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¿Confianza?

Reto 17- Narraciones.
Aquella fría mañana de escuela el salón de clases estaba casi vacío, la mayoría de los chicos fueron llevados a hacer una encuesta, yo ya la había hecho, por suerte mi mejor amigo: Eduardo, también.
Ese día sentimientos de: confusión, tristeza e ira invadían mi ser. Eduardo notó mi mala cara y mis ojeras motivo de mi fiel compañero: el insomnio. Me pregunto que me pasaba y le conté sobre los demonios que me acompañaban esa mañana:
Pensaba terminar mi relación con Cristóbal, mis padres me habían prohibido verlo debido a su pasado del que no sé cómo, pero lo descubrieron. La culpa me consumía pues apenas hace unas semanas habíamos prometido que lucharíamos por nuestro amor, que no dejaríamos que nada nos separara y fue una promesa real, de esas que haces con el corazón y con el alma.
Desde nuestra última pelea él se había portado de maravilla, sus promesas seguían sin romperse. Se comportaba como todo un príncipe, pero yo no podía desafiar a mis padres, me daba terror el solo pensarlo, ellos son capaces de cualquier cosa con tal de que se haga su voluntad.
Me fue imposible contener las lágrimas mientras le contaba a mi amigo. Eduardo me tranquilizo con un abrazo, me dio un beso en la frente, me dijo que era lo correcto, que las cosas mejorarían y que él estaría como mi apoyo incondicional.
Los compañeros llegaron, las clases continuaron y yo no logre poner atención a los profesores debido a mi situación. Durante la clase de inglés Cristóbal no dejaba de mirarme, se secreteaba con Jesús mientras me veía con coraje, como si supiera lo que pasaba. De pronto recordé que mientras le contaba a Eduardo, Jesús, el mejor amigo de Cristóbal: estaba ahí, él pudo escuchar y decirle todo.
Un ambiente de tensión de apodero del lugar, los nervios inundaron mi cuerpo, mis manos sudaban, los latidos de mi corazón amenazaban con desabrocharme los botones de la playera del uniforme, iba a ser peor si él lo sabía por otra persona. Pedí permiso a la maestra para salir, necesitaba despejarme.
Estaba sentada en la banca que esta junto a la jardinera de flores color rosa cuando vi a Cristóbal aproximarse hacia mí. Se veía bastante enojado, me tomo del brazo bruscamente, me llevo al piso de arriba donde casi siempre esta vacío y comenzó a gritarme cosas como que yo no sabía amar, que yo no merecía que él me quisiera, que no sabía luchar por lo que quiero, me reclamo por contarle a Eduardo antes que, a él, me dijo que mi amigo se comportaba así conmigo porque yo le gustaba. Mientras Cristóbal me decía esto lágrimas de rabia salían de sus ojos.
Entendía su enojo, porque si él hubiera hecho lo mismo tal vez yo habría reaccionado igual. No pude decir nada más que “perdón”, él dijo que un perdón no arreglaba las cosas.
Siguió reclamando cosas, sus palabras atravesaban como balas mi corazón, me senté en el escalón y comencé a llorar mientras le pedía disculpas, pensé que me abrazaría y diría que lo solucionaríamos como suele hacerlo, pero no con los nudillos le dio un golpe a la pared que me retumbo en los oídos. Se puso a la altura en la que yo estaba, sus ojos inyectados en sangre se clavaron en los míos, me tomo de los hombros y dijo:
-Tu no mereces que yo te ame, sabias desde hace meses que Eduardo te quiere y jamás me lo dijiste. Te odio por eso.
-Pero…
-No hay excusas, conozco tus debilidades y pagaras por eso.

fernanda06

La diferencia entre Arte y Vida es que el Arte es mas soportable.

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