sé cómo ubicarlo. Fuimos timados.

La notica me había enmudecido. Estaba en shock, ya saben, comencé a sentir calor y una repentina furia me enloqueció ¡La renta! ¡El pago de la universidad! Yo vivía solo en un apartamento en el centro de la ciudad. Revisé mi bolsillo y solo tenía unas cuantas monedas.

Al medio día vino la casera a pedir su renta, no supe que decirle. Así que me echó. Ni siquiera me dejó explicarle mi situación. Además, era de esperarse de una mujer vanidosa como ella.

Cargué la mochila con mis cosas y caminé por las calles, reflexionando acerca de lo que me había pasado. Era un completo ingenuo. Sentí hambre, pero las pocas monedas no me alcanzaban para pagar un almuerzo decente y la posterior cena. Un poco más tarde llegué al límite de una avenida, había un muro en el que me senté a ver el río, tan caudaloso y la brisa del viento era tranquilizante. Me acordé de Dios, y le pedí que me ayudara a salir de mi problema. Me bajé del muro y fui a una bodega por pan y gaseosa, solo me alcanzaba para eso. Luego volví. ¿Me quedaría como un mendigo? No tenía dónde dormir. Pero si una banqueta en el que puse mi mochila como almohada, y esperé que anocheciera. El lugar era tranquilo.

Al amanecer de un nuevo día, me levanté dispuesto a continuar mi viaje sin destino, cuando voltee para coger mi mochila, vi un anuncio del que no me había dado cuenta antes. Parecía que esa era una señal de Dios.

«Se necesita Mozo».

No era exactamente lo mío o lo que buscaba. Pero dada las circunstancias, era eso o nada. Me acerqué al umbral del inmueble y toqué más de tres veces hasta que un hombre alto y blanco, de cabello castaño me abrió la puerta.

—Buenos días, señor. Esto… vengo por si el puesto aún sigue disponible.

— ¿Quieres trabajar? —me preguntó restregándose el ojo con el dorso de su mano izquierda.

—Claro, señor.

—Bueno, pasa para que veas el local.

Y entré. Por fuera no parecía que fuese un bar, porque era discreto, pero por dentro era una maravilla de local. Los muebles rústicos, los dos altillos y el entablado de madera le daban un aspecto turístico. Más aun el paisaje que tenía en frente de mis ojos. Era bellísimo.

— ¿Qué día y a qué hora trabajaría, señor?

—Los fines de semana, como hoy y mañana. El horario de entrada es a las seis y media de la tarde, ¿te parece?

Estaba bien, me parecía loable el trato. Así que acepté. Ya iba de salida cuando el señor de pronto, me detuvo con una pregunta.

— ¿No tienes un lugar a donde ir?

—Claro que no, señor.

Quería contarle mi situación, pero ni modo, no se compadecería de mí. De modo que, le mentí.

—Acabo de llegar a la ciudad.

—Ah, en ese caso, le recomiendo ir a este lugar, si es que busca un cuarto económico.

Anoté la dirección y le agradecí su ayuda. A las diez de la mañana llegué a la residencia. Pregunté por una habitación, la más económica que tuvieran.

—Cien soles mensual —me dijo la casera.

¿Era una broma? ¿Cómo no lo había encontrado antes? Ese día descansé bien. La señora era amable y comprensible. Le conté mi situación, y que el pago del primer mes lo haría en cuanto obtuviera mis primeras ganancias del bar donde trabajaría. Aceptó sin reniegos.

En mi primera noche, me entregaron el uniforme de trabajo; una camisa negra, mandil y un lazo rojo con abre tapas que colgaba de mi cuello, con el nombre: Budweiser.

Conocí también a Martin, un joven que recientemente había terminado su carrera de ingeniero agrónomo, pero que no lo ejercía, por falta de título y experiencia. Nos hicimos amigos al instante. Teníamos mucho en común. Yo le conté que había fracasado en un negocio, y que trabajar en el bar me servía para poder salir adelante otra vez, juntar dinero y retomar mis estudios. Pero todo cambió cuando al mes me dio a conocer al verdadero dueño del bar, el señor Diego.

Este era un hombre imponente, con cualidades de un legítimo empresario. Lo admiraba. Sentí que debía aprender de él. Con el tiempo, tras observarlo mucho, tomé una drástica decisión.

Ya no iba a lanzarme al campo del emprendimiento sin antes tener los conocimientos necesarios. Con tres meses de haber trabajado en el bar, compré un nuevo prospecto para dar la prueba al examen de aptitud a la facultad de negocios. Dispuesto a no cometer los mismos errores. Primero, debía aprender.

mbrayeen18
Author: mbrayeen18

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Esta entrada tiene un comentario

  1. romina

    argumento y esquema muy bien. Al relato le falta corrección, léelo en voz alta para ver como darle mayor fuerz.a Me gustó mucho el avance que muestras en este reto.

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