El lado oscuro de mi realidad.

 

El lado oscuro de mi realidad.

 

Reto 6    Por: Lucía Argoytia

 

 

 

Querida Laura:

 

     Hoy, al regar el jardín pisé sin querer mi rosal favorito. El crujir del tallo y las espinas clavadas en la suela del zapato fueron la evidencia de mi imprudente error.

 

     Una ceguera parcial mantiene el lado izquierdo de mi cuerpo en completa oscuridad, y es el sonido detrás de ese agujero negro el que me advierte la presencia de algo más.

 

     El pobre rosal quedó en el limbo, en el punto ciego entre el claro-oscuro de mi realidad. Lo que no se ve no existe, y por un instante, ni su esencia, ni su presencia…existió para mí. Igual que su tallo se quebró bajo mis pies, en el pasado me quebré también bajo el comentario insidioso de la gente.

 

     La visión parcializada dificultaba mi andar. Moretones en piernas y brazos ocultaban el miedo de chocar por enésima vez contra las esquinas de los muebles que me enseñaban… dónde no volver a pisar. Mis temblorosos trazos bailoteaban entre los renglones de una hoja a medio ver; y las letras, esas letras que decían tanto y a la vez tan poco, se negaban a la fluidez de mi mirada ansiosa por poder leer.

 

     Todo eso fue fácil de superar, más no así los invisibles moretones que dejó en mi mente la mirada compasiva del adulto, la discriminación del niño, y la indiferencia del maestro. Mis limitantes mentales fueron mayores a la limitación visual, es lo que muchos llamarían heridas de guerra, o daño colateral.

 

      Aprendí a saltar a la altura de las circunstancias, y mi deseo por aprender y mejorar se deshojó como los pétalos de mi rosal. Me dejé pisar, era apenas una niña, y no conocía la crueldad.

 

     Fue hasta que mi madre me regaló el libro del “El principito” que mi percepción sobre mí misma cambió. Cada noche pacientemente leíamos una y otra vez cada renglón hasta entender la palabra, la frase o la oración; y así, al finalizar el libro, lo invisible para mi ojo se volvió visible para mi realidad.

 

     Aprendí a ladear la cabeza para ampliar así mi campo visual; con ese leve movimiento, como cosa de magia, lo inexistente aparece.. frente a mí. Durante algunos años usé una regla para atrapar los renglones, y un tiposcopio para poder leer; ahora, con el paso del tiempo, leo y escribo como cualquier mortal. Hice de la palabra mi don más preciado, y de la oratoria mi mayor expresión.

 

     Dominé el teclado de una vieja máquina y ahora escribo sin necesidad de ver. Desde hace más de treinta años conduzco coches automáticos, y ni una infracción existe en mi haber.

    Aprendí a caminar sin ayuda y a hacer invisible lo que llamaron…discapacidad; trabajé en ello con tal ahínco, que a la fecha pocos sospechan la existencia del lado oscuro…de mi realidad.

 

 

 

lucia_argoytia
Author: lucia_argoytia

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Esta entrada tiene 5 comentarios

  1. katimav

    Hermoso, me encanta. Admiro a las personas como tú que son más fuertes que lo que otros llaman discapacidad. ¡Felicidades!

  2. romina

    El texto está muy bien, no olvides la conexión, tu destinatario real.

  3. laura.cm28

    Eres un gran ejemplo de superación, me alegro que hayas podido salir adelante, y que bendición el apoyo que tuviste de tu madre, un abrazo sincero Lao

    1. Así es mi querida Laura, ella hizo la diferencia en mi vida. Va otro abrazo de regreso. Que tengas una bonita semana.

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