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¿Abrazo o traición?

Pasado:

Es verdad que los amigos se cuentan con los dedos de las manos. Creo que esta analogía es porque los dedos de las manos “siempre están”. Mi mejor amiga siempre ha estado conmigo en los momentos buenos y malos de mi historia.  

Recuerdo mucho cuándo tuve un accidente en moto y la caída me llevó directo al quirófano. Tuve una fractura de clavícula y hombro. Prácticamente me reconstruyeron. Nunca me di cuenta de la gravedad de mi lesión hasta que abrí los ojos en el cuarto de hospital y vi mis radiografías pegadas en la ventana, al parecer a mi familia le pareció adecuado ponerlas ahí para explicarles a todos los que entraban a la habitación, lo que me habían hecho en la cirugía.

Pero cuando yo las vi por primera vez quedé aterrada. Tenía una cantidad de clavos, anclas y torillos que no podía contar.

Iba a comenzar a llorar cuando entró mi mejor amiga con un manojo de globos de colores y una caja enorme de chocolates. Corrió a abrazarme y a decirme qué estaba feliz de saber que estaba bien y con vida. Y que nada era más importante que agradecerle a Dios porque no había pasado algo peor.

Se quedó a cuidarme toda la noche y a consolarme cuando tenía dolor.

Recuerdo mucho que le pregunté qué le parecían mis radiografías… y nunca olvidé lo que me dijo:

“Sólo me preocupa que ahora vas a sonar cuando pases por cualquier detector de metales en el aeropuerto”.

No pude evitar reír a carcajadas y en ese instante borré de mi mente la terrible impresión que sentí cuando vi esas radiografías por primera vez.

Ella siempre vio el lado bueno a las cosas a pesar de que estaba pasando por mi peor tormenta. Y después de eso llegué a la siguiente conclusión:

La amistad nos recuerda que tenemos “todo”, aun cuando pensamos no tener nada que nos aliente.

 


Presente:

Acabo de llegar a la escuela. Mi clase de historia está por comenzar en 10 minutos. Dejo mi mochila de cuadernos y útiles en el piso junto a mi banca y mi maleta de natación sobre la mesa. Me apresuro a ir al sanitario para estar de vuelta a tiempo.

Al regresar noto miradas penetrantes de mis amigos y acompañadas de risas silenciosas, algo está raro en el ambiente… Nunca he sentido que sea el centro de atención en el salón. Al contrario, a veces siento que ni existo para ellos.

Cuando bajo mi maleta de natación que está sobre la mesa me percato que la bolsa pequeña de la parte de enfrente está abierta.

Entonces me doy cuenta y todo mi ser se estremece:  ¡Mi ropa interior no está!

Empiezo a voltear a todos lados en busca de ella y todas las risas aumentan.

Acaba de llegar la profesora y le comento lo que acaba de pasar.

– Maestra, ¡mi ropa interior ha desaparecido! Alguien la acaba de sacar de mi mochila.

– Silencio – dice ella. – No vamos a comenzar la clase hasta que la persona responsable de esto diga la verdad. De lo contrario voy a esculcar entre todas las mochilas y quien salga culpable será expulsado de inmediato.

Nunca me he sentido tan avergonzada en toda la vida. Empiezo a temblar de miedo y contengo unas lágrimas que se convierten en ira.  

De pronto pasa lo inimaginable… Mi mejor amigo levanta la mano y dice “He sido yo”.

Se acerca y en frente de todos me entrega mi ropa interior mojada y sucia. Es notorio que antes de que llegara a salón, todos jugaron con ella como si fuera la “papa caliente”.

 ¡No puedo creerlo! Estoy fría y pegada al asiento viendo al piso. Mi amigo de la infancia, me acaba de traicionar. Comienzo a llorar. No lo puedo evitar, pido disculpas a la maestra  y  salgo del aula.

¡Todos tenemos ropa interior y a decir verdad todos usamos la misma solo que de diferentes tamaños!, pero lo que más me destroza es saber que mi confidente de toda la vida me haya humillado de esa forma.

No sé si pueda perdonarlo, o mirarlo a los ojos de nuevo, pero se ha ido la confianza que yo le tenía.

Acaba de perderlo todo…

 

 

Sheccid

Amo la vida.

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