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Bala perdida (13)

Mi ritmo cardiaco es acelerado igual que mi respiración. Lo único que hago es llorar mientras devoro mis uñas y rezar para que no ocurra nada malo. Mis plegarias a menudo son interrumpidas por los sonidos de bala del exterior.
Estoy encerrada en el baño de una carpintería con mi mamá, mi hermana, una joven de unos veintitrés años con un bebé en brazos y aparentemente unos cinco trabajadores del lugar.
Mi madre nos abraza fuerte y nos pide que no hagamos ruido.
—Tranquilas, todo va a estar bien, pe… pero tienen que guardar silencio —susurra temblorosa y llena de pánico—. Confíen en mí.
Los empleados del lugar están pecho tierra, unos mas jóvenes o más ancianos que otros pero todos están aterrorizados.
Si tan sólo nos hubiéramos marchado antes…
Hace algunos minutos nos encontrábamos en un puesto de jeans haciendo algunas compras navideñas, en frente había un negocio de venta y reparación de relojes.
Las alarmas de aquellos aparatos sonaban como una orquesta que provocaba dolor de cabeza a cualquiera que permaneciera ahí por mucho tiempo. Ahora que lo analizo, supongo y era algún tipo de señal.
La cantidad de gente que transitaba era impresionante y entre empujones y gritos era difícil comprar algo por lo que decidimos caminar.
A penas avanzábamos unos cuantos metros cuando escuchamos una voz rasposa y varonil que provoca una estampida inmediata.
—Acaban de asaltar acá atrás, hay un enfrentamiento de balas —gritaba escandalizado—.
La gente pasa corriendo a toda velocidad y nos empuja con fuerza. Nos quedamos inmóviles por unos segundos para después reaccionar y hacer lo mismo que los demás.
Las balas cada vez se distinguen más cercanas y la presión aumenta.
Buscamos locales para permanecer a salvo pero es imposible, la mayoría estaba tan a reventar que incluso habían personas tiradas.
Recorremos gran distancia hasta que encontramos este sitio. Los hombres nos dejaron entrar sin problema,estamos aquí escuchando un enfrentamiento entre policías y ladrones.
Me aterra pensar que si se arma un tiroteo podríamos morir, pienso en todo lo que me faltó por vivir, experimentar y hasta equivocarme. Así transcurren minutos que parecen durar una eternidad hasta que se percibe un silencio absoluto, un joven se atreve a asomarse y nos informa que todo ha terminado.
Agradecemos la ayuda y nos retiramos del lugar para abordar un taxi. En el radio la noticia suavizada y es indignante que lo planteen de esa manera.
Absolutamente nadie además de los que estuvimos en esta situación sabemos lo que vivimos, el terror, la incertidumbre y el pánico de recibir «una bala perdida».

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