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CONVERSACIONES DE AMOR

Amor, dulce y bello amor mío, quiero contarte que he hablado con el viento para que llegue contigo y te susurre al oído que desde hoy solo para ti será lo que escribo. El viento juró que se llevó mi pasado, y que desde ahora soy libre para caminar a tu lado.

El viento se fue y me quedé contenta. Fue tanta la alegría, que comencé a hablar con las estrellas. Hablé de ti, de nuestras cosas y les conté que este año realizaremos la boda. No hubieras creído cómo reían intrigadas, y lo curiosas que estas estrellas estaban. Querían saber del amor, cómo se ama, y que les contara de que forma imaginaba la vida que nos esperaba. Y les conté cómo quería que me amaras.

¿Qué te ame cómo el río? Me preguntaban. Les contesté que sí, que eso deseaba, porque los ríos siempre limpiaban, y te dejaban puro cuando terminabas. Les mencioné que en la vida humana hay tristezas y necesitabas, a alguien que con un amoroso abrazo te sanara el alma. Les conté que siempre tú me abrazabas, en la calle, en casa y en la cama, y que tus musculosos brazos me encantaban.

¿Qué te ame cómo las flores? Me cuestionaban. Y les dije que sí, que eso buscaba. Que el olor de las flores me relajaba, y que con apreciar su belleza y colorido, me alegraba. Les conté de tus largas pestañas, tus hoyuelos en las mejillas que ahí siempre estaban, y cómo me gozaría viéndote cada mañana. Que tu aroma me seducía y tu presencia me prometía, que ante cualquier peligro, serías el héroe que me defendería.

Les dije que yo era trueno, escandalosa y ruidosa, y tú el suave tono de una melodía hermosa. Que había sido una fortuna encontrar quien me escuchara atento, y que no se molestara ante mis discursos eternos. Que tus respuestas eran sonrisas, guiños de ojos; porque lo que más te describía, es que hablabas poco.

Un secreto más les compartí, pidiéndoles que no lo divulgaran, les confesé que las dotes culinarias me habían sido negadas, y que cocinar no me gustaba. Atentas escuchaban los exquistos platillos que me preparabas, y que decías que lo hacías con gusto, simplemente porque me amabas.

Una de las estrellas que poco expresaba, me preguntó cómo era que yo te amaba. Como se ama a la tierra, le respondí. Y le conté con la alegría desde donde nace el alma, cómo quité la mala hierba que te rodeaba, y planté buenas semillas para que buen fruto generarás, y que era testigo de lo que lograbas.

La luna, que no sabía que escuchaba, me confesó que todos los días nos miraba. ¿Eso que veo es amor? Preguntó intrigada, y le contesté que el amor no se veía ni tocaba, que era una fuerza que salía de tu alma y que a otra alma buscaba. Que cuando se daba el encuentro, podías sentir tal nivel de magia, que hasta sin tocarse, se fusionaban las almas. Le conté lo que luego pasaba, que nacía en ti un deseo por sólo alegrarla. Que si no estaba contigo, deseabas oírla, verla, acariciarla. Que esa persona te complementaba, y por eso la protegías y cuidabas, y aunque pasaran los años, te hacía falta si no estaba.

Antes de irse, la luna nos bendijo, pues dijo que presenció ese momento divino, cuando hincado en el piso, me pediste que viviera el resto de la vida contigo.

Yo te acepto, mi corazón, y te invito a que creemos juntos, la más bonita historia de amor.

Acerca del autor: ANGELICA MARTINEZ RIOS

Demos amor

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Comentarios

Romina Bayo Muy bien. Cuida no caer en repeticiones, buscar dar mayor fuerza a cada oración.
Hace 6 meses
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