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EL ARTISTA

Mis amigos del colegio me llamaban el artista porque dibujaba. Sí dejaban tarea y había que dibujar, yo era el preferido de todos para ser su compañero. Siempre se acercaban a mí y decían «estudia diseño gráfico, llegarás lejos», o cosas semejantes, pero nunca hice caso. Dibujar, no como profesión, sino como algo que hago por mero gusto, y mero placer, es algo que nunca quise negociar. Qué bien se siente. Dibujar, gracias a los genes de mi papá, tal vez, quien también conoce el arte (solo que él escogió ser ingeniero). Dibujar, o crear mundos, o realidades, o vidas secretas, o simplemente crear.

Gracias debo dar a mi Señor cada vez que pienso en el tema, porque puedo entender un poquito, algo muy chiquito, muy mezquino, de su naturaleza. Mi Dios, es el eterno gran Creador de los cielos y la tierra. Aquel que nos dejó el corazón de su hijo Jesús en un compendio literario que llamamos Biblia, que en realidad, vas más allá de ser sólo un montón de libros juntos; son Su Palabra, Su voz. Pero, por qué debería dar gracias, te preguntarás. Vale, es que ser dibujante ha hecho que cree mi propio universo; claro, nunca y jamás como el de mi Señor, en el cual, nosotros, su creación, sí tenemos vida; pero he creado algo y aunque no se mueve, puedo abrazar aunque sea el tejido más ínfimo de ese sentimiento enardecedor; crear.

Si te compartiera una de mis libretas de dibujo y las revisaras con frecuencia, pronto descubrirías mi estilo de dibujo. Si pones bastante atención a los detalles, con el tiempo, reconocerás un dibujo mío en dónde quiera que lo veas. ¿Cómo puedo decir que no existe Dios? ¡Su obra revela su mano creadora! Somos tan profesionales en las carreras de la vida, y no conocemos la vida. El vaivén del mar que no escapa de sus límites. La luz del sol a la distancia perfecta para no freírnos. El compás de los arboles que nos dan oxígeno. El baile del viento, el organismo del animal, el mecanismo del ser humano. Todo fue creado bueno, y perfecto. Meticuloso. Cómo de una semilla germina una nueva fruta. O de la semilla del hombre en el vientre de la mujer un niño. Y osas decirme que no hay Creador…

No creemos en él, porque no queremos. Porque sus mandamientos nos parecen aburridos. Porque su amor no nos resulta suficiente. Porque quisiéramos usurpar su posición, y la forma más próxima que tenemos de hacerlo, es no prestándole atención. Somos arrogantes. Ilustraré nuestra posición de una manera más simple: Hace mucho cree un personaje llamado Jos. Ayer lo dibujé. Es mi favorito. Todo mi esfuerzo fue desbocado en él. En el dibujo, le puse su camisa de siempre, con su color favorito, el rojo. Lo coloqué en una tienda de crepes, para que comiera crepes y waffles, su comida favorita (porque también es la mía). Su sentido de la ética y la moral es intachable, solo le faltaría tener súper poderes para ser un héroe. Luego de eso, lo vendí. Vendí a Jos, como caricatura. Mi personaje más preciado. Lo vendí a una compañía de comics que seguro le daría un gran uso. Ellos le colocaron una camisilla verde, mi color menos favorito. Le dieron de comer comida endiablada, y eso que a mí no me gusta el picante. Lo convirtieron en una persona con buenos modales pero que de cuando en vez se da licencias para decir mentiras o robarse pequeños dulces de la tienda. Si ese personaje modificado tuviera poderes, no sería digno de ser llamado héroe. ¿Cómo creen que me siento? Tomaron mi creación, y la convirtieron en algo totalmente contrario. Algo, para lo que no fue creada.

Esto es lo que ocurre. Fuimos creados con una forma y un diseño; luego, nos compró la empresa del pecado con falsas ilusiones pretenciosas, y cuando nos tenía en su poder, nos vistió como quiso, nos entregó aficiones malévolas y nos colocó en un camino errático. ¡Qué triste ha de sentirse Dios! Y con justa razón, pues nos encaminamos a las cosas que él nunca quiso para nosotros. Aun así, somos capaces de no querer ser corregidos y nos excusamos diciendo que él no nos es necesario. Oh, pero si tan solo un milagro nos destapara los ojos… Sé que si por un momento pudiéramos ver para qué realmente fuimos creados, no querríamos abandonar el camino del Señor.

Jesús, su Hijo, ese es el milagro. Mi misión: compartirlo a quienes más pueda. Porque puedo comprender un poquito, algo chiquito y mezquino de cómo ha de sentirse su corazón cuando ve a su creación hacer lo que no debería. Sé cómo duele, sé cómo lastima. Y necesito que más obras de sus manos se tornen devuelta a su Creador y lo adoren, porque después de esta vida viene una eternidad, y quiero, no hacer que sigan a mi Señor por miedo al infierno, sino por lo hermoso que será vivir por los siglos de los siglos al lado de aquel que quién es Amor. Al lado del verdadero artista; el Dios de Abraham, Isaac y Jacob.

Wulfran Navarro Guerrero

Mi nombre es Wulfran, y me gusta dibujar. Estudié dirección y producción de radio y televisión.

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