El final de los días (mis días)

Sonaba mi canción favorita. La que llamaba nuestra por entrelazarnos. Contemplaba el atardecer y la brisa acariciaba mi rostro. Pensaba solamente en ella.

Faltaban pocos kilómetros para llegar a la mujer que iluminaba mi mundo. Mis manos y labios temblaban mientras preparaba discurso para halagarla. Llegué al encuentro totalmente erizado. Bajé del auto. Caminé hacia ella. Sentía el palpitar de mi corazón. Parecía querer salirse del pecho. Las ansias jugaban a coquetear con mi lengua, me encontraba asustado. Después de esperar tanto, miraría de frente sus preciosos ojos. Sería la primera vez.

Detuve los pasos al oír su voz. Melodía pura a mis oídos. Levanté mi rostro y a casi un metro de distancia, estaba ella. El discurso preparado, en un instante se borró. Su hermosura me dejó atónito. Apenas podía respirar. Lágrimas de alegría bañaron mi alma. Su abrazo fue tan cálido, sincero y bondadoso, que se hicieron, sus brazos, mi lugar favorito.

—Al fin te tengo cerca —suspiré mirándola como quien ve un ángel— ¿me das un beso?

Ella tocó mis labios con los suyos. Juro que me sentí completo. Su mirada buscó mis ojos. Estaba llena de curiosidad.

Los días transcurrieron, cada uno era mejor que el anterior. Vivíamos momentos inolvidables.

Bajo una luna llena, decidimos formalizar lo nuestro. Durante el tiempo que estuvo lejos, me dediqué a escribirle poemas. Guardé uno especial para la ocasión.

—Amor, —susurré en su oído— quiero dedicarte unos versos, son palabras que brotan desde lo más íntimo de mi ser. Los escribí cuando estabas en lejos, mientras me devoraba la duda e incertidumbre de saber si me querrías. Por favor, regálame tu atención.

 

“Si llegaras a quererme,

Florecería la ilusión,

Dejaría de estar mustio,

Mi deshecho corazón.

 

Si llegaras a quererme,

No tendría grietas mi alma,

Ni existirían los recuerdos,

Que destruyen mi calma.

 

Si llegaras a quererme,

Podría al fin tocar el cielo,

Alcanzarte las estrellas

Y forjarte una diadema.

 

Si llegaras a quererme,

Sabría que un día,

Alguien mejor que nosotros, te sonrió,

El mismo alguien que, con los años,

Nos reunió”.

 

—No creía en magia —sonriendo replicó— pero en tus palabras la encontré. Quédate conmigo hasta que el tiempo nos haga viejos, y el recuerdo, eternos.

Volé al futuro queriendo ver todos nuestros logros. Algo maravilloso.

Al volver al auto, empecé a toser, mi pecho se apretaba. Crisis que había experimentado antes. Tenía dificultad para respirar.

 Mi novia me aconsejó ir al médico. Así fue.

En el hospital, se me realizaría una serie completa de pruebas. Rayos x y esputo por BAAR.
Después de obtenidos los resultados, el doctor me hizo pasar a su consultorio. Se notaba con un rostro turbado. De inmediato, supe que necesitaría fortaleza.

—Muchacho, ¿andas solo? —preguntó preocupado.

 Asentí para que no hiciera pasar a mi novia.

—Al realizarte los exámenes, hemos notado a través de los rayos x, un tumor cancerígeno que se expande del pulmón derecho al izquierdo; también al resto de tu sistema respiratorio. Es una cruel verdad, se encuentra en fase terminal —me mira fijamente queriendo consolarme.

—¿Cuánto tiempo cree que me quede, doctor? —Respondí queriendo parecer fuerte.

—Muy poco realmente —replicó cabizbajo—. Tal vez uno o dos meses, tres como máximo.

Salí de aquel lugar con la sonrisa más falsa que alguna vez le ofrecí al mundo. Tomé la mano de mi hermosa, no podía mirarla a los ojos. Sentía como sus dedos encajaban de forma perfecta entre los míos. No tuve duda que ella era la mujer que amaría por siempre.

Envié un mensaje de texto a mi madre, “¡Reunámonos en casa! Voy en camino”.

Al llegar, noté en cada rincón, los recuerdos de mis veintiséis años, la casa parecía estar conmovida. Casi podría decir que me abrazaba.

 En la sala, vi a mi madre en su sillón favorito; diría que estaba esperando una maravillosa noticia. Fue entonces cuando ya no pude retener mis lágrimas. Solté la mano de mi amada. Entre sollozos y casi sin poder hablar les dije:

—¡Tengo cáncer pulmonar! Estoy en fase terminal.

Luego de unos minutos y tras fuertes abrazos, no quise dar largas al asunto. Le dije a mi madre que recordaba aquellas memorias a su lado. Agradecí todos sus cuidados y dedicación.

—Fuiste y eres mujer sinigual, fuerte y luchadora —repliqué confiando— No es común ver a un hijo partir antes que sus padres, mas Dios así lo ha dispuesto. Alégrate por mí, acepto la voluntad de Dios. Quise haberte dado nietos, pero nuestro Padre Celestial tiene propósitos que deben cumplirse. De una u otra forma, su propósito conmigo era este —suspiré.

—Hijo mío, no quiero creerlo —dijo entre lágrimas.

Tomé con fuerza la mano de mi amada y me dirigí hasta mi habitación.

—Debo admitir que no quiero dejarte sola en el mundo, eres mi hermosa —con sonrisa tierna, murmuré— Lastimosamente, me toca partir y no lo tenía planeado. Me quedo con la mejor historia de amor que pude vivir. Aún tan lejos de ser perfecto, me perfeccionaste. Me hiciste luchar por sacar mi mejor versión. Creo que la he alcanzado. Deseo que seas feliz. No te alejes de mi familia. Tú eres parte de ella. Mi madre, será tu madre. Ámala, cuídala. Las gemelas anheladas, son las hijas que no pude darte; pero que siempre amaré, porque de alguna forma, nacieron como resultado de nuestro amor. Al menos en nuestras mentes.

—Aún no puedo creerlo, amor —murmura entre llanto.

Le entregué el más grande de mis abrazos. Esos que siempre la llenaban de seguridad. No puedo controlar mis lágrimas, pero me veo fuerte.

 Por fuera respiro, por dentro no hay aire. Por fuera estoy vivo, por dentro, todo es tan diferente.

dhjvalderrama
Author: dhjvalderrama

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Esta entrada tiene 4 comentarios

  1. romina

    Muy bien. Ahora el trabajo de forma… quitar lo que sobra, buscar la mejor forma de decir… y cuidado en las acotaciones, que realmente aporten.

  2. Yesenia Cortés

    Muy conmovedora,

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