Con hambre de mundo. Reto – 7.

Con hambre de mundo. Reto – 7. 

Mientras empacaba mi maleta sus palabras se repetían en mi cabeza una y otra vez amenazando que si dejaba de darle el dinero debía largarme de su casa. Me sentí perdido, a la deriva. La rabia me consumía y el corazón bombeaba rápidamente, por mis venas corría sangre mezclada con desilusión. No quería mirarla a los ojos. La verdad es que sí era su casa, aunque yo pagara las facturas.

 

Madrugaba todos los días para recorrer las calles trabajando y le daba el noventa porciento de mis ganancias para los gastos. 

Tuve que renunciar a la universidad para poder hacerme cargo de la casa cuando ella perdió su trabajo. Cambié mi beca y mi empleo de medio tiempo por uno de jornada completa. Sin embargo, llegaba cansado por las noches y jamás había nada para comer. Su respuesta siempre era que el dinero no alcanzaba. Lo extraño era que a su novio lo recibía siempre con sus platillos favoritos. Le puse las cartas sobre la mesa y esperé pacientemente un cambio, al cabo de dos meses volvimos a discutir.

Ya estaba anocheciendo cuando le dije que teníamos que hablar, me miró con ansiedad como si le estuviera haciendo perder el tiempo. Ignoré su gesto de amargura. Esta vez fui más firme y me limité a informarle las acciones que tomaría de ahora en más. Decidí que sería mejor tomar mi día libre para hacer las compras. En otras palabras, ya no le daría el dinero a ella. En ese momento solamente nos teníamos el uno al otro, entonces descubrí que incluso la familia es capaz de darnos la espalda y que la sangre no significa nada, lo que hace la diferencia es cómo cultivamos nuestras relaciones personales y con ella jamás se pudo construir algo en conjunto.

Su posición también era firme, si yo dejaba de darle el dinero a ella, no merecía seguir viviendo bajo su techo. 

Miré las paredes de mi cuarto mientras terminaba de empacar en silencio. Marcadas en el cemento estaban las memorias de los últimos diez años. La lluvia anunciaba sobre el tejado mi porvenir. Mamá quiso detenerme al darse cuenta que si me iba perdería más que solo el dinero para los caprichos de su novio. No obstante, sus últimas palabras fueron un intento desesperado de convencerme para que las cosas siguieran como hasta el momento. Ya era demasiado tarde, al cruzar la puerta mi decisión estaba tomada.

 

Me costó comprender que aquel capítulo había sido una bendición disfrazada. Dios me abrió la puerta para escapar y yo me aparte de alguien que no me hacía bien. Entendí que mamá había sido víctima de su estilo de vida y que el dinero es un mal necesario al que hay que manejar antes de que este nos maneje a nosotros. Sin duda hubiera querido comenzar mi vida adulta de manera diferente. Me gustaría decir que al terminar mis estudios conseguí un buen empleo, luego un apartamento decente; me despedí de mi madre con un beso en la frente y salí con hambre a comerme el mundo. No fue así, ni siquiera le dije adiós, y aunque sí salí con hambre de vida y mundo, me tocó iniciar comiendo migajas desde más abajo de lo que soñaba; pero no le reprocho a Dios nada de eso, después de todo son solo batallas difíciles que fueron conquistadas con el tiempo.

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