Reto 10 – El mejor año de mi vida

2014. Aquel año estuvo lleno de sorpresas. Me acababa de graduar de la escuela secundaria y mis padres no esperaron a ponerme en una academia pre universitario en el centro de la ciudad para posteriormente postular al examen de admisión en febrero. Lo cual, eso me hizo encabronar porque no me sentía preparado. Tampoco sabía qué carrera elegir. Lo único que quería, era tomarme un largo descanso en algún lugar del país, visitar a la familia de parte de papá, que residían en la capital desde hacía ya varios años. Quería conocer el mar por primera vez, y bañarme en él, o jugar a los carnavales en Cajamarca.

Pero no fue así. Tuve que quedarme en mi pequeña y aburrida ciudad, dónde las fiestas patronales ya no eran las mismas desde el 2012. Los gobiernos locales habían sacado normas para prohibir o moderar las aglomeraciones y accidentes que sucedían normalmente. Así pues, también se lograba aminorar los casos de delincuencia. Por otro lado, a nivel nacional ocurría la controversia de la Corte de la Haya por las delimitaciones marítimas entre Perú y Chile. En los medios de comunicación era de lo único que se hablaba. No había otra. Y aproveché esa coyuntura, para salir a divertirme a mis anchas con mis amigos, mientras que mis padres se mantenían inmersos a la situación.

Las discotecas en ese año prohibían la entrada a menores de edad, pero había una particularmente para nosotros los jóvenes. La llamada “Rumba”, que permitían a los mayores entrar acompañados de menores. Nadie fiscalizaba dicho lugar, «El dueño es amigo del alcalde este distrito», decía César, el mayor de todos. Luego venía mi mejor amigo Juan, y finalmente para completar el equipo, mi primo Kevin, nuestros vecinos Paolo y Frank, y yo. Todos vestidos con ropa de calle. A un estilo rebelde, con los cabellos encrespados y sedosos. Polos ajustados, pantalones pitillos a la moda, y aunque no poseíamos un cuerpo fornido cada uno, nos mostrábamos coquetos con  las chicas.

Casi ninguno bebía alcohol, solo queríamos bailar  y conquistar a las nenas. César, fue el primero en conseguir pareja esa noche, después mi primo Kevin, que a suerte suya había encontrado a sus ex compañeros de la escuela, y se unieron a nuestro circulo. Nos presentaron a sus amigas, y de repente, cada quien tenía pareja, menos yo. Pero no pasó mucho tiempo, cuando de pronto, dos chicas de rostros muy familiares se aparecieron en el antro. Los vi desde el segundo piso, cerca de la baranda donde me apoyaba con los codos. Se trataba de Gloria y su hermana mayor. Y era Gloria, la chica de mi barrio que me gustaba mucho. La saludé a ambas desde arriba. Y esa misma noche le declaré mi amor a Gloria.

Enero se terminó y el examen de admisión estaba cada vez más cerca. Sería el segundo domingo, y nuevamente, no me sentía capaz de lograrlo. En la fecha de inscripción, elegí una carrera que estuviera relacionada con el campo, al igual que mi prima Rudi, que estudiaba ingeniera forestal. De mala gana me inscribí y a la semana siguiente me dieron un carnet de pase para el examen.

—Ya está —le dije a mis padres.

Cuando llegó el domingo, era una mañana fresca  y soleada. Las calles estaban en silencio. Pero en el colegio de monjas, lugar donde se llevaría a cabo la prueba, se estiraba una larga fila que ocupaba más de tres cuadras. Padres y madres daban la última bendición a sus hijos e hijas. A mí me tocó una goma de mascar y un “buena suerte, hijo”.

Dos horas después, ya todo el mundo entregaba sus hojas con las alternativas llenas al prefecto que custodiaba el aula. No sabía si mostrarme contento o decepcionado. Pero había hecho mi mejor esfuerzo.

El lunes a primera hora extendieron los resultados de los nuevos ingresantes. También lo pasaban por la radio. Había mucha competencia. Y el mínimo puntaje  para cubrir una vacante era de cincuenta y cinco. Y yo, desafortunadamente había obtenido cuarenta y ocho. Sí, no ingresé. Y entonces, ¿Cuál es la sorpresa? pues, ese año sucedían cosas extraordinarias. Funcionarios corruptos que se coludeaban con las autoridades de la única universidad nacional reconocida de la ciudad con mayor trayectoria e investigación en el país. Compraban vacantes por un monto determinado para sus allegados, sobrinos, ahijados, o lo que sea. Y mágicamente aparecían los nombres de los beneficiados en la lista de nuevos ingresantes.

Algo similar sucedía en ese momento de incertidumbre. Obviamente no pagué a nadie por una vacante. Sino, lo supe hasta después de un par de semanas, cuando un ex compañero de la secundaria, el mismo que meses antes de salir de la escuela había sido ovacionado en plena ceremonia de formación, un lunes, por haber logrado el ingreso a la facultad de medicina, con un alto puntaje de noventa y cinco en la primera etapa, vino a mi casa y me dio la increíble noticia de que yo, había cubierto una vacante por ampliación. ¿De qué rayos se trataba la “ampliación”? Me lo explicó enseguida: La ampliación sucede  cuando las vacantes dispuestas al inicio de la convocatoria del examen, no se logran ocupar todas. Entonces, para que ello se cumpla acorde a lo predispuesto, se opta por poner a los que vienen después del mínimo puntaje.  

Se lo dije a mis padres y no lo creyeron, sino hasta después de recibir mi constancia de ingreso en la misma oficina de admisión de la universidad. Mi padre gritó de alegría, se le escapó una lágrima de la emoción. «Felicidades, hijo», me dijo mientras me abrazaba. Y yo, que aún no entendía lo que había pasado, terminé por aceptarlo. No sé cómo o quién había hecho tal jugada, pero aquel fue el mejor año de mi vida.

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Author: mbrayeen18

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