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EL PRINCIPIO DEL FIN

A pesar de que han pasado casi tres meses de nuestra separación, aún recuerdo todos los momentos que pasamos juntos. Nunca pensé que llegara a su fin nuestro matrimonio. Más porque fue un pacto que hicimos ante los ojos de Dios. Créeme que no termino de pensar en lo que realmente sucedió para acabar de esta manera. Ahora me encuentro en ésta triste soledad recordando la vez que sucedió todo, como si hubiera sido ayer, mi fresca memoria no puede concebir la tristeza que embarga a mi corazón de ya no tenerte nunca más.

Aquella tarde te busqué desesperadamente. Envié mensajes de texto, de whatsapp, te escribí en las redes sociales, incluso te maqué varias veces para saber tu localización. Hasta que llegaste. Te vi. Bajaste del carro de tu mamá con quien seguramente estuviste platicando sobre mí.

Antes de poner inevitablemente la mirada en tu figura, no pude dejar de sentir un frío estremecedor que me calaba hasta lo más profundo de mi ser, como si hubiera cometido el peor de los pecados y debía pagar mi condena. Pude imaginar lo peor, el principio del fin de una relación que, por varios años, seis para ser exactos, estuvo llena de altibajos, y que, desafortunadamente, entraba un tercero en discordia, mi suegra.

Bajaste del auto. Pude observar de reojo aquella complicidad que existía entre dos personas ante una travesura a punto de cometer. La sonrisa que reflejaba tu rostro era muy distinta a la que yo estaba acostumbrado a contemplar. Llegaste hasta mí y me preguntaste con qué intenciones me encontraba en la puerta de tu casa, pues nada de lo que yo dijera haría cambiar la decisión que ya habías tomado. Pude ver un brillo extraño en tu mirar, no eras la misma de antes, algo te hizo cambiar, pero necesitaba saber qué, un destello que nunca había notado en los años que habíamos compartido juntos tratando de formar la familia ideal que hasta este momento amenazaba con escaparse de nuestras manos.

Te encontrabas nerviosa y titubeante al dialogar conmigo. No solo habías cambiado las chapas de la puerta principal, sino que también los candados de las rejas. Recordé las palabras de tu madre cuando una vez en tono amenazador me dijo que no te dejaría sola y que a ella le quedaba vida para estar al pendiente de ti, para protegerte.

Tu mamá tardó en bajar del vehículo, seguramente estaba a la expectativa de lo que sucedería entre tú y yo, quizá pensaba que yo me portaría agresivo o que me pondría como loco cuando me dieras la noticia de cortarme las alas. No tardó en bajarse del coche y entró sigilosamente a su casa sin decir una palabra. Ahora que lo pienso, tal vez cometimos el error de vivir a lado de mi suegra, pero no era momento de justificarse por lo que habíamos hecho o dejado de hacer.

Nos quedamos largo tiempo en la puerta de tu casa, me interrogaste, e incluso de tus labios rojos surgieron palabras altisonantes que hasta ahora no sé si las merecía. Había mucho coraje en ti, como el fuego que quema y retuerce todo lo que abraza no habiendo manera de apagar. Me pediste el teléfono celular y comenzaste a revisar mis contactos, fotos, archivos, como buscando indicios de alguna falta en la que hubiera incurrido. No tuviste mucho éxito así que me lo regresaste y pude notar una ligera calma en ti. Tu rostro continuaba con el mismo brillo cual niña traviesa. Me pediste que me vaya, pensé que solo querías que me retirara del lugar para que te quedaras y reflexionaras sobre tan tajante decisión. No acababa de asimilarlo cuando agregaste que querías que me fuera no solo de tu casa, sino que también de tu vida, que la decisión estaba tomada y nada de lo que yo hiciera lo haría cambiar, no había marcha atrás.

Ignoro cuánto tiempo estuvimos hablando, solo querías que respetara la decisión de dejarte en paz. No pude evitar realizar con la cabeza una expresión negativa y de desacuerdo ante tal aseveración. En ese momento comenzó a llover, el agua fría caía sobre mi cuerpo sin lograr apagar el fuego que se había encendido en mí y que me estaba quemando por dentro. Me dijiste que para que no me mojara entrara a mi carro pero que a tu casa no entraba más, y es que no sólo querías sacarme de tu casa, sino también de tu vida y de tu corazón.

Ante tal actitud y debido a que la lluvia se hacía cada vez más intensa, decidí subir al carro y mientras se calmaba la lluvia, tú te ocupabas de colocar en bolsas negras toda mi ropa cual si fuera basura. Te mandé mensaje diciendo que iba a la esquina a cenar. Cuando regresé, me diste las bolsas con mis objetos personales. Un desánimo me invadió, pues no sabía a donde ir, era algo que no estaba en los planes, quizá el apego o la costumbre era más fuerte y mi corazón se resistía a la idea de no volver a estar junto a tu lado nunca más.

Por más explicaciones que intenté darte, no lograba hacerte entender del error que estábamos cometiendo, pues si algo estaba fallando entre nosotros la culpa debería de ser de ambos; sin embargo, tú ya no estabas dispuesta a luchar, te estabas dando por vencida y solo te limitaste a decir que lo intentaste, pero no funcionó. No tuve más palabras y como la noche se hacía más oscura y fría, me despedí sin antes decirte que te amo y te amaré por siempre.

Quizá algún día puedas leer éstas líneas. Te invito a reflexionar sobre tu actitud, sobre todo de la decisión apresurada que tomaste. Nunca hay que tomar decisiones cuando estamos molestos, tampoco realizar promesas cuando estamos felices. Te amo, lo digo porque así lo siento.

 

manuel_Chi

Soy una persona un poco tímida y en ocasiones insegura, pero todos los libros que he leído de Carlos Cuauhtémoc Sánchez, me han servido para salir adelante y enfrentar los diversos problemas que se me han presentado, a tal grado de dar un giro en mi actitud y de tener esa seguridad en momentos importantes de mi vida. No dudo de que algún día pueda escribir un libro pues eso solo es cuestión de creerlo uno mismo. Me da gusto pertenecer a este concurso-taller, ya que de aquí podría salir con todas las herramientas que me ayudarán a lograr no solo poder escribir, sino poder sacar todo ese cúmulo de emociones y sentimientos que tengo dentro de mi ser, expresarle al amor de mi vida que perdí, por no saber cómo decirle y demostrarle todo el amor que sentía por ella.

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