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DECLARACIONES QUE DUELEN.

ARGUMENTO:
¿Qué pasaría si los errores de tu pasado lo usarías en tu futuro como ejemplo para ayudar a la humanidad? ¿Lo sacarías a luz para darle confianza a quienes estén pasando por ellos? Eso le paso a Sophia Thompson, una simple chica que por causas de sus trastornos alimenticios estuvo a punto de morir por sus propias manos. Dejando a unos padres frustrados, con un sentimiento de culpa porque una de sus hijas se estaba consumiendo en una enfermedad, de la cual ellos no podían salvarla sin que ella se dejara ayudar. ¿Y el amor? Podrías darte cuenta que estaba tocando tu puerta en el peor momento de tu vida. EL FANTASMA DE LA CULPA.

TRAMA:
LUGAR DE LA CONFERENCIA: Sophia imparte una conferencia de actitudes en tiempo difíciles. En una empresa de telecomunicaciones, que solo tiene 2 años en el mercado.
SITUACION INESPERADA: Sophia sube hasta la oficina del dueño de la empresa, sin saber que él dueño es Evans Montgomery, el hombre que se adueñado de sus pensamientos, él tampoco sabía que Sophia era la conferencista de esta noche, hasta que la vio en tarima abordando el tema con mucha profesionalidad. Sophia nunca dejará de impresionarlo.
CONSECUENCIA DE LA CONFERENCIA: Evans se interesa por la profesionalidad de Sophia, y la invita a una cena de negocios esa misma noche, para que platiquen de algunas conferencias que el quiere que ella imparta en sus otras empresas. Ella se niega, pero él insiste, realmente le interesa que sea ella quien las imparta con su equipo. La química entre los dos crece mas y mas cada vez que se cruzan.
DISCUSIÓN: En el transcurso de la cena, Evans y Sophia hablan muy elocuentemente del material que ella tiene para las empresas. Hasta que Evans ve en su mano derecha una marca extraña. Es una cicatriz, y no parece de accidente. Le pregunta a Sophia que fue lo que le paso en su muñeca derecha, Sophia no entiende su pregunta hasta que Evans, sin pedir permiso toma sus manos y le muestra lo que el esta viendo. En ese momento Sophia entra en uno de sus mas temibles recuerdos de su pubertad. El día que intento suicidarse. Entra en discusión con Evans por su atrevimiento, en tocar una tecla que no debió tocar. Hasta que impulsivamente, le dice que ella misma se hizo esas heridas. Evans la siente sofocada y decide llevarla a un lugar especial para que se calme, Sophia cierra los ojos en el camino pensando en todo lo que pasó.

CONSECUENCIAS DE LA DISCUSIÓN: Confesión del pasado de Sophia.

DESARROLLO:
– ¿Sophia, ¿te sientes bien? Abro los ojos y ahí están esos ojos verdes llenos de preocupación.
-Sí, estoy bien. El rostro de Evans es tan expresivo. Como puede cambiar de aspecto en fracciones de minutos. La serenidad que muestra en este instante es más que sublime.
-No me mientas pequeña. Me atreví a no llevarte a tu casa. Aun estas muy nerviosa. Ven que quiero mostrarte algo.
Miro a mi alrededor, está en lo cierto. No estamos en la carretera.
– ¿Dónde estamos?
-Este es el estacionamiento de mi apartamento. Descuida no vamos a subir. Solo quiero mostrarte lo que hago cuando no puedo controlar algunos tormentos del pasado.
Sale del vehículo dando la vuelta para abrirme la puerta.
-Vamos, confía en mí. Me tiende su mano derecha. Lo pienso un momento y le doy mi confianza, uniendo nuestras manos, ahí está esa sensación que sentí cuando nos despedimos en el café. Sé que la siente igual que yo.
Caminamos unos minutos hasta llegar a la orilla de la playa. Recuerdo que me había comentado que la vista de su sala era este bello panorama. Cierro los ojos y respiro hondo. Qué bien se siente esto.
-Ven, vamos a sentarnos aquí. Quítate los zapatos y déjalos ahí. Esta parte es privada, nadie a menos que no viva en esta parte del edificio puede entrar.
– ¿Qué hora es?
-21:15PM
-Solo te quiero mostrar esto y nos vamos.
-Lo miro fijo a los ojos, me doy cuenta que ya no lleva su chaqueta negra, ni su corbata. Solo su camisa blanca desabrochada y las mangas dobladas hacia arriba.
Me quito los zapatos y los dejo en la arena. La arena fría se siente extraordinaria en mis pies. Sigo a Evans hasta sentarnos en una enorme roca que esta frente a la luna.
Duramos unos minutos solo mirando las olas de la playa que llegan hasta nuestros pies. Evans también está descalzo.
-Cuando estoy enfurecido o dolido conmigo mismo, vengo aquí y me siento en esta roca. Después que me hundo en el mar por unos minutos, eso me ayuda aclarar mis pensamientos.
-No creo que sea buena idea hundirme en el mar.
-Tampoco quiero que lo hagas. Llegarías mojada a tu casa, solo quiero que calmes eso que traes aquí dentro. Señala mi corazón. No sé qué será, no sé porque intentaste suicidarte, lo único que veo, es que eres una mujer muy fuerte y talentosa. Deja que esos tormentos se vayan, que sean solo pasado. Es difícil, pero no imposible. Recoge los risos de mi rostro y lo hecha hacia atrás. Es un gesto muy dulce de su parte en mostrarme algo tan íntimo de él, como esta bella vista que le calman sus tormentos. ¿Cuáles serían los de Evans?
Seco mis lágrimas antes de hablar.
-Muchas gracias por compartir esto conmigo Evans.
Cierro los ojos y respiro profundo unos minutos eternos.
-Te voy a contar porque intente suicidarme, solo escúchame por favor.
Asiente confundido.
– Todo empezó en mi pubertad, cuando sufría bullying en el colegio por mi voluptuoso cuerpo cuando apenas tenía 13 años. Al principio no hacía caso hasta los 14 años. Hago una pausa antes de seguir. -Me enamore de un lindo chico de 16 años que estaba en segundo de la preparatoria. Nos hicimos novios, hasta que un día, lo escuche hablar con su mejor amigo de que estaba pensando en terminar conmigo, porque estaba cansado de que se burlaran de el por estar conmigo. Lo llamaban el novio de “Fiona”, eso me marco por completo. Quería morirme en ese instante, porque el chico del que estaba enamorada le estaba dando vergüenza estar conmigo por no tener buena figura. Interrumpí su conversación y le dije que no era necesario que pensara como iba a terminar conmigo, porque ya no teníamos nada.
-Me obsesione por adelgazar. Empecé hacer dietas extremas, solo bebía agua para estar de pie. Mis padres aún no se habían dado cuenta de lo que estaba pasando conmigo. Una tarde haciendo ejercicios en la escuela me desmayé, el doctor me diagnostico anemia aguda. Mi madre no entendía por qué estaba padeciendo de eso, si ella siempre fue muy medida con la alimentación de sus hijas. Me observaba sin que yo me diera cuenta. Hasta que dio con mi obsesión de querer adelgazar.
Hablo con mis hermanas, mis amigas del colegio, los profesores. Con todas las personas que convivían conmigo, les había platicado que cualquier anomalía que vieran en mi alimentación la llamaran, eso hizo que me aislara de mis compañeras del colegio y no hablara con nadie. Cenaba conmigo sentada en la mesa, hasta que no terminaba de cenar no podía pararme. Como estaba obligada a comer, empecé a causarme los vómitos.
Siento las manos de Evans en mi mano derecha.
-Eso la tenía más tranquila. Me veía comer. Antes de dormir entraba al baño y me hundía los dedos hasta vomitar. No la engañe por mucho tiempo, mi peso empezó a bajar drásticamente. Empecé a tener problemas respiratorios, y mis ojeras empezaron a notarse.
Un día discutiendo con mi hermana julia por una faja que me vio, me desmaye, estaba tan débil, apenas podía levantar la voz y sentirme mareada. Mis padres me llevaron al médico y los doctores me diagnosticaron bulimia y anorexia. Yo me negaba en creerlo, pero ellos se martirizaban en decirme que estaba enferma, que tenía que parar. La psicóloga les aconsejó que no podían dejarme sola. Mi madre faltaba con frecuencia a su trabajo y mi padre empezó a descuidar su negocio de neumáticos. Se la pasaban dando vueltas en la escuela y observándome donde me moviera. Todos sabían que estaba enferma. Les rogué que me cambiaran de colegio. Me miraban como un desecho, ya no me vestía como una niña, usaba sudaderas y pantalones grandes, para que no se notara la “gordura” que tenía. Siempre sentía frio. El pelo siempre suelto ocultando mi rostro y las ojeras mostrando las malas noches porque las “voces” no me dejaban tranquila.
A escondidas compraba pastillas para dormir. Hago una pausa, las lágrimas no me dejan hablar con claridad.
Evans me abraza fuertemente, sus brazos son protectores. Posa un beso en mi frente calmando mis nervios.
Continúo con mi historia.
-Luego que me di cuenta que las pastillas para dormir me calmaban, aumente la dosis, por día tomaba cuatro pastillas. Una noche mientras dormía me empezó una crisis, mis padres me llevaron a emergencias, no dejaba de convulsionar y sentirme sofocada.

-Padre, ¿qué le pasa a mi hermana? Pregunta Karen asustada.
-No sé, por favor ayúdame a sostenerla para que no se lastime.
-¡!Andrés!!, llegó la ambulancia.
-Diles que suban por favor Sonia, no la podemos mover así.

-El doctor les dijo a mis padres que había sufrido de una sobredosis de calmantes.
Ellos se culpaban por no haberme atendido lo suficiente, cada vez que caiga hospitalizada, me pedían perdón por no cuidarme lo necesario. Mi madre dejó su trabajo y mi padre vendió su negocio. Me cuidaban día y noche. Mis tres hermanas mayores se turnaban para quedarse conmigo por las tardes. En ese entonces las dos más pequeña, Vivian con mi abuela materna. Duraron un tiempo con ella, hasta que mis padres resolvieran mi problema.
Una noche mientras cenaba me dio una 2da crisis, llamaron al médico y era lo que ellos temían, “alteraciones neurológicas”
– ¿Qué es eso? Pregunta Evans.
-Crisis convulsivas, como la epilepsia. Sólo que eran los ataques y sudor excesivo. Me la calmaban con pastillas. Me empecé a deprimir más por cómo veía a mis padres, siempre tristes y mis hermanas también. Seco mi rostro bruscamente con mi mano derecha. Evans me pasa un pañuelo.
-Gracias.
– ¿La depresión fue que te impulso querer acabar con tu vida?
Asiento.
-A los 17 años, me escape de la casa. Me estaba sintiendo prisionera porque nunca me dejaban sola. Estaba empeñada que los que tenían problema eran ellos. Dure 3 días durmiendo en las calles, sin comer, solo bebiendo agua porque la sed quemaba mi garganta.
– ¿Quién te encontró?
-Mis hermanas y celeste. Estaban en las calles buscándome con un retrato. Me encontraron durmiendo debajo del puente, encima de una caja de cartón.
– ¿Sophia?
– ¿Karen? Miro a las 4 chicas que me miran asustadas.
-Julia es ella, vamos, llama a nuestros padres. Dile que ya la encontramos.
-Gracias a Dios. Dice Ivonne con lágrimas en sus ojos. Celeste me tiende su mano para que me pueda parar. No me puedo mover, no tengo fuerzas. Cuando intento pararme me caigo nuevamente.
– ¿Que le está pasando Karen? Mírala.
-Está muy débil, de seguro que no ha comido nada estos tres días. Vamos a cargarla.

-Debió de ser un milagro haberte encontrado. Me dice Evans sacándome de mis pensamientos.
Asiento.
-Mis padres estaban en trance. Mis hermanas me confesaron que los dos dormían en mi habitación en esos días, les atormentaba no saber dónde estaba. Fue en ese momento en que mi mente me traicionó y solo pensaba en el momento en que debía de suicidarme. Pero no podía, ellos no me perdían la vista.
-Luego, hago una pausa. Mi hermana Ivonne se mostró desesperada conmigo porque no quería comer. Me dijo que porque los hacía sufrir de esa manera. Que debía de pensar que nuestra familia se estaba hundiendo conmigo. Me odie más, quería matarme para que la agonía acabara. Me escondí la tarde entera en la habitación de los depósitos. Pero fue inútil, mi madre me encontró, les dije a ella y a mi padre que los odiaba, que solo quería morir tranquila. Pero ellos no me hicieron caso, querían protegerme de mí, me dio una 3era crisis, perdí el conocimiento por horas. Cuando desperté estaba en mi habitación, mi madre estaba a mi lado esperando que despertara. Soñaba esa noche en cómo me iba a suicidar. Hasta que pude entrar al baño sola. Encontré un pedazo de cristal del espejo que había roto días antes. Y me corte las venas.
-Minutos después, mis padres lograron entrar al baño. Sabían que estaba pasando algo conmigo, y forcejearon la puerta. Dure un mes en cuidados intensivos. Luego que desperté entre a un trance de esquizofrenia, hasta un día que mi madre frente a mi cayó en la habitación, tenía los nervios descontrolados. Eso me sacó del trance y tome la decisión de recibir ayuda. No me había dado cuenta del dolor emocional que tenía mi madre, juré por lo más sagrado que no los pondría a sufrir más de esa manera. Y de ninguna.

Acerca del autor: Sahi Mercedes Peralta Marty

Contadora de profesion, Escritora por pasion. Amo escribir, charlar con una buena taza de cafe, escucharte como amiga y comprenderte como persona. Somos seres humanos, necesitamos contacto y ser escuchados. Saludos desde RD!!

Sahi Mercedes Peralta Marty

Contadora de profesion, Escritora por pasion. Amo escribir, charlar con una buena taza de cafe, escucharte como amiga y comprenderte como persona. Somos seres humanos, necesitamos contacto y ser escuchados. Saludos desde RD!!

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