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Detrás de una puerta

Son las diez de la mañana, el día esta asoleado y el cielo despejado, la brisa que corre es cálida y el canto de las aves mágico. He regresado ya de correr, estoy al frente de la entrada de mi casa, descansado y estirando las piernas, porque sé que aún me queda camino que recorrer. Cuando cruce la entrada, aún me quedaran trecientos metros hasta la puerta de mi hogar.

Acciono el control remoto que tengo en mi mano y escucho como la madera del portón rechina para luego empezar a abrirse. Espero a que se abra por completo para pasar y cerrarlo de nuevo. Ahora estoy de frente al gran camino de lastre que lleva hasta mi casa, alrededor de este, solo hay matas de café por kilómetros y kilómetros de distancia, matas a las cuales hoy les debo todo lo que tengo y lo que soy. Mis únicas vecinas.

Estoy cansada, por lo que decido mejor caminar. Me toma diez minutos llegar a la casa pero sé que en parte ha sido por lo lento que he caminado. Afuera esta Ana rociado con algún tipo de líquido las plantas que ella ha sembrado a una orilla de la casa. Ana se declara amante de las plantas y los árboles, ella dice que son mágicos y traen paz al hogar. Y cuando una muere, es porque ha absorbido una vibra negativa y así evitando que entre y dañe el hogar. En fin, Ana es genial. La conozco desde que tengo memoria, ella es considerada parte de mi familia, es una segunda mamá para mis hermanos y para mí, una hermana mayor para mi madre, y en algunos casos, una suegra para mi padre. Ella y su esposo José, viven en una caballa cerca de mi casa, sin electricidad, claro que no porque no puedan tenerla, sino porque la ideología hippie y naturalista de Ana no lo permiten. Los dos trabajan en mi casa, Ana nos ayuda con algunos quehaceres de la casa. Mientras que José, es la persona que nos ayuda con el jardín, va a hacer mandados y se encarga de reclutar a las personas para las cogidas de las cosechas. También forma parte junto con Ana del departamento de consejería y psicología para tratar a dos gemelos con problemas para controlar la hiperactividad y a mí, una chica con constantes altibajos emocionales. En fin, ese par es de lo mejor.

Saludo a Ana de lejos con la mano, y entro a mi casa. Adentro, puedo escuchar a los gemelos peleando en la sala, al parecer Miguel ha tomado sin permiso de Javier su auto anoche y por motivos del destino, lo ha rayado, quien sabe Dios como. Los gemelos son cuatro años mayores que yo. Son idénticos físicamente, ambos son altos, con espaldas y hombros anchos, legítimos cuerpos de nadadores. Tienen el cabello rizado y del color de la miel, por herencia de mi madre. No se puede negar su parecido, sin embargo en temperamento son como el agua y el aceite. Javier es el gemelo gruñón, siempre está de mal humor y la amabilidad y humildad, simplemente no la conoce. Miguel al contrario, es el chico más especial y adorable que alguien puede soñar en tener. Ama hacer reír a la gente que está a su alrededor y le encanta que todos se sientan bien, por lo que siempre está atento para ayudar en lo que pueda.

Entro en la sala y en efecto, los dos están de pie uno al frente del otro. Miguel se ve divertido por la situación, y sé que es el motivo también del ceño fruncido de Javier. La situación está tensa, por lo que mejor decido desviar mi camino hacia la cocina.

Cuando llego, veo a mi padre con un delantal de frutas, adobando un trozo de carne, mientras mi madre con un delantal igual, pica unas fresas al otro extremo de mi padre. Mi padre forma parte del distinguido grupo de hombres cero machistas que aman la cocina y que por cierto se le da bastante bien. Es un hombre multifacético, por un lado tenemos el hombre que creció en el campo y que sabe hacer todo tipo de trabajo pesado, pero a diferencia de muchos, resulta ser un padre moderno y con la mente abierta. Tanto que no le importa que mi mejor amigo Mateo, sea gay, al contrario lo considera como a un hijo más. Al igual que mi madre.

Ella es la dama y señora de nuestro hogar, yo la considero el pilar principal de esta, su presencia es indispensable para que todo esté bajo control. Ella es mi mejor amiga y mi mayor confidente. Con ella puedo hablar, reír y llorar, que siempre va a estar ahí, para mí. Mi madre es la persona más especial de mi vida y una de las personas a las que más admiro. No ha tenido una vida fácil, ha sido huérfana desde los nueve años, si bien dinero nunca le falto, amor fue lo que no percibió. Y aun así, jamás se ha derrumbado. Al contrario, se ha encargado de construir lo que siempre por años soñó: Una familia fuerte y estable, lo cual es todo gracias a ella.

Me siento en una de las sillas al frente de la isleta de la cocina, mientras escucho y río de las ocurrencias de mi padre y de las carcajadas de mi madre. Giro mi vista a la ventana que da a una parte del jardín y observo a Poncho, el hijo de Ana y José olfateando algo en el césped, para luego tirarse panza arriba mientras se restriega en lo que sea que acaba de oler. Poncho es un Weimaraner de lo más inquieto y tierno para la vida, Ana dice que tiene un cierto grado de hiperactividad crónica, que sea lo que sea eso, estoy segura de que Poncho lo padece. Recuerdo cuando le di a Ana a Poncho para una navidad, fue después que llorando nos dijo que había perdido por milésima vez, su esperado bebé. Y yo una niña de once años para ese entonces, muy inteligentemente le regalo a Ana “un pedacito de felicidad”, como a ella le gusta llamarlo.

Todos somos diferentes, llenos de imperfecciones y un poco loquitos. Pero esta es mi familia, mi hogar, y es lo más preciado de mi vida. Mil veces elegiría nacer en ella.

Acerca del autor: Catalina Gomez

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Comentarios

Cecilia Santiago Muy entretenido escrito.
Hace 5 meses
Romina Bayo Catalina: la descripción es la fotografía de un instante, los pequeños detalles, gestos, formas. El inicio es algo lento y no aporta a tu texto. Luego el recorrido muy bien, pero en las descripciones te basas más en las historias de ellos, que en el momento, en atrapar el instante. Se trata de sacar una fotografía de ese segundo que observas. Están muy bien las referencias emocionales, dan riqueza, pero no olvides dejarnos ver más del espacio, de ponerle rostro o forma a ninguno de los personajes, como con los gemelos.Tiene muy buen ritmo. Y si comienzo directo en "Estoy cansada" aún mejor.
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