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CUANDO MORÍ

Cada día me sentía más decaída y cansada de mirar el mismo lugar… Me llevaron  a ese cuarto similar a un presidio: frío, denso y húmedo. El olor a medicamento estaba en todas partes de esas cuatro paredes. Las enfermeras me instalaron unas mangueras a la vena del dorso de mi mano. Me sentaron en el mismo sillón de siempre con una sabanilla de color blanco, para el procedimiento de siempre y  ¡Que desilusión! La cabellera larga que adornaba un toque de belleza a mi vida había desaparecido y cubría con un gorro de lana lo que no existía…

—Listo Alex. Es la última quimioterapia —se dirigió a mí la enfermera mientras calculaba el goteo—, tenemos que tener fe en que ésto resulte.

Solamente le sonreí, asintiendo con la cabeza. La curvilínea que hacia mi boca fue tan débil, evocaba una alegría superficial, como cuando se ha perdido las fuerzas y solo te queda algo de calorías en tu cuerpo para seguir respirando. Fue la segunda quimioterapia en dos semanas. Giró mi vista en dirección a los sueros instalados, es tan desesperante observar como caen las gotas de químicos, son tan lentas, tan pequeñas pero provocan muchos estragos. Mientras las miro… recuerdo aquellos días que fui feliz a lado de mi amor. Cuanto daría por regresar aquel día cuando lo conocí…  Algo había en sus ojos que me fascinaron desde el momento en que los vi. Un pasado se delataba en su mirada. Tenía cautivo en sus pupilas guerras y peleas ganadas. De esas luchas que se presentan en las vidas de algunas personas.

La enfermera llegó a tomarme signos vitales de las 6 de la tarde ya el sol se había ocultado y la noche ha llegado. Tengo sueño pero no puedo dormir. Los síntomas del pos-quimia aparecieron: la náusea fue espantosa, inevitable, me impedía comer, hablar, incluso moverme. Permanecí así todas las horas que un reloj señala en un día. Percibía a mi cuerpo como un papel, algo liviano que podría llevarse el viento, mientras estaba en aquel lugar el tiempo se volvió mi enemigo; mis amigos… los buenos recuerdos; el miedo… se transformó como parte de mi ser, pues, vivía con él desde que llegue a ese hospital. El ruido de la bomba me desesperaba tiene un sonido titilante. Mi mano donde estaba el catéter se veía edematosa. Se acabó el suero. La enfermera llega a retirarlo (usa mascarilla, gorro, y guantes) tiene la apariencia de un astronauta debido a que mi sistema inmune está debilitado, nadie puede pasar sin ese protocolo y me dije a mí misma “Al fin seré libre de aquellas mangueras aunque sea por un momento”

—Listo, es todo por hoy. Puedes descansar, recuerda avisarnos si te sientes mal —tocándome la cabeza me dice—: te traeré algo de comer.

Me quede sola en la habitación. Extrañaba a mi familia. La última semana de Febrero fue también la última semana en que los vi. Prepare el almuerzo para todos, ceviche de camarón. Prometí a papá que iba a preparar ese plato, y llegó el momento de hacerlo.

—¿Qué celebramos hija? —dijo mamá— es un milagro que tu cocines, casi nunca lo haces.

Solo sonreí y callé. Ya todos reunidos en la mesa incluso el pequeño Teban que ya empezaba a gatear… “ya no lo veré crecer”

—Familia hice ésta comida para celebrar que… —tragué saliva para evitar llorar— Haré un curso de posgrado, es fuera del país y partiré mañana mismo. Si todo sale bien regresaré para culminar con la rural —sonreí para ocultar la tristeza que inundaba mi ser, aunque todavía había una esperanza de sanar.  No quería que supieran que me estaba muriendo, es una carga muy pesada vivir a lado de un enfermo “es lo que pensé”.

Y entre pensamientos retorne a la realidad. Tenía ganas de mirar mi rostro. Hace mucho tiempo que no lo hago. Cerca de la cama había un velador de fierro donde estaban algunas cosas mías, entre ellas un espejo. Me estiré para tomarlo entre mis manos. Mi cara se reflejó en esa lámina. Aquella chica de mejillas rosadas, pestañas largas, y cejas estrechas; había desaparecido. Solo quedaba entre sus pupilas una luz de esperanza ¡sanar! Bajé el espejo de inmediato. Sobre mi mano caían gotas de sangre una tras otra. Salían de mi nariz ¡Un nuevo sangrado!

—¡Licen! ¡Licen! —grité asustada, con las únicas energías que me quedaban. Y entre lloros te volví a pensar…

Recordé cuando nos escapamos. Mentí en mi casa que tenía turno. Ese día se convirtió en uno de los momentos más valiosos. Caminamos mucho para llegar aquel lugar y en un tronco de árbol seco nos sentamos admirar la naturaleza. A nuestro alrededor habían planicies verdes, montañas, nos rodeaban árboles sobre todo de eucalipto uno de mis olores favoritos. El viento jugaba con mi cabello, lo movía de un lugar a otro. Se respiraba aire puro muy distinto al de la ciudad. El silencio se hacía presente, solo se escuchaba el trinar de dos pajaritos sobre las ramas, y el ladrar de un perro en una casa pequeña cerca de allí.

—¿Sabes que me gusta de ti? —me miró fijamente—. Tu cabello. Es largo, suave, te hace ver más hermosa Alex ¡Nunca te lo cortes!

—Gracias… —me sonroje.

Él se puso de pie sobre el madero, gritó mi nombre tan fuerte que hasta el viento callo, los pajarillos huyeron del lugar y… Yo le sonreí. Sus labios se acercaron a los míos con la intención de besarme, pero, fueron mis labios quienes lo besaron primero… luego nos abrazamos fuertemente que sentí que nuestras almas se tocaron.

—Siempre estaré contigo Alex. Te lo prometo —me acarició la mejilla y me besó en la frente.

Después de haberlo pensado tanto en una noche larga, donde apenas en la madrugada concilie dormir. La laboratorista interrumpió mi sueño. Impregnó en mi vena una aguja doble, veía como caen de ella gotas de sangre sobre un tubo de ensayo transparente.

—Te haremos exámenes hematológicos —sacó el aguja de mi brazo y presionó con un algodón el lugar de la punción—. Después de tu hemorragia nasal, el doctor ha solicitado de inmediato los resultados.

—Yo sé que algo no anda bien, tengo apatía, han aparecido nuevos hematomas en mi cuerpo—llore.

—Tranquila en cuanto el doctor analice los resultados vendrá a informarte —me acarició la cabeza y salió.

Me estaban dando dosis altas de morfina para los dolores escalofriantes que tenía. Hay cansancio de cuerpo, fatiga de músculos, frágil en ánimo. Poco a poco se va apagando la luz de lo vivido en la tierra. Intentaba sumergir mi cabeza entre la almohada para que los dolores cedieran un poco. Antes fui la enfermera y me convertí en la enferma ¡qué giros me dio la vida! Mis ojos miraban hacia la ventana, el sol estaba por ocultarse y con él se ocultaba mi vida. Mis últimos pensamientos fue aquel amor que viví…

Jamás olvidaré aquellos momentos que he vivido a su lado. Las noches de risa, ni los abrazos. De sus caricias se adueña  mi alma, las palabras se impregnan eternamente en mi corazón. He de morir hoy o mañana solo Dios lo sabe. El doctor vino esa tarde me dijo que… “¡no hay nada que hacer!” El tratamiento no surtió su efecto. La aplasia medular ha avanzado velozmente y mi cuerpo se está dejando morir. Decidí que nadie lo supiera, ni tampoco Él porque debe seguir con su vida, le faltaba solo dos meses para terminar la rural. Estaba segura que si  llegaba a enterarse de mi enfermedad, renunciaba a su práctica y vendría a verme ¡Pero sería injusto! No lo permití. No lo he visto desde aquella tarde que me despedí cuando iba a viajar al oriente donde haría las prácticas.  Y mediante un email lo alejé de mi vida a sabiendas de mi enfermedad. Hubiese querido que en aquellas letras se impregnaran poemas de amor mas no de odio fingido.

Hola… Espero te encuentres bien, pues ya te falta muy poco para terminar tu rural ¡No te rindas! Me dijiste que después de venir de allá querías casarte conmigo, pero en estas letras  te pido que ya no me busques más. He decidido que ya no te amo, viajare muy lejos. Talvéz ya no nos volvamos a ver. Sé feliz tu.

Lo amé en toda la extensión de la palabra y morí amándolo. Mientras cerraba mis ojos su nombre era la última palabra que mi mente pronunció, pues mi boca perdió la voz. Y en el sollozo de mis ojos pensaba en mi mamá, mi hermana, mi sobrino y mi adorado papá. En la repisa de ese lugar estaban notas para cada uno de ellos. Y unas fotografías mías cuatro en realidad: en cada una de ellas me encontraba con la persona que se lo dedico, incluidos mis pelusos, y una frase…

No lloren por mi cuando me vaya, pues mi alma les estará esperando. Ansiosa contara el tiempo para volver a estar juntos. Soy feliz pues mientras estuve en la tierra he sonreído. He cumplido varios de mis sueños. ¿¡Qué más podría pedir!? Les amo con todo mi amor. ALEX.

Lourdes Sarmiento

Me gusta leer, escribir, me encanta muchisimo la lluvia que me gustaria vivir bajo ella. Me gusta hacer nuevos amigos aunque no soy muy buena en ese tema.

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