Saltear al contenido principal

CITA

CITA

Es la primera vez que nos encontraremos a solas, sin amistades de por medio. Estoy nerviosa, he llegado unos minutos antes a la cita. Me pierdo un momento revisando el teléfono. Levanta la vista, allí está. Fabián. No era tan alto la última vez que nos vimos.

—Demasiado tiempo sin verte, ¿Cómo haces para desaparecer así del mapa?

—Perdona, he estado muy ocupado con la escuela y los entrenamientos.

Comenzamos a caminar, hablamos mientras nos acercamos al restaurante. Realmente no puedo prestarle atención, únicamente pensar en lo que voy a decirle.

Nos asignan la mesa y ordenamos de inmediato, conocemos la carta de pies a cabeza. Entonces saca el teléfono y sus audífonos. Fabián escribe canciones, me pide que preste atención a la letra de una composición reciente. Mi corazón acelera su ritmo, la melodía es rápida, enérgica, la letra es sugerente. Por un momento pienso que posiblemente no deba decirle nada, que terminará haciéndolo él.

No. No debo darle demasiadas vueltas. La sangre sube a mi rostro.

—Todavía no termina —señala al ver que me quito los audífonos—.

—Lo sé, sólo quiero decirte algo —por la expresión en su rostro sé que sería incapaz de deducirlo— ,me gustas desde hace tiempo.

¿Está nervioso, molesto, contrariado? no entiendo su expresión, pero no es entusiasmo. Sirven la comida, me doy cuenta de que llevamos demasiado sin emitir palabra.

—¿Vas a decir algo?

—¿Qué quieres que diga?

—Lo que piensas, para no intentar adivinar.

Comemos en silencio, cada uno perdido en sus pensamientos. Intercambiamos miradas ocasionales. Ésto es ridículo, ¿Por qué no dice nada?, ¿Va a dejarme así?

Mis manos tiemblan, reviso la hora cada poco para anunciar finalmente que pasarán a recogerme en unos minutos. Debo caminar a la entrada del estacionamiento. Insiste en pagar la cuenta, en acompañarme para despedirse. Agradezco, resignada a no escucharle respuesta.

La camioneta de papá está a poca distancia, le hago una seña para que se detenga.

—¿Crees que podamos salir otra vez?

Toma mi mano, disculpándose con la mirada. Me siento humillada tras esperar una hora entera por aquél diálogo. Aparto la mano despacio, subo al auto sin responder, aguantando las ganas de llorar.

Como papá está a mitad de una llamada llegamos a casa sin comentar lo sucedido. Me encierro en mi habitación. No sé si Fabián me perdone el haberle dejado de ese modo. Intento convencerme de que él tiene la culpa,  de que realmente no importa si me perdona, de que es él quien debería sentirse mal.

La cuestión es que importa, que me costó demasiado no echarme a llorar cuando lo tenía delante.

El teléfono suena. Aquél tono indica que es un mensaje suyo. Se me acelera el pulso, ni siquiera sé lo que me gustaría leer, no acabo de entender su repentina frialdad. Efectivamente, es Fabián:  “Me gustaría verte de nuevo. Hay algo que debo explicarte”. Estoy aliviada, después de todo quiere darme explicaciones, ¿por qué no respondí cuando me tomó de la mano? ¿Está bien sentirme de ésta manera?Intento escribirle, sin embargo, no se me ocurre una respuesta amable. Decido dejarlo para luego.

Horas más tarde me deslizo en la cama, quedándome dormida, olvidándome de todo. Despierto con una de mis canciones preferidas. Me había olvidado de aquella melodía, poco frecuente desde que descargué Whatsapp. Ni siquiera me fijo en la pantalla antes de contestar.

Literary_Pau

Mi canal de YouTube y página en Facebook se llaman Literary Compass. Soy BookTuber y promotora de lectura. Mi lema es: El mundo está hecho de historias.

Volver arriba