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Completamente ideal para ambos

Conocí el amor cuando me amaron sin reservas. Cuando por encima de mis defectos, decidieron dar su vida por mí. Un amor que no esperaba  nada a cambio. Que sabía que mis esfuerzos por devolverle el mismo afecto eran inútiles, pero que aún así, me seguía amando. Es irónico que a pesar de saber eso, intentamos amar de vuelta de la misma manera. Pues eso provoca el amor que se preocupa por dar sin esperar nada a cambio: recibirlo todo de vuelta. Cuando conocí el amor, mi vida cambió.

Cuando tienes un pedazo de pan gigante y ves a una persona hambrienta, te dan ganas de compartirlo. Eso, para mí, es el amor. Dar. Sin reservas. Sabes, no quisiera entrar en una relación sólo porque me siento bien a tu lado, o porque podemos hablar horas y horas o porque nos reímos sin parar. Porque detrás de eso está mi deseo egoísta, de sentirme pleno, que se ve satisfecho con tu compañía. Pero quisiera, más bien, quedarme contigo para gastar mi vida en ti. No para sentirme pleno, pero para hacerte sentir plena. Quiero verte feliz, sonreír.

Hoy me encuentro en el centro comercial, ya están colocando el arbolito de navidad en la plazoleta central. Ese arbolito que anuncia la llegada de la navidad. Esa temporada en la que conmemoramos el nacimiento del niño que vino con un propósito a este mundo: a entregar su vida por la humanidad. El puesto de panes de Oma hace que el lugar huela a café, a campo; las tablas de madera en el suelo, y las mesas y sillas de madera, hacen que me sienta en aquel establo. Mientras escribo esto, pienso en que no habría otro mejor lugar donde pudiera estar describiendo el amor, que en uno que me recuerde en donde nació el que me mostró el amor real, y que me recuerde también, en qué consiste tal: en morir. Dejar todo en la arena sólo porque sí. Esto es perfecto para mí.

Me conoces y te conozco. Sé que amas cantar, y que yo amo hacer la segunda voz cuando nos unimos. Sabes que me gusta pintar, y que amo como tu dibujas un estilo distinto al mío. Sabes que me gustan las películas, y sé que a ti el aire libre. Sabes que me encantan las montañas, y yo sé que disfrutarías horas viendo el cielo. Sabes que soy letrado, y sé que tu eres matemática. Sé que eres tan parecida a mí, y tú sabes que soy tan distinto a ti. Nos queremos. Nos gustamos. Mejor es la vida cuando somos dos en ella que sólo uno. Nos damos la mano y nos levantamos cuando caemos. Veo como quieres lo mejor para todos y cómo quieres ayudar a los necesitados, y sé que eres la persona que quiero a mi lado. Porque me eres ayuda. Me eres idónea. Pero a pesar de todo lo anterior, te quise primeramente por el simple hecho de que me querías. Porque pudiste ver algo diferente en mí, y nunca entendí porqué. Tan solo pensé, que alguien así, merecía lo mejor de mi vida.

¿Te has preguntado en dónde estaremos mañana? ¿En un par de años? ¿Cinco? ¿Diez? Yo sí. Quiero llevarte al altar. Quiero que construyamos un hogar. Que seas mi familia por el resto de mi vida y salgamos adelante a pesar de cualquier adversidad. Serás mi novia por siempre, mi princesa en un cuento de hadas, y yo el valiente rescatista que venga a por tu ayuda. Imagino el momento en que deba hablar con tus padres y pedirles tu mano. Sabes que ya lo hemos hablado varias veces y es lo que deseamos. Si Dios quiere, un día seremos el señor y la señora Navarro.

Esta es nuestra relación, no hace falta pensar en lo ideal que sería, porque aunque imperfecta, es completamente ideal para ambos. No hace falta soñar en algo mejor. Lo que tenemos nos basta, es suficiente, y este amor lo queremos como es. Porque no lo elegimos, nos lo dieron; sólo nos corresponde cuidarlo. ¿Que cuántas veces he hallado el amor? Muchas. Y no me refiero al amor eros o al amor fileo, pero al amor ágape, el mismo que Dios nos da; el amor incondicional y sacrificial. El amor que estamos llamados a dar. El amor con el que te quiero amar.

Wulfran Navarro Guerrero

Mi nombre es Wulfran, y me gusta dibujar. Estudié dirección y producción de radio y televisión.

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