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Dos años

—Dos años, dos años pidiéndole qué salga conmigo y hasta ahora me dice que sí. Le rogué demasiado en serio. —Me dijo él.

—Deay no sé, usted andaba buscando pasar el rato y yo no quería eso. —Sonreí  por dentro, ahora resulta ¿qué me reclamaba?, debía saber de antemano lo odiosa qué soy.

—Bueno sí, en eso tiene razón, pero eso fue solo la primera vez admítalo, las demás la invite a salir como amigos sin intenciones.

—Sí, pero pasaron muchas cosas, en un tiempo estuve saliendo con alguien y no me parecía bien aceptar salir con usted en esas condiciones, y otras veces no sé, usted siempre me ha parecido un agazapado, y los hombres así son los peores, nunca se sabe que esperar.

—Qué mala, en serió usted me conoce mejor que nadie. —Me decía indignado.

—Es la impresión qué me da, no puedo hacer nada.

—Y entonces ¿por qué acepto esta vez? —Me preguntó.

—Porque quería. —Y estallé a reír.

—O sea, ¿qué las cosas son cuándo usted quiere nada más?

—Sí. —Le dije mirándolo a los ojos. Las mujeres siempre hemos tenido el control.

—Si juega de viva.

— ¿A poco no es cierto?, 2 años rogándome y  hasta que yo quise y dije que si aquí estamos.

Su rostro se encontraba cerca del mio; es cierto había pasado tanto tiempo de miradas cruzadas, de coqueteos sin sentido, yo había pospuesto está salida, le había dicho que no incansables veces, me gustaba por supuesto que sí, ¿a quién no?, toda mujer  que lo conocía regaban la baba por él, mientras yo por lo contrario lo apreciaba de lejos entre las sombras, y lo ignoraba cuándo quería, aparentando que no me importaba.

Me había comportado como una maldita, pero no me apetecía ser una más del montón que moría por él, mi nombre en una lista de admiradoras, y quizá eso fue el punto principal de su interés hacia mí.

El color verde claro en sus ojos me mataba, había temido qué si aceptaba salir, si pasaba algo entre nosotros qué demostrará cuánto me gustaba perdería su interés y se iría, quizá yo solo era un capricho, es lo que pasaba por mi mente.

Pero esa noche todo estaba a nuestro favor, el alcohol fluyendo por nuestro sistema, la vista maravillosa de aquel mar de luces, el silencio, el viento frío que entraba por las ventanas del auto, ningún ser humano cerca qué interrumpiera nuestro momento, las risas, el humo del cigarrillo con el que empezamos a jugar nos llevo a acercarnos lo suficiente para olvidar todas las veces que lo negué, y dos años de espera explotaron en un instante en un beso suave lleno de ternura, como si llevase una vida esperando ese momento, tan cuidadoso para que fuese perfecto, acariciaba mi cabello y me sonreía. —Hace tanto que deseaba hacer esto. —Entrelazaba sus dedos en mi cabello, y me besaba con delicadeza, hasta consumir la noche.

Llegué a casa, y todo el sentimiento que había reprimido se dejo llevar.

Los días pasaron, ninguno se atrevió hablar de lo sucedido, nos encontrábamos y la incomodidad rondaba el ambiente, pero yo le quería, moría por un instante más junto a él. Poco tiempo después a pesar de mis intentos por compartir otro momento a solas a su lado, llego su mensaje:

“Perdón, creo que me deje llevar sin medir las consecuencias, la apreció mucho pero no quiero forzar las cosas y prefiero su amistad, antes de echarlo a perder todo”

¡¿Qué?!  ¡¿Es en serio?! , no podía creer, ¿así nada más se estaba rindiendo? ¿Quién entiende a los hombres?, pensé.

Estaba molesta, cuándo por fin le había abierto mi corazón, él simplemente se alejaba.

Me limite a responder “Como usted se sienta mejor, tranquilo”.

Pero los días siguientes todo continuaba normal, cómo si ese mensaje jamás se hubiese escrito. No había un apagón en el destellos de  sus ojos al verme, sus miradas cálidas hacía mi se contradecían con lo escrito, o quizá mi deseo por él me estaba haciendo ver cosas que no existían.

— ¿Ya salió de clases? —Ahí estaba yo, en un intento más, buscándolo a pesar de su rechazo, enviándole un mensaje, la maldita noche siempre nos hace flaquear.

—Acaba ¿por? —respondió al rato.

— ¿Pasas por el frente de mi casa? —pregunté con un nudo en el estomago.

—Ya paso.

Minutos después. Ya estaba afuera de mi casa.

Caminaba nerviosa hacía el portón, y ahí estaba él, tan guapo como siempre, no sabía qué decirle, me vuelvo tonta a su lado, pierdo las palabras, o digo cosas sin sentido,  yo solo lo extrañaba y moría por abrazarlo, y eso hice.

Lo abrace metí mi cara en su pecho, cerre mis ojos y me quedé en silencio.

— ¿Esta estresada? —Me dijo él, sin soltarme.

—Mucho. —Podía escuchar su corazón latiendo a toda prisa, también estaba nervioso supongo, quizá aún yo le gustaba, quizá si sentía algo por mi, solo quizá había esperanza.

Es así como aunque su mensaje dijera una cosa, su cuerpo lo delataba, el brillo de sus ojos, su corazón latiendo rápido, así que me salí de sus brazos de a poco y busque sus labios con el temor al rechazo.

Él me respondió.

Y ahí estábamos de nuevo, sin interrupciones, a solas bajo la noche, sus dedos entrelazados en mi cabello, su otra mano me sostenía fuertemente de la cintura y me acercaba a él como si quisiera tenerme a su lado para siempre, un beso siguió al otro,  hasta que se hizo tarde y nos despedimos.

Había caído en sus redes, lo quería de verdad, y no existían palabras en ese momento para expresarlo.

¿Qué será de nosotros de ahora en adelante?…

Es la pregunta que me consume cada noche antes de dormir desde entonces.

 

 

Acerca del autor: Royleni Villegas

y si te digo que existen las chicas que aman no solamente los libros, si no también los vídeo juegos, las películas de superhéroes y la aventura, las que no le temen a la velocidad, pero disfrutan una noche de estrellas en el silencio de algún lugar lejano, me creerías?

Royleni Villegas Segura

y si te digo que existen las chicas que aman no solamente los libros, si no también los vídeo juegos, las películas de superhéroes y la aventura, las que no le temen a la velocidad, pero disfrutan una noche de estrellas en el silencio de algún lugar lejano, me creerías?

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