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El día que conocí a mi padre

Hoy será un día bastante difícil no he podido conciliar el sueño es el día que por fin conoceré a mi padre y el hecho de tenerlo cerca me pone bastante nerviosa. Mi mente divaga imaginando cómo será aquel hombre que no lucho por mí y por mi hermano, me pregunto ¿Cómo será ahora? Pues tan solo conservo una fotografía de cuando era joven. En ella se le mira alto y de cabello quebrado pero solo es una fotografía del pasado.

Cuando mi madre nos dijo que mi padre había contactado a mi tía a la que le dijo deseaba conocernos no podía creerlo. Yo acepte mi hermano simplemente dijo no me interesa y se dio la vuelta.

Hoy es el día me he levantado no sé qué ropa ponerme no todos los días conoces a tu padre. Mi madre me ha llamado preguntando si estoy segura —le eh contestado que sí.

El trayecto se me ha hecho eterno pero estoy a pasos de llegar al café en donde hemos quedado de vernos. Debo reconocer que fue un lugar muy acertado ya que amo el café y el clima es bastante frio, así que será un lugar acogedor.

Estoy a la puerta son las 4:00pm miro entre las mesas y no veo a ningún varón solo unas chicas platicando y un par de señoras que ríen a carcajadas, volteo y puedo ver un estante con algunos libros así que decido echar un vistazo mientras percibo el rico olor a café.

—Lupita, hija. —es una voz grave la que me ha llamado pareciera la de un locutor o declamador debe ser el pues nunca nadie me ha llamado así—

—hola ya no me llamo así, dime Mau —conteste mientras volteaba temerosa, y ahí estaba el parado frente a mí, un hombre bien parecido de un porte elegante y de unos ojos que eran idénticos a los de mi hermano—.

—Vamos a sentarnos para platicar. ¿En verdad te llamas ahora Maura?

¬—pregunto mientras ponía su mano en mi hombro—

—Caminamos hacia la mesa nos sentamos y por un momento nadie hablo—

¿Les tomo su orden? la voz del joven mesero rompió el silencio:

—Para mí un expreso con crema por favor —conteste mirando al mesero mientras pensaba que llegó justo en el momento para romper ese silencio que había—

—Para mí un expreso americano por favor. —contesto mi padre con esa voz que hubiere querido escuchar cantándome o mejor leyéndome un libro cuando era niña, mientras el me miraba fijamente a los ojos—.

—Eres muy bonita. No reflejas la edad que tienes, por cierto ya está próximo tu cumpleaños.

—Si ya estoy casi en los 40 —conteste tartamudeando—

—tranquila sé que no es fácil este momento, tampoco para mí lo es y seguramente tendrás muchas preguntas. Has las que tengas que hacer, la tarde aún es larga y café tenemos mucho.

—Así que comencé— —¿porque no nos buscaste después de que mamá se fue? No sabes todo lo que pasamos. Ella no tenía trabajo y mi hermano estaba recién nacido ¿no te importo eso?

—Era muy joven y en ese tiempo trabajaba para la policía lo cual hizo que mi carácter fuera grotesco. Me volví un prepotente, nunca imagine que tu madre estaba huyendo de mí, pensé volvería después pero nunca volvió.

Fui muy tonto. —Exclamo mi padre mientras se llevaba las manos a la cabeza—

—No tengo nada que reprocharte todos cometemos errores, pero no fue fácil. Mi mamá nos contó que tu eras muy celoso y debido a ello le pegabas muchísimo por eso decidió irse.

¬—Lo que sucedió… — no, espera lo interrumpí, déjame terminar de contarte—

—después de no encontrar un trabajo por fin una buena familia la acepto con nosotros y le dio trabajo de planta en su casa. ¿Tú sabes lo que es estar dos años en un internado?

—Pues yo sí. —Conteste con un nudo en la garganta—

—lo siento hija. — Su voz había menguado mientras yo no pude aguantarme más y las lágrimas corrieron por mis mejillas—

—durante todos estos años de mi vida me he preguntado ¿cómo estarán se habrán casado, cuántos hijos tendrán, tantas preguntas sin resolver. —agrego el mientras yo recordaba—

—Me hiciste mucha falta, mi madre siempre lucho por nosotros pero siempre faltaste tú. Si tan solo nos hubieses buscado no sabes todo lo que me hubieras evitado pasar. Si ese día hubieras estado ahí jamás habría pasado eso. —Esas últimas palabras fueron de reproche hacia él, después de ese día culpe a mi padre por no estar—

—¿Qué fue lo que te sucedió? — Pregunto golpeando la mesa y levantándose grotescamente hasta llamar la atención de las personas que estaban ahí—

—Nada olvídalo. —Conteste haciéndole señas que se sentara— solo que muchas veces dije: donde estas papá.

—Pero que fue lo que te sucedió, si fue lo que imagino jamás me lo perdonaría. —aquel hombre alto, robusto de mirada firme al que pareciera nada lo doblegaría ahora parecía un hombre indefenso a punto de romper en llanto—

—Ya todo está en el pasado, no estamos aquí para que te haga sentir mal. Discúlpame si ha sido así.

—perdóname hija. —Respondió mientras se acercaba y me abrazaba—

—yo debí estar ahí para cuidarlos para verlos. —no pude evitarlo y respondí a su abrazo, lo abrase tan fuerte y el a mí. Ambos lloramos era mi padre al que tanto necesite. No se por cuánto tiempo nos quedamos así, solo sé que ese abrazo lo esperaba desde hace mucho.

—Sé que no puedo remediar el pasado pero prometo estar en tu presente y en tu futuro, sé que tu hermano no quiere verme pero confió en que podrá perdonarme y un día lo tendré frente a mí.

—Decía mientras limpiaba mis lágrimas—

—Ahora se llama Isaac ya no es Antonio y se parece tanto a ti, tiene tu mismos ojos y cabello.

—Cuantos cambios. Pero ahora cuéntame sobre ti. —Dijo mi padre mientras llamaba al mesero para ordenar otro café—

—tengo un hijo de 19 años ya lo conocerás es mi vida. —empecé a platicar yo—.

Y así comenzó una hermosa platica que no solo quedaría ahí, si no vendría llena de nuevos momentos, de nuevas alegrías, sonrisas y de escribir una nueva historia ahora con un comienzo feliz. El haber conocido a mi padre después de tantos años y sentirle arrepentido y sobre todo dispuesto a comenzar, había hecho que valiera la pena el haber aceptado esa cita.

Acerca del autor: maura delgado manuel

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