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EL MILAGRO DEL PERDON

—Hija, trata de perdonar, entiende que tu hermano ya está casado y para él lo primordial es su esposa e hijo— Decía mamá mientras servía la cena.

—Es que no puedo entender porque ahora nos echó a un lado si también somos su familia —  trago saliva para contener el llanto, —Él siempre fue tan unido a mí, pero desde que apareció esa mujer, nosotros pasamos a último plano.

—Esa es la ley de la vida, recuerda que la biblia dice “el hombre dejara a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne”

Guardo silencio un momento, observo la comida y de pronto con una gran ira lanzo el plato al suelo.

—Tú no entiendes, ¿Acaso no ves que ella lo manipula para alejarlo de nosotros, de su familia? Ella es una mala mujer, y el muy tonto la defiende a capa y espada, ¡Pero como siempre la mala soy yo!

—No es así, tú no eres la mala, es solo que aún no has comprendido que ya no es como antes, los hijos crecen y se van, tu hermano nos quiere pero ya no puede compartir tanto tiempo con nosotros, él ya tiene un hogar, tus hermanos, tu padre y yo ya lo comprendimos, por favor recoge lo que tiraste y reflexiona sobre tu comportamiento, ¡Ya eres una mujer adulta, compórtate como tal!

Mi madre jamás me había hablado de esa manera, sabía que estaba molesta, así que la obedecí, pero la verdad no creía en sus palabras, ¿porque lo haría? Yo tenía la razón y nadie iba a convencerme de lo contrario, odiaba a esa mujer que me había quitado a mi hermanito, mi compañero de juegos y aventuras.

—La odio, y mientras John siga ignorándome por ella la odiare cada día mas.

A la mañana siguiente salí temprano, no quería hablar con mamá, ella seguramente seguiría enojada, así que evite hacer ruido, subí al auto, lo encendí y pise el acelerador con tanta fuerza que salí casi volando, tenía tanta ira con mi familia, todos eran unos torpes que no entendían el dolor de mi soledad. Cuantas veces desee que esa tipa desapareciera de la faz de la tierra, que feliz seria si esto sucediera. Iba tan envuelta en mis pensamientos que solo sentí un gran golpe que me hizo frenar de inmediato.

La sangre estaba derramada por la calle y un cuerpo reposaba al lado de la acera, el pánico me invadió cuando baje del auto y mire el cuerpo que yacía casi sin vida frente a mí. Todo el mundo corría, entre tantos, mi madre llego al lugar del accidente, a unas pocas calles de mi casa.

— ¿Por Dios que hiciste?, — Atropellaste a Claudia.

—No fue a propósito, te juro que no la vi, ¡mama por favor debes creerme!

Estaba ida, con los ojos desorbitados, mi cuerpo tiritaba de solo pensar que mi cuñada pudiera estar muerta, entre tanto la ambulancia llego y se la llevo, mi hermano fue notificado, y todos nos dirigimos al hospital.

En la sala de espera mis padres y hermanos  me miraban sorprendidos de lo que había sucedido, ninguno me decía nada, pero podía sentir sus miradas acusantes, ya que el odio que sentía por mi cuñada era tan obvio que cualquiera se daba cuenta por mis expresiones orales y corporales.  Las peleas entre mi hermano y yo eran cada vez más seguidas por que él siempre la defendía y era obvio ¡Era su mujer!

No pude sopórtalo más y me dirigí a la capilla.

—Señor, sé que no soy una de tus favoritas, te he ofendido tantas veces, no entiendo mucho de religión, ya que casi nunca voy a la iglesia, tengo tantas preguntas de cosas que no entiendo y realmente no sé porque soy así, ¿porque guardo tanto rencor hacia esta mujer en especial?, además ¿quién soy yo para juzgarla?, tal vez ese sea mi problema, siempre juzgo a la gente, el orgullo dentro de mí me domina y siempre me creo más que los demás.

Las lágrimas enjugaban mi rostro, realmente estaba arrepentida por todas las cosas que había dicho y por haberle deseado el mal a Claudia, ahora esto era una realidad, ella estaba muy grave, y si algo le sucedía perdería a mi familia para siempre y realmente me quedaría sola.

—Dios mío, por favor perdóname, mi familia me educo para que te siguiera, pero en lugar de eso te abandone, mi corazón se volvió negro, sin tu luz, y ahora estoy pagando las consecuencias, te suplico entra de nuevo en mi corazón, creo en ti, en tu inmenso poder y en tu infinito perdón. ¡No quiero quedarme sola! —Sánala y te prometo que cambiare, ayúdame a sacar el odio de mi vida, —Si fue la mujer que tu elegiste para mi hermano la aceptare para que él sea feliz, aunque se haya olvidado de mí. ¡Por favor!

—Hermanita querida, no llores. — Sin darme cuenta John estaba detrás.

No pude musitar palabras, sus manos entrelazaron las mías y su mirada no era acusante sino más bien comprensiva.

—Sé que te abandone por mucho tiempo, pero eso no quiere decir que no te quiera, tu eres mi hermana menor y siempre te querré con todo mi corazón, a pesar de nuestras peleas siempre nos hemos querido, porque el amor de Dios reina en nuestra familia, y también sé que no estás de acuerdo con Claudia en muchas cosas, pero te pido que comprendas que es la mujer que quiero, además es la madre de mi hijo, —Nuestro hogar no es perfecto, pero aun así somos felices y no quiero excluirte ni a ti ni a ella, las quiero a ambas y eso es lo que importa.

—Yo también te quiero mucho, y te pido perdón por mi comportamiento, sé qué debo hacer mi vida y no interferir en la tuya, y aunque ya no tengas tiempo para mí, siempre contaras conmigo.

—Lo he pensado y a partir de ahora repartiré un poco mejor mi tiempo para que también hagamos cosas juntos como antes.

Nos abrazamos y sentí una paz tan grande dentro de mí, en realidad no podría explicarlo pero puedo decir que el amor de Dios reinaba en ese momento de reconciliación y perdón verdadero entre hermanos. Nuestro armónico momento fue irrumpido por nuestros padres quienes entraron al recinto corriendo y gritando.

—Alabado sea el señor, Claudia esta fuera de peligro, ¡Es un Milagro!

Me encanta leer y escribir y dejar volar mi imaginación hasta los confines del universo, soñar despierto es una aventura increible.

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