Cinco Letras. Reto – 3.

Amada mía, te escribo con dificultad estas palabras. Me tiemblan las ideas dentro de la cabeza. Desearía que plasmar mis sentimientos en el papel fuera tan fácil como lo fue comenzar a amarte. 

 

Me roba el aliento pensar que alguien pueda convertir las horas en días, los días en meses y los meses en años. Solo el verdadero amor podría hacerme percibir la relatividad del tiempo. A tu lado no me bastan las horas, ha sido así por años y es así como debe ser siempre. Eres esa sed que vuelve tras cada trago y quiero embriagarme de ti hasta que se me acabe la vida. 

 

Intento aclarar mis ideas mientras el viento me acaricia el cuerpo, puedo sentirlo moverse entre los vellos de mis extremidades. El cielo azul y parcialmente nublado se funde con los tonos verdes de las montañas que rodean nuestro balcón. Desde acá puedo observar la universidad, la torre de la iglesia frente al parque y muchos techos rojos de las casas en cuyo pueblo hemos vivido tantos buenos y malos momentos. 

 

Y es que el amor no puede estar completo sin lágrimas de por medio o sin risas que nos hagan doler el estómago. El amor perfecto, como el que hemos venido construyendo, tiene un poco de yin y otro tanto de yang. Te encuentra cuando más lo necesitas. Te envuelve contra su pecho y te seca las mejillas con los labios. Existe junto a ti cuando las palabras salen sobrando, te toca y se quiebra contigo. Celebra a tu lado los pequeños detalles. Logra desternillarse al unísono tras encontrarse con tus ojos. Se queda por las noches, te lleva consigo por las mañanas, y te extraña por las tardes. 

 

Mi amor, quiero seguir despertando a tu lado, girar para abrazarte y sentir la calidez de tu cuerpo entre mis brazos. Permíteme besarte la frente por las mañanas y dibujarte una sonrisa que ensalce tus mejillas. Cuéntame y déjame contarte como soñamos con las caricias del otro para luego hacer nuestros sueños realidad entre las sábanas. Quiero besarte de pies a cabeza con pasión y con la incredulidad nacida de la gran admiración que siento por ti. Acompáñame a la cima de tus deseos. Déjame guiarte. Sé tú mi guía. Lleguemos de la mano a ese lugar donde nos tiemblan las piernas y el alma.

 

Dime que me amas otras mil veces al día. Dímelo con un café inesperado o con un grito repentino. Quiero escuchar de tus labios que todo estará bien; así como yo te lo repetiré siempre, con cinco letras silenciosas en forma de un beso.

0

Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. romina

    Muy bien. El inicio es algo lento, pero luego agarra intensidad y ritmo.

Deja una respuesta

15 − 3 =