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Elegí no morir para buscarte, sé mi Sheccid.

Estoy cansada. Me rindo. Amé con tal intensidad que terminé vacía. Hice todo por aquel que creí, era mi «Sheccid». El motivo de mi vida, la razón que empujaría mis alas en un sueño común. En cambió, las destruyó. Fue quemando uno a uno mis sueños. Y no es su culpa. Yo lo dejé. Yo permití que todo mi mundo lo tuviera como centro: mi familia, mis amigos, mis estudios. Todo se ha vuelto nada, vacío, oscuridad. Él tenía el poder para quitar el brillo a todo lo que yo considerara importante.

Pensé mil cosas. Intenté colmar el vacío recorriendo tiendas. Saliendo a discotecas. Conociendo gente. Paseando en tinder. Y nada… vacío y dolor… oscuridad y dolor… Silencio. Mucho y crudo silencio.

Antes de amarlo, no tenía idea de lo que era estar sola, sentirme sola. leía poemas y escuchaba canciones que describían a la soledad como a un «ente» y se me hacía tan incomprensible. Mi vida estaba repleta de regalos. Hasta él. Lo conocí. Lo amé. Y me olvide de mí, de los motivos para sonreír que colmaban mis días.

Supe desde el primer mes que su violencia, sus insultos, su egoísmo me destruirían. Pero no hice nada. Me conformaba con el ratito que pudiera durar el abrazo tranquilo. Así me perdí.

Hoy. 5 meses desde su adiós. Una despedida envuelta en engaños, en una traición lacerante, sigo perdida. Y nada me da respuesta. Por eso decidí morir. En verdad, ya no encontré por qué vivir. Paseando en redes encontré un mensaje de un escritor que leo mucho, Carlos Cuauhtémoc Sánchez, donde habla de un nuevo libro para escribir. Alguien me dijo que escribir salva. Por eso, tomé una decisión. Antes de rendirme escribiría. Y me encontré con el primer reto. Escribirle a un destinatario real, a un amor que olvidar, a un amor que encontrar.

Pensé mucho y llegué a una conclusión:  ¡YO NO VOY A ESCRIBIRLE A ESE LOCO!

Yo soñaba desde muy chiquita con encontrar el amor. Imaginaba su sonrisa, su voz, la forma de caminar, de observar y de amar la vida. Y a ese amor decidí escribirle. ¡A ti amor! que aunque no sé donde estás, TE ESPERO. y te debo una disculpa: ¡Perdón por confundirte con aquel monstruo! ¡Perdón por pensar que la vida no valía la pena! ¡Claro que lo vale! ¡Lo vale porque sé que existes en algún lugar! Y que seguro, me esperas al igual que yo a ti.

Por eso mi amor, mi príncipe, mi Sheccid te pido algo: DEJEMOS DE ESPERARNOS Y COMENCEMOS A BUSCARNOS.

Tu princesa.

 

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