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El diagnostico erroneo

ARGUMENTO
Siempre he sido enfermiza, las vacunas fueron mi única salvación para no volver a estar postrada en cama por casi todo un mes, mas nada podía hacer contra este nuevo agente, mi cuerpo no tenía defensa alguna para luchar. Recuerdo esa comezón devastadora, acompañada de la sensación de querer arrancarte la piel a pedazos; noches en vela por culpa del picor que no me dejaba concebir el sueño. Los doctores estaban extrañados, pues era una enfermedad poco común más no desconocida, aunque de lejos era familia muy distante de la viruela, creo que era preferible tener esa enfermedad a esta que era un infierno en vida. Probaron distintos tratamientos para curarme pero solo lograban controlar un poco el picor para que este después volviera más intenso. Estaba devastada, mi piel al rojo vivo por irritaciones y algo que se podía confundir con llagas, estaba devastada y con última esperanza fui sometida a un tratamiento experimental, solo esperaba un milagro.
TRAMA
1.- Un día cualquiera. Tras un día normal en la escuela, volví a casa y descubro pequeños granitos, no mayores a la punta afilada de un lápiz. Los ignoro.
2.- Primeros síntomas. Pasan los días y tengo más granitos que comienzan a darme comezón, pero no me gusta rascarlos pues si lo hago pasan de ser del tamaño de un lápiz al ancho de un dedo pulgar.
3.-Gran comezón. Ha pasado una semana, los granos se han apoderado de mi cuerpo, los brazos, piernas e incluso el abdomen está lleno de granos. Recurro a un médico para tratarme.
4.- Primer tratamiento. Me han dicho que solo es una reacción alérgica a algo del medio ambiente. No hay mejorías.
5.- Segundo tratamiento. El estrés es ahora la respuesta, me someten a tratamientos para relajarme. No hay avances.
6.- Tercer tratamiento. Ahora la nueva verdad es una intoxicación por la comida. Una vez más no hay nada que mejore.
7.- Última esperanza. Una última doctora me atiende, da un giro de 360 grados al diagnostico. Tengo sarna.
8. El experimento. Mi piel esta delicada por demasiados medicamentos, deben tratarla con cuidado o podría desarrollar una mutación la enfermedad.
9.- La luz llega. Tras semanas entre pastillas y ungüentos extraños, los granos y la comezón desaparecen, solo queda borrar los restos que ha dejado la enfermedad.

DESARROLLO
Una nueva semana concluye, lo único que quiero ahora es estar en mi cama, me dirijo a mi habitación y tras estar un rato recostada comienzo la tediosa tarea de quitarme el uniforme escolar; cuando me quito las calcetas descubro algo extraño, tengo unos pequeños granitos a lo largo de mi pierna derecha, son muy pequeños algo similar al tamaño del ancho de la punta afilada de un lápiz, quizá es algo hormonal, pienso, me preocupare por ellos más tarde.
Paso mi fin de semana entre tareas y salidas a lugares poco usuales, nada extraordinario pasa durante estos días.
Es lunes nuevamente, estoy aburrida en la clase de secretariado, inconscientemente comienzo a rascarme la pierna derecha y mientras lo hago la comezón se intensifica más, el picor me comienza a desesperar y aunque quisiera no dejar de hacerlo, dejo de rascarme. Trato de centrar mi atención en la clase pero no puedo, me encuentro inquieta, la comezón debajo de mi calceta es muy intensa; pido permiso para salir del salón y me dirijo al sanitario, ya ahí veo la razón de mi distracción, tengo granos del tamaño del ancho de mi pulgar, están al rojo vivo. Alarmada voy a la enfermería donde me ponen un ungüento que calma eficazmente el dolor, me dicen que lo ponga 3 veces al día en las zonas afectadas.
Los días transcurren casi normales, el ungüento es muy bueno para aliviar la picazón, pero solo hace eso, quitarme el picor, no hay mejoría alguna. En realidad comienzan a aparecerme más granos como eran al principio, muy pequeños pero si sucumbo a rascarlos estos se hinchan.; parezco un ser extraño, me desconozco en el espejo cuando veo la mayoría de mis extremidades revestidas por estos granos, veo granos en mis brazos, piernas e incluso mi abdomen.
No dejo pasar más tiempo y decido ir por fin a un médico. Tras horas de espera me confirma que mi enfermedad no es más que una reacción alérgica, quizá provocada por el polen, o cualquier agente del medio ambiente, esto me tranquiliza pero no por mucho tiempo pues, los medicamentos no hacían un efecto mayor al ungüento que me dieron la primera vez en enfermería.
Las siguientes semanas me convierto en el conejillo de indias de distintos médicos, cada uno con una idea diferente al anterior.
Paso por dos diagnósticos más uno por alergia y otro por un extraña intoxicación. Nada funciona.
Las esperanzas de mi se acaban de poder encontrar pronto una cura a estas extrañas protuberancias, doy mi última esperanza a una doctora recomendada por la amiga de mi mamá. Me encuentro exhausta, mi piel está muy sensible y reseca, estoy cansada de diagnósticos desacertados.
Cuando voy a consulta con mi última esperanza, la doctora me dice algo que da un vuelco a todo lo anterior, tengo sarna, los mitos de que esta solo es provocada en los animales es solo eso, un mito. Renace en mi una esperanza mayor de que ella pueda aliviar mi sufrimiento. Ella sabe claramente mi historial médico con esta enfermedad, y teme que el acaro el cual es la causa de los granos, mute y se vuelva resistente a los medicamentos. Mis esperanzas vuelven a decaer, pero tengo Fe en que esta vez será la última que deba escuchar un diagnostico sobre mis granitos.
Pasan las semanas, la comezón desaparece junto con los granos y no solo eso, también dejan de parecerme más. Mi piel poco a poco vuelve a ser a que era antes de toda la masacre, que aunque los granos dejan unas cuantas manchas negras las cuales desaparecerán con otros medicamentos, por fin tengo esa sensación que había perdido hacía meses, alivio, una paz de saber que ya estoy mejor, que quizá quede rastro alguno del pasado pero que recodarán las agonías que sufrí por un diagnostico erróneo.

Liz_Luna

la vida da lecciones, no siempre de la forma que esperamos, pero es nuestra elección seguir adelante o vivir entre fantasmas del ayer...

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