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EL MILAGRO QUE VIVÍ

Trama situacional (lista de situaciones)

  1. DÓNDE ESTOY. Lo que pasó al estar parado en la puerta
  2. EMPIEZA TEMBLOR. Las ventanas del edificio se empiezan a mover bruscamente, dando inicio al temblor.
  3. INGRESO A CASA. Entro desesperadamente a mi casa para saber cómo está mi familia.
  4. LA INTENSIDAD DEL TEMBLOR SE REDUCE. Regresa la calma a las personas.
  5. CAE LA RED TELEFÓNICA. Todos quieren hablar con sus seres queridos, por ende, la red de teléfono cae.

 

Esquema riguroso (desglose detallado)

  • DONDE ESTOY

Luego de conversar con mis amigos en la puerta. Siento que las ventanas se mueven. Esto me alarma. No sé si correr a ver a mi familia o quedarme parado.

 

  • EMPIEZA EL TEMBLOR.

 

En el momento del temblor pienso en mis padres. Ellos necesitarán más de mi ayuda que yo. Pero el miedo me paraliza. De la puerta de la quinta hacia mi casa, la distancia es de 6 casas. Al costado hay un edificio, el cual se mueve como una gelatina.

-¡Arturo, sal de ahí! -grita el papá de mi amigo.

Yo trago saliva. Ese minuto y medio parece interminable. Para mí fue una hora. Una terrorífica hora.

  • LA INTENSIDAD DEL TEMBLOR SE REDUCE.

La fuerza de la naturaleza empieza a sentir lástima de nosotros y se calma gradualmente. Se dan leves réplicas que nos atormentan. Se ve decenas de familias en las calles. Un vecino sugiere bajar la llave general, para evitar que hay cortocircuitos. Ahora estamos en tinieblas. Mejor dicho, cada casa se alumbra con una vela encendida. Veo a mis hermanos menores nerviosos. Voy a abrazarlos como si no los hubiera visto en años.

-Todo esto va a pasar. Tranquilos -les digo mirándolos a sus ojos.

 

  • INGRESO A CASA
  • Veo a mis hermanos menores nerviosos. Voy a abrazarlos como si no los hubiera visto en años.
  • -Todo esto va a pasar. Tranquilos -les digo mirándolos a sus ojo

 

 

  • LAS PERSONAS LLAMAN Y SE CAE LA RED.

Son las 6:30 de la tarde. Intento llamar a mi hermana. Quiero saber como está. Pero es imposible. La red ha caído. Miles de personas al intentar hacer lo mismo, han congestionado la red. Intento calmar mis nervios. Voy por un vaso de agua. Oro a Dios. Sé que Él nos protegerá. Protegerá a mi hermana. Y hará que llegue sana y salva a casa.

 

Historia

-¡Carajo temblor! – grito sin saber qué hacer. La tierra empieza a temblar. Las ventanas del edificio se mueven bruscamente. Mi corazón empieza a latir a mil por hora. Trago saliva. Veo arriba. Veo abajo. Veo a un costado. Me pregunto a donde voy. Cierro los ojos. El sismo empieza a apoderarse de la ciudad. El miedo y ansiedad se apoderan de mí. ¿Me ayudo o ayudo a alguien más? -me pregunto. Estoy confundido.

 

Todo esto pasa rápidamente. Hace unos minutos estaba conversando alegremente con mi amigo acerca de los negocios. Me da gusto que sus ventas aumenten y mejore la calidad de vida de su familia. Estaba sentado en una vieja silla. Pero, prefiero pararme en la puerta de la quinta. Sí, vivo en una quinta. Desde hace 17 años cruzo esta puerta. Mi barrio es de clase media. Mientras en una esquina pululan jóvenes fumando cigarro, por el otro están los cambistas de dólares y personas que llegan en buenos carros.

 

En el momento del temblor pienso en mis padres. Ellos necesitarán más de mi ayuda que yo. Pero el miedo me paraliza. De la puerta de la quinta hacia mi casa, la distancia es de 6 casas. Al costado hay un edificio, el cual se mueve como una gelatina.

-¡Arturo, sal de ahí! -grita el papá de mi amigo.

Yo trago saliva. Ese minuto y medio parece interminable. Para mí fue una hora. Una terrorífica hora.

 

La fuerza de la naturaleza empieza a sentir lástima de nosotros y se calma gradualmente. Se dan leves réplicas que nos atormentan. Se ve decenas de familias en las calles. Un vecino sugiere bajar la llave general, para evitar que hay cortocircuitos. Ahora estamos en tinieblas. Mejor dicho, cada casa se alumbra con una vela encendida. Veo a mis hermanos menores nerviosos. Voy a abrazarlos como si no los hubiera visto en años.

-Todo esto va a pasar. Tranquilos -les digo mirándolos a sus ojos.

Son las 6:30 de la tarde. Intento llamar a mi hermana. Quiero saber cómo está. Pero es imposible. La red ha caído. Miles de personas al intentar hacer lo mismo, han congestionado la red. Intento calmar mis nervios. Voy por un vaso de agua. Oro a Dios. Sé que Él nos protegerá. Protegerá a mi hermana. Y hará que llegue sana y salva a casa.

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