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Castillos en el aire

Es fácil diseñar castillos en el aire. En realidad no necesitas nada para hacerlo; simplemente querer que estén ahí. Resulta más difícil construirlos, porque cualquier cosa los echa abajo. Pero un castillo bien construido, permanece, irguiéndose imponente ante todo. Sin embargo, hay algo mucho más difícil que construirlos; algo que todos anhelan y muy pocos consiguen: llegar a ellos. Y es que la única forma de alcanzarlos, es volando.

Tú siempre has estado ahí, viendo por mí, cuidando que no me haga falta nada; incluso me diste lo que no te pedía y lo que nunca necesité. Me enseñaste a luchar por lo que quiero, a valorar lo que tengo, y a aspirar siempre a algo nuevo. Y hoy, gracias a ti, puedo decir orgullosamente que soy un hombre de bien.

Sin embargo, sin quererlo, sin saberlo, pusiste sobre mí una carga que yo no pedí; por mucho tiempo he estado llevando sobre mis hombros anhelos que no son míos, metas que poco me importa perseguir, pero que me siento obligado a alcanzar; porque soy tu gran adoración, y temo convertirme en tu más grande decepción.

Y es que yo también tengo sueños, anhelos y deseos, y he visto muchos de ellos caer ante las tempestades de la inseguridad y la desconfianza. Porque me has hecho entender que para ti mis sueños no son metas, sino simples caprichos. Me aterra escuchar un “te lo dije”, casi tanto como a ti te aterra decírmelo. Pero ha llegado el momento de que me dejes extender mis alas; ha llegado el momento de que me dejes volar e intentar llegar a mi castillo, a mis propias metas.

Y aunque el destino me lleve lejos de ti, yo jamás voy a dejarte sola, porque el vínculo que nos une existe incluso desde mucho antes de que yo llegara a este mundo, y un lazo como ése, es imposible de romper.

Te agradezco por todo lo que me has dado y has hecho por mí, pero hoy quiero pedirte una última cosa:

Déjame caer.

Si bien dices confiar en mí lo suficiente como para dejarme volar, siempre has estado ahí para detener mis caídas; pero quiero pedirte que, por favor, ya no lo hagas más. Porque quiero que la próxima vez que caiga no estés ahí para detenerme, sino que estés ahí para verme levantarme.

Gracias por todo.

Te quiero.

Acerca del autor: Michel Millán
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