Saltear al contenido principal

A LA CAZA DEL DORADO

A LA CAZA DEL DORADO

LEMUEL – 2018

 

–           “Aguarden y verán…” pensó de nuevo el indio Tanimuka sacudiendo la tostada melena y con la mirada hirviendo en rabia…. – “Cuando descubra donde es que queda el Dorado… ahí si se acordarán de yo…” repetía vehemente su ultimátum esperando el turno a ser llamado… -¿Cómo me dijo su nombre?… – le preguntó por fin la secretaria notarial…

–           “Yo… Esculapio Anzoategui Paiporo. Anzoategui con zeta de zángano señorita…, hijo de Ernestina Paiporo y de Cristancho Anzoátegui; en mis cinco sentios y por medio de la presente manijiesto y dejo por estipulao ante busté lo siguiente: – Primero: Que mi rancho de la ye, situao en el corregimiento de Manduca, departamento del Amazonas lo entrego de manera voluntaria al señor Lino Sincundoy, pagándole en su totalidá el préstamo de tres millones doscientos mil pesos, con sus debidos intereses… Le puso título Señorita?… Ah Siii… Comprobante….No más señorita… a donde le jirmo…

El tembloroso indio estampó su firma semi garabateada y luego la subrayó a modo de autógrafo recordando con coraje, aquellos incómodos días en que debió practicarla una y otra vez para poder participar de las aburridas asambleas y ser parte de las sosas decisiones que se tomaban dentro del precario Concejo de su aldea ejerciendo el cargo de edil por el único hecho de saber leer y escribir, Consejo al que ya no pertenecía ni le incumbía pertenecer jamás porque nada más de allí le importaba a partir de hoy, después de perder su última posesión.

Salieron de la notaría con el prestamista y se despidieron pero el indio se quedó parado en la puerta nadando en vagos pensamientos y con la mirada pasmada por la tremenda jaqueca que acompañaba un negro recuerdo de la noche anterior en la gallera, donde recibió una atroz pela en medio de la borrachera que le asistía, cuando dejó caer accidentalmente el taparrabo que cubría sus partes íntimas en medio del alboroto que se formó cuando sin más ni más, vio a su gallo ya sonámbulo y turuleto entrar directamente al sueño perpetuo después de recibir un aluvión de picotazos que le propinó sin compasión el Patas chorreadas enviándole derechito al seol de los bravucones y de esta manera haciéndole perder la penúltima y más ilustre posesión de su amo: María, la burra alazana que ganó con orgullo años atrás en la rifa anual que se llevaba a cabo en la aldea. ¡…Escalzurrio… cómprese tirantas… resonaban en su mente los gritos de los fulanos que se quedaron con María, la asna de sus dichas pero también de sus desdichas porque gracias a las misteriosas curvas con que fue dotada por Tupana o por la naturaleza misma o por los espíritus burlones del Amazonas, y debido a los sensuales movimientos con que acompasaba el zarandear de sus anchas ancas, hicieron arder en más de una ocasión las alucinaciones descomunales y los celos descontrolados de la tullida Carmela, quien siempre lo espiaba desde la maloliente y descocida hamaca donde se recostaba a medio día a descargar los gases del cazabe haciéndose la que dormía, siempre con un ojo entreabierto – ¡…Hágase… Le vaticinaba… ¡…¡Hágase, que yo también me hago…!…y ya el indio no se encontraba tranquilo ni siquiera al momento de bañarla porque la muy escéptica con la mirada envuelta en lágrimas le repetía una y mil veces el rito de arrodillarse a jurarle por la madre de ella y también por la madre tierra que lo había visto mirarla perversamente y rozarla con las impresionantes manos de sádico que se gastaba; no cesaron tales tormentos desde el día en que afirmaba muy segura que lo había visto picarle un ojo mientras rajaba de ella; …!Desvergonzao es que es…!…le repetía mirándolo de soslayo torciendo la boca de ira y después de desempolvar sus rodillas y lograr ponerse en pie gracias al reuma que le asistía, siempre apoyada en el bordón que había servido por tres de sus generaciones de zurriago, garrote y hasta de porra familiar…; pero fue otra de la pocas cosas que le dejó el ímpetu de ser uno de los primeros hombres que cultivaron con ciencia y filosofía propias un pequeño fundo en esa región casi inexplorada y difícil; entre los muchos pellizcos, cocotazos y cachetadas que recibió de su mujer por causa de María y para tratar de consolar su mala racha en la vida, un sublime sueño le fue concedido de muy joven y ahora, como todo un nativo fuerte, pensante y en bancarrota, recordó con gratitud.

Todo empezó cuando era apenas un muchacho al percatarse de la existencia del “Dorado” según él mismo, por un ser alado con el cuerpo de lagarto y la cabeza de Cristiano que se le presentó una tarde tranquila de esas en que jugaba atento concentrado con su pequeño pipí al que llamaba rigoleto por no decir regalito, pero además le fue concedida allí mismo otra dicha: La de tener el privilegio de ser el único individuo sobre la faz del planeta con la difícil misión de hallar el tesoro que según los preceptos de la psicología en asocio con la historia patria, volvía locos a los más cuerdos y hacía ver a los más ciegos. Un único apoyo moral, la su compadre Benito Méndez quien fue por siempre como su sombra fiel y lo asistiera en consejos desde hacía más de 30 años pedaleando a su lado hombro a hombro los arduos parajes de la vida; tipo bonachón y cuasi lento quien había tenido que volverse zurdo a fuerza de haber perdido su brazo diestro según él mismo en una míiiisera tarde de diciembre por estar dándole chitos al león del circo de los Hermanos Rasca, que volvía cada fin de año insistentemente y con los mismos animales; que ya no innovaban actos en cada presentación y que con el tiempo se fueron haciendo tan del pueblo, que los atléticos elefantes africanos fueron vistos más flacos y ojerosos cortejando a las chivas de la vecindad con atados de guacamayos parleros sobre sus hombros incluso, las brillantes y rayadas cebras de paso Kenianas se prensaron en concubinato abierto una tras otra con los burros de los barrios bajos, dándole un respiro de festivo a su existencia agridulce y ardua de vueltas y más vueltas entre aplausos y vítores alrededor de una pista con luces de colores y del olor insoportable de la posta del payaso, de dos malabaristas, los enanos y de tantos animales sin bañar, para quedar presas de un ahora y un después en el lugar donde persisten los más insondables misterios y las aventuras más ocultas de la extensa jungla salvaje y pura de la Amazonía colombiana.

–           …Es el destino compadre… cuando se nace cagao, de arriba cae solito el estiércol…

 

–           …Eso si pa que se lo rejuto compa, uste tiene toita la razón, yo endespués que se me jué mi Carmela con el estranjero ese y que perdí lo que luché con tannnto trabajo, no es justo acabar de esta jorma compa… pero aguarde y verá…ahora si me van a respetar… cuando guelva con ese bendito tesoro…

 

–           -…Ojalá y Tupana me lo ooooiga compa…y asi seeeea… no será jaaaacil… ya sabe de los peligros con que se va a topaaaar… “Acuérdese compa que hay espantos y peligros po alláááá y animales que se lo tragan a uno sin siquiera conoceeeelo… tenga mucho cuidaaaao…”-

 

Al otro día en la mañana, Esculapio acomodó el equipaje junto al motor de su embarcación y envolvió en plásticos su hamaca y mosquitero juntos; arrancó un atado de Cordoncillo y otro de Chapumvilla, dos raíces de árbol de wasaii y para la indigestión Cola de rata, un tajo de Sumo como tonificante y Motelo como bebida espirituosa; después de revisar que no le faltara agua, gasolina y viandas emprendió el camino en busca del tesoro que sabía que existía gracias a su real alucinación además de que era mencionado insistentemente en los libros de la escuela y que le confirmó por último y sin más rodeos el Consejo Indigenista para tratar de quitárselo de encima. Había sido esquivo en tiempos de la independencia y cuentan que hasta el mismo Simón Bolívar anduvo perturbado tras él dejando por este motivo plantada en más de una ocasión a la melindrosa Bernardina; en estos tiempos los políticos lo buscaban con obstinación pagando espías, chivatos y soplones que rociaban sobre la vegetación selvática sortilegios a modo de ritos ceremoniales desde satélites y globos que alquilaban a sus anchas. Para Esculapio no solo supliría generosamente las necesidades personales, sino las familiares y las de su comunidad; este hallazgo sería el supremo redentor de sus desgracias, de por fin dejar de ser la oveja negra de la familia, así como el más ordinario de los Anzoategui y el menos avispado de los Paiporo y hasta de su comunidad el más cerrado y trancado desde el día en que aseguró que el estudio para nada servía y que no se necesitaba sino manejar bien la lengua para triunfar en la vida.

 

En este caso, simplemente según su particular sabiduría y la del espejismo glorioso, había que ir bajando pacientemente el río Caquetá y pasar por un sinnúmero de caseríos, puertos y vecindades clave donde se encontraría cara a cara con los arcanos de la selva, aquellos guardianes ancestrales que el tiempo convirtió en mito y que darían noción de su destino pues solamente ellos tenían conocimiento perenne de aquellos recónditos parajes y sabían a ciencia cierta de recovecos inexplorados en aquella inviolada jungla enclavada en medio de más de 500.000 millones de árboles.

…Aguarden y verán… pensó de nuevo al momento de arrancar el motor y de treparse hasta debajo de los sobacos el taparrabo; calafateó proa y quilla con las contras ante las oscuras amenazas de la selva y de sus demonios e introdujo en su boca un poco de polvo verde de coca macerada rendida con cenizas de árbol de Yarumo más un poco de ambil y que él mismo llamaba “champurriao”.

Sintió el abrazo de la espesa vegetación y los loros cariamarillos le despidieron en medio de una alaraca estrepitosa. Eran las seis de la mañana y el Mono Araña se deslizó holgazán buscando alimento entre las Ceibas y los Imaguies; los chiribiquetes resoplaban insistentemente a lo lejos haciendo resonar su canto con un eco disipado y sutil a través de las altas copaibas y catañolas que constituían junto con otras 14.000 especies de arbustos el pulmón de la humanidad.

 

Recordó una vez más las recomendaciones que su compadre le había hecho para un regreso seguro, pues la manigua escondía secretos ocultos y recelosa cuidaba de ellos solo para revelarlos a quien mereciera navegar por sus afluentes, beber de sus aguas, ampararse de su despensa y perturbar sus dominios.

 

Al momento de partir repasó con la vista por última vez su primitiva aldea; la serie de caseríos desordenados y sucios enmarcaban el solemne e imponente rio y le parecían esta vez y con más certeza, los horribles cachivaches prefabricados que veía en sus peores pesadillas y otras veces en sus viajes narcóticos, despeinadas y antipáticas figuraciones fluyéndoles pelos por todos los lados como tuzas con cabelleras; fueron desfilando lánguidamente paradas e inmóviles sobre los torcidos troncos enclavados y estropeados por los años, destilando a sus cuatro flancos cardinales el infortunio y la reclusión de sus 450 pobladores, algunos pensando con integridad en la pesca del día, otros en una inmolación sin dolor y algunas indias perturbadas por la falta de tecnología, planificando la manera de volarse para el pueblo a dejarse embarazar del cabo Fernández; pero todos despidiéndole con una sonrisa maliciosa en sus rostros y con la incertidumbre posada en sus mentes de creer y no creer que aquel hombre de 40 años como lo había prometido, iba a traer el remedio definitivo a sus padecimientos.

 

La mañana fúlgida de un concierto de periquitos, colibrís y guacamayos aunados a los cantos de los pájaros hormigueros y trepatroncos que entre otros muchos hacían parte de la buena provisión de especies que habitaban la región y que poblaban con otras 10.000 el verde amazónico; más abajo, un cultivo natural de orquídeas de múltiples colores haciendo gala con otras 15.000 variedades de flores que convertía el respiradero del mundo en un jardín recio y perdurable.

Una manada de tapires se asomó al paso del indígena y buscaba refrescarse en las tibias aguas del rio donde los vagos peces de colores, así como los bagres, Malleros y Cuerderos se dejaban ver confiados al paso lento de la barca que bajaba el rio serenamente.

 

Después de unas cuantas horas de navegar continuo, y ante la extrañeza de no haberse topado con espanto o entidad alguna, se fue acercando a Puerto Caimán; sacó para merendar de dentro de su mochila un poco de Pirarucú moqueado en hojas de plátano acompañado de yuca y casabe; destapó el cujete y sorbió un trago de Copoazú.

 

Como quien cubre con un inmenso manto el cielo, pronto cayó la tarde y el indio pensó en resguardarse de la larga noche que comenzaba a exteriorizar sonidos extraños y sombras estáticas o fugaces que le hacían aún más tenebrosa. Amarró la barca de un saliente en una enorme raíz que divisó segura y se dispuso a encender una hoguera. La noche descendió oscura y fría y comenzó a agitar el menudo cuerpo del humilde indio que tuvo que tomarse un trago largo de Motelo para calmar los nervios y por si acaso, poder concertar con los incógnitos y esquivos espíritus. Alistando un hacha, un garrote y una lanza se acomodó para pernoctar no sin antes acomodar en su cuello el collar con dientes de primates y plumas de aves mágicas que el Consejo le dio para su protección y por si las moscas, unas cuantas hojas de plátano como papel tualet por cuestiones del efecto digestivo que producía el Motelo después de algunas horas de ingerido.

 

Pasada la media noche, un fuerte cólico acompañando el bramido disonante de su tripaje le despertó de inmediato y tuvo que saltar del chinchorro para salir corriendo velozmente a descargar el sonoro y congestionado estómago. Un sonido extraño alertó sus sentidos y entonces aguzó el ojo esperando divisar en medio de la manigua de dónde provenía. – SSSSSSSSssss  -SSSSSSSSSSSsss – El indígena aún acurrucado sobre la saliente que le servía de excusado se agachó un poco más para tener mejor vista. Un fuerte olor a tabaco requemado circuló por el lugar propagándose rápidamente, mejorando el mal olor producido por el descompuesto nativo que corrió a la defensiva subiéndose el taparrabo por el camino pensando que le acechaba tal vez un jaguar, un tapir o quizás… una serpiente, aguardó un poco más y de nuevo escuchó – SSSSSsss – SSSS – Tomó el garrote en una mano y en la otra un leño corto a fin de hacer una antorcha. Apoyado por los rayos de la luna pudo divisar a cinco metros hacia la playa unos grandes ojos refulgentes que le observaban con insistencia en medio de la humareda producida por un chicote quemándose; parpadearon y de nuevo se abrieron lentamente. Observó que en su interior el iris era como los ojos de… un reptil. Si, un reptil sentado a pierna cruzada sobre la proa de la embarcación con un gran tabaco entre sus garras.

Esculapio se subió el taparrabo hasta debajo de las axilas pensando que la alucinación era producto del Motelo y golpeando con la planta del pie el piso solo atinó a balbucear un – ¡Juy.. ¡…¡Zape…! Tratando de espantar al intruso…

–           …!… Parece que la noche va a estar fresca Ssss…¡… dijo el enorme cocodrilo a tiempo que cruzaba los brazos con tranquilidad.

–           Eeee …ssii… si señor – respondió Esculapio sin pestañear y temblando de horror.

–           Soy Yacuruna… Ssss… volvió a hablar el extraño ser con voz ronca y de ultratumba… – … Soy el espíritu más importante de la selva baja. Mando sobre todos los animales y genios del agua. Ssss… Soy invocado por curanderos y chamanes desde hace miiiles de años y nadie puede descender el rio sin mi consentimiento…Ssss…!

–           Yo..yo..Yo.. le pido desculpas por ingresar en sus dominios… señor… balbuceó Esculapio sintiendo que le estallaban los cachetes debido al humo del tabaco.

–           ¡Sé cuál es tu sueño… Ssss… y te voy a dar permiso para navegar el rio… saca de él solo lo que necesites sin más, ni hacerle daño…Ssss… okey?

–           O key… Si…si…Nn..n..no señor… no le haré daño… solo déjeme enjilarme hasta llegar a mi destino…

El cocodrilo se incorporó en sus patas delanteras cambiando de color y de tamaño quedando convertido en un humanoide fornido con escamas y gran cola. Dio tres pasos al frente. El indio estaba a punto de desmayarse pero el lagarto con aspecto más sensible le animó rugiendo manso y dándole un largo chupón a su cigarro…

–           …Y… para que quieres conocer “el Dorado…Ssss…”

–           …Señor, ya toy cansáo de tanto trabajo y de tan mala suerte…la… la situación tá muy jodida; yo quero dar con ese paradero y golver con mucha riqueza pa sanar los problemas míos y de mi gente…

–           …¡Veo que piensas bien… Ssss…te daré mi espíritu Sachamama que es la serpiente encarnación de todos los ríos del amazonas… ella te cuidará mientras te encuentres dentro del rio…Ssss…

–           …Señor… Yacuruna… volvió a mirar al cocodrilo con temor… ¿entonces puedo seguir mi camino…?…

–          …Está bien… y… ¿Hay algo más que quieras saber?…

–      …Si, eee… sí señor, perdón y le pregunto con toito el respeto… esteee     ….todos los nativos hablan de busted pero solo unos pocos le han visto… hasta creen que ya no esiste.

–           …Asi es…Ustedes tienen una Bíblia donde se nos llama “la serpiente antígua”… Sssss… algunos creen que engañamos a la humanidad y a sus primeros padres desde el tiempo en que fuimos desterrados por el gran Hacedor a habitar las profundidades de la tierra, pero tenemos potestad por un tiempo de hacer lo que nos plazca, donde y cuando queramos; controlamos a la humanidad desde tiempos inmemorables Ssss… Muchos nos llaman Reptilianos (de reptil), y tomamos diferentes formas humanas para no ser descubiertos por ustedes, pues no queremos que se nos tome por dioses, como ha sucedido a través de los tiempos en diferentes culturas. De hecho… nos alimentamos de humanos porque tienen todos los nutrientes que requerimos…Ssss… además… son tan sabrosos… sobre todo los que son popochitos…

El indio advirtió que había orinado su taparrabo y apenas atinó a decir en medio de una risita nerviosa -…Señor… pe…pe…pero yo toy muy flacuchento… y lleno de paludismo…. Además ahorita toy fregao del estógamo…-.

–           …¡ja jaja… no te preocupes que hay excepciones…Ssss…

–           …Pero… entonces… se alimentan de humanos…?

–           …¡Asi es mi escuálido amigo… más de 10.000.000 de personas en el mundo desaparecen al año sin dejar rastro. Estas personas deben servir para alimentar a Leviatán y su corte que mora en las profundidades del mar y de la tierra hasta el día de hoy. Ssss…

–           …Vaya apetito…Señor… puedo hacer otra pregunta?…

–           …Claro que sí.. repondió moviendo despacio la pesada cola el reptil humanoide…

–           …¿…y…Existe el Dorado?…

–           …!Por supuesto que existe y vas a encontrarlo!… sigue adelante… Ssss… los guardianes de la selva te guiarán… Sssssss… – El lagarto echó otro largo chupón a su cigarro y lo exhaló muy despacio… Sssss. Enseguida el indio sintió un pesado sueño que le fue tumbando entre la maleza seca y tibia.

Al otro día muy de mañana, le despertó el canto de una pareja de Tinamúes que atravesaba la espesa planicie a tiempo que las Chachalacas y un Gritón Aruco volaron en desbandada al sentir el trino de un Tunchi Maligno que canta con un casi indefinido ¡FIN FIN FIN ¡ y puede, según las creencias matar o enloquecer a quien de él se burla.

El indio recordó que estando dentro del agua, nada podía agredirle y después de asearse y cambiarse de taparrabo se enrumbo rápidamente hacia Los Miranas pasando por las Bocas de Cahuinari; avanzó despacio sobre los chorros que las piedras salientes del rio provocaban, amarrando fuertemente su equipaje contra el mástil para no perderlos; sonrió satisfecho después de sortear varios de estos inconvenientes pero levantó la cabeza al percibir un fuerte y agudo olor a mortecino que se tornaba suave cuando brisaba. Muy seguramente provenía de una oscura cueva que se veía apenas oculta por el matorral entre unos troncos de Palorosa que le hacían parecer como rancia catedral incrustada al gran monte.

 

Apagó el motor y dejó que sus sentidos lo ubicaran mientras la selva se encontraba callada y húmeda. Bajó del collado una densa neblina que por lo espesa hacía imposible divisar en la distancia, solo se oía cada vez más y más lejano el estrepitar de los chorros pegando violentamente contra las rocas. Sintió claramente un arañazo sobre la cubierta de lona a estribor; el indio desconfiado asomó la cabeza por la borda para inspeccionar, quizás alguna piedra del rio alcanzó a hurgar las costillas de la embarcación pero escuchó un nuevo rasguño, esta vez a babor y más fuerte helándole los nervios por su raspar rechinante, sintió ser arrastrado a propósito y muy despacio hacia la olorosa y oscura gruta; trató sin efecto de remar hacia atrás hasta que sintió que le faltaron las fuerzas.

Ya en la orilla, resignado y temblando de pánico se percató de lo que producía los temibles rozamientos. Miró dentro del agua y una maraña de pelos fue emergiendo como si se tratara de una especie de gorila inmenso asido al borde de la lancha, caminando hacia la playa apresando poderosamente entre sus corpulentas garras el extremo de la misma, pero sin sacar la quilla del agua donde se encontraba arrinconado el indio. Volteó la greñuda cabeza y a Esculapio casi se le para el corazón cuando advirtió la tétrica fisionomía del extraño ser.

–           …Tiene un espíritu protector muy fuerte, seguramente tiene un destino que cumplir y Yacunura lo protege… – Dijo la gran bestia bípeda con voz de chimpancé recién salido de una cloaca…

–           …Ay jue… padre……y … busted es…

–           —Soy Mapinguari, patriarca de las montañas. Muchos han tratado de cruzar por estos montes y chorros pero sin mi consentimiento… no lo acepto… a dónde va??…

–           … Vo… voy en bu… busca del Dorado…

–           …Pero el Dorado tiene muchas riquezas… que va a hacer con tanto poder…

–           … Quero encontrar ese tesoro porque es lo único que me queda pa golver a darle paz y bienestar a mi gente…

–           …Ah ya veo… pasará por mis dominios solo con una condición…

–           .. Cu …cual… señor Mapinguari… no me diga que bustéd va a abusar de yo…o… quere que le comparta una parte del tesoro?…

–           …Llevará las enseñanzas que aprenda durante todo el viaje, para que sean trasmitidas a las generaciones futuras en su tribu…

–           …S… si ..señor… como lo ordene…

El descomunal ser peludo de dos metros se acomodó dentro de la canoa y le dio la orden al indio de iniciar el motor. Las peligrosas piedras de los chorros amenazantes hacían que la barca se estremeciera de un lado a otro hasta el punto de casi quebrarse; de un momento a otro y misteriosamente las mismas rocas que impedían navegar el rio se fueron apartando al momento en que el aterrado indio agarrado firmemente, observaba la travesía calmada de su canoa en medio de un canal extraño que le abría paso.

–           … Tiene que prestar mucha atención e ir aprendiendo… dijo el pavoroso primate… va a conocer cosas que no se saben ni se dicen por estos lugares… y tiene la obligación de comprenderlas más no de repetirlas…

–           … Como cuales señor… – preguntó el indio tapándose la nariz para evitar el pavoroso aliento.

–           … la civilización fuera de la selva está confeccionada sobre engaños para que el hombre no surja… le crean conflictos mentales para que no piense naturalmente, para que no sea libre en sus pensamientos; cosas como la política, la religión, la televisión, la prostitución, los vicios, el futbol son elaborados por el sistema para mantenerlos sumisos y quitarles el dinero que consiguen trabajando…  ellos lo manejan todo… a su antojo… encontrará brujos falsos, curas y pastores que dicen tener la verdad, formas de conseguir dinero fácil, pero todo esto no es más que una mentira con que tienen engañado al mundo…

…Aquí no tenemos este problema porque vivimos apartados de ese régimen moderno. Yo una vez fui humano, y voluntariamente llegué a estas tierras donde me hice lo que soy y ahora vivo autónomo y feliz…

–           … S.. Señor y cuántos años tiene…

–           … No lo sé… creo que ahora soy un espíritu…y es por eso que no acepto oro, ni cosas materiales… pero debe acordarse muy bien de las enseñanzas…

El descomunal lanudo recargó sus pulmones y luego expiró muy despacio; cerró los empestañados ojos y se fue desapareciendo junto con el nauseabundo olor que le asistía, quedando en la barca una esencia natural que perduró por varias horas.

Los líquenes, la flor del Ave del Paraíso, la Victoria Regia y muchas flores más igualmente colmaron con sus aromas y colores habituales el remoto paraje que matizado con los verdores de diferentes tonos del pintoresco paisaje, hacía que el indio se deleitara a cada paso en su travesía fantástica. Llegó a Tres Islas entre caimanes y lagartos que estáticos tomaban el sol con las fauces abiertas y adornaban un lado del rio mientras que al otro, una manada de garzas de colores posaba sosegadamente entre árboles de Cuyubís maduros y Ahumados.

 

Pronto pasó por Puerto Santander y Patio Bonito y se aproximaba otra noche antecedida por una luna que desde ya destellaba inmaculada sobre el espejo ambarino que se meneaba entre los tibios remolinos del rio que manso seguía su curso a sustanciar numerosas vidas antes de entregar resignado sus aguas a lo profundo de otro rio, o de algún mar. Un sonido ensordecedor de Monos Ardilla y Titís Leoncito amenizaban el rosáceo crepúsculo.

 

Después de sujetar su chinchorro fuertemente a dos árboles de Cabo de Hacha y de cubrirlo muy bien, preparó un poco de Champurriao y lo fue consumiendo poco a poco observando por enésima vez los millones y millones de estrellas que perseverantes acompañaban su travesía y eran testigas desde su niñez, de la nostalgia del tiempo vivido así como fieles compañeras en la obscuridad de cada noche, muchas de ellas, y al pasar el tiempo, se fueron haciendo de colores otras, a veces le hablaban y le contaban historias que le hacían reír, otras le hacían guiños y a veces le hacían llorar cuando le recordaban lo lejanas que se encontraban y lo solo que él se hallaba en este mundo. Se dispuso a prender una hoguera pero escuchó un aletear cercano.

El claro dejó entrever dos pájaros de gran tamaño que posados en un alto Dormilón entonaron un resonante y repetitivo AYAYMAMÁ – AYAYMAMÁ – AYAYMAMÁ – ambas aves paradas muy cerca una de la otra, miraban a Esculapio que yacía cerca a la fogata con los ojos llorosos; de un solo salto quedaron al lado del indio; este agarró toscamente una rama para tratar de espantar a los pájaros que al verse amenazados lloraron un nuevo – AYAYMAMÁ – AYAYMAMÁ – AYAYMAMÁ – era tan lastimero su lloriqueo que el indio se extrañó y trató de consolarlos; las dos aves se hicieron más visibles frente a la fogata mostrando sus hermosos visos de plata, verde, amarillo y rojo.

–           … Porque chillan… preguntó el indio…

–           … Nuestra madre nos abandonó… hace muchos años éramos dos niños cuando nos dejó cerca de una quebrada abundante en peces y árboles frutales. Comíamos, nos bañábamos y jugábamos esperando su pronto regreso, pero nunca apareció. Averiguamos sin remedio alguno y nos perdimos en el monte. Ansiábamos convertirnos en aves para poder volar en su búsqueda, entonces un buen día el dueño del monte oyó nuestro clamor y nos convirtió en aves.

Después de mucho volar y al llegar a la aldea un tiempo después, había muerto la mayoría de sus pobladores y se había desplazado otro tanto. Desde ahí nuestro sollozo…Si usted pudiera encontrar a nuestra madre, cesaría nuestro quejido y volveríamos a ser de nuevo niños…

–           … Siii… yo también he tao solo… – balbuceó el indígena bajando la cabeza en medio de una aturdida embriaguez, añorando los momentos al lado de su clan y de su progenitora, una humilde Tanimuka llena de amor y sabiduría y a quien pensaba dedicar gran parte de su tesoro apartándola de los duros quehaceres y los achaques de la vejez. – ¡… No puedo buscar la máma de ustedes, pero les enseñaré a conversar con la estrella y lo lucero… serán guenas amigas por muuuuchos años…! subió de nuevo el rústico y quemado rostro, pero ya las aves no se encontraban; entonces cerró los ojos y con una última lágrima, despidió la alucinación. Se acomodó la melena y se acostó. Luego de dar varias vueltas entre su hamaca, se durmió.

Llegaron las cinco de la madrugada protegido por la tupida vegetación sosegada y semidormida; una espesa bruma comenzó a cubrir el lugar como si una densa nube bajara a propósito a invadirlo todo y se posó en medio del paisaje que introvertido esperaba; de un solo salto Esculapio quedó en pie al momento de oír el estruendoso y descomunal sonido de una bocina metálica que irrumpió el pasmado silencio alcanzando varios kilómetros de distancia, la jungla no se alteró.

Un potente foco de un gran faro se prendió y su brillante luz fue atravesando la pesada niebla abriéndose paso hasta donde se encontraba el intrigado indígena que dio unos pasos hacia la playa para encontrarse de frente y casi a estrellársele contra el rostro, un enorme casco oxidado; era el rompeolas desvencijado y maloliente de un antiguo barco roído por los años más alto que un veterano Árbol de Nuez y más ancho que una maloca, escurriendo agua ambarina por sus corroídos contornos metálicos apuntalados con series de tornillos del tamaño de una mano tal y como si hubiera emergido del mismo rio y con el morrión verde en miasmas fermentadas con olor a tiburón y algas colgando de sus esquinas como banderas obtenidas en las profundidades de lo sombrío.

Observó algunas luces rojas encendidas en las catacumbas de su interior; recorrió con sigilo observando maravillado el margen escurriente del edificio metálico que parecía suspendido en el aire hasta que por fin topó una desusada escalera dispuesta en una de sus entradas; subió muy despacio los chorreados y resbaladizos escalones metálicos y el corazón se le quiso salir cuando avanzó algunos pasos adentro del enorme navío y el bullicio de una multitud proveniente de un gran salón llamó su atención. Una monumental puerta acicalada con finas y brillantes incrustaciones en cobre lúcido y vidrios transparentes y opacos de vitreaux fenicio se abrió lentamente para revelar un gran recinto iluminado donde se encontraban numerosas personas departiendo selectamente y muy bien vestidas con extraños atuendos de la época medieval, riendo y tomando, otros bailando en el centro del salón al son de una orquesta dispuesta sobre una tarima de tapices del Asia, que animaba con difusos y lánguidos valses de notas que por momentos resonaban tétricas y sin tono alguno, las copas de cristal brillantes colocadas sobre los blancos manteles transparentosos e insípidos contrastaban con el brillo de los pisos y los muebles de retocado cedro oriental y con los terminados pulcros opacos o cobrizos de los lujosos espejos que no reflejaban existencia alguna.

 

Esculapio atónito con tantos lujos desconocidos para él, trató de preguntar a un comensal si esta era otra más de sus apócrifas visiones, pero no recibió respuesta alguna, por el contrario el elegante extranjero siguió degustando su cena rancia y mirando siempre al más allá, allá donde existe un cosmos intransigente y sin tiempo alguno; quiso tocar uno de sus volátiles hombros pero se dio cuenta de que era un espíritu. De repente, una voz…

–           …Amigo… os estaba esperando… bienvenido a bordo del Cornelia Marie…- Ante vuestra persona y a mucho honor, me presento: soy el capitán Jhon William Silver….

Un anciano de escasa estatura, delgado, de pelo blanquecino con un parche sobre su ojo izquierdo, vestido con un elegante e impecable traje blanco, kepis de Capitán y las distinciones obtenidas por dos Sultanes turcos y la Reina de Inglaterra en la Batalla de Trafalgar… atento extendió su mano haciendo una pequeña venia…

–           … Guenos días señor Jhon…– el indio saludó al menudo y pálido hombre quien atento continuó…

–           Ante todo, mi respetable amigo os pido disculpas por los presentes pero como podéis apreciar, no se hayan en este basto mundo, ya sabéis… son espíritus reales de este primitivo y cansado barco que transita las corrientes y torrentes del orbe que se ve y no se ve; en un resplandeciente y leve lapso de espacio, este apenado peregrino lanza sus anclas en perecederos puertos de florestas y selvas inhóspitas, para luego volverse a sumergir en los abismos del destiempo… y que de mí… preguntareis… bueno, solo os diré que serví como Vicealmirante de la Marina Real Británica y perdí una vista al tratar de resistir una acción frustrada y brutal de piratería en Córcega en el año 1778; ahora vivo entre el presente y el pasado… pero no nos hagáis caso amigo, somos inofensivos, aunque un poco… ruidosos…

–           … pero ta muy lujoso… esto… el indio miraba ignorante y sorprendido a su alrededor…

–           …Si señor… en hora buena fue un barco construido para la más alta sociedad y naufragó hace muchos años con todos sus viajantes a bordo; dicen que fue un vil atentado pues en su interior se encuentran personas que tenían grandes fortunas y poderosas empresas, y que sus competentes hicieron sucumbir en las aguas de los mares mediterráneos para disponer de sus riquezas…

–           … Pero eso jue… un pecado señor…

–           … En vuestro mundo, mi querido amigo, se mueven estrategias tan maquiavélicas como salidas del mismísimo infierno; sin embargo los que aquí se encuentran, están felices en su estado de hibernación y placidez continua; sin tener que pagar más impuestos ni tener que cuidar de sus fortunas. Que mejor que estamos muertos, pero vivimos. En vuestro mundo, es un poco más complejo. …¿O Acaso sabéis de los que manejan las tasas del nacimiento y la sobrepoblación del planeta?. O..habéis escuchado de las propagandas en favor del homosexualismo?, esto lo hacen para que el ser humano no se reproduzca tan rápido. El aborto ha tomado delantera y cada día hay más atentados terroristas, huracanes, terremotos, así como shunamis creados por el hombre, sin contar con las enfermedades implantadas e introducidas por medio de los alimentos, el agua y las vacunas…

–           …¡y… quen son ellos… los que hacen eso…

–           … Primero, están los Reptilianos y no son de este planeta, luego los grupos Iluminati, luego están los manipuladores que son los masones. Son los que manejan el capitalismo, el nazismo, el fascismo, los marxistas, los comunistas y el Proyecto Mk Ultra, luego los manipulados que son las ONGs, los Teletones, Las fundaciones, las religiones, luego los llamados sirvientes como los medios de comunicación, Hollywood, noticieros, la música, la moda, internet, la propaganda y por último está el ganado o borregiza que son todos los controlados o consumidores inservibles y son el 85% de la humanidad.

–           … UAAOOO… pero a la tribu de yo todavía no ha llegado toese mal…

–           … Es porque vivís en un paraíso… lleno de paz y tranquilidad, colmado de frutos y fauna, de riquezas y agua por doquier. Nosotros somos vuestros guardianes y cuidamos de que no vengan por aquí estos ejércitos del mal. Ellos saben que existimos desde tiempos inmemorables, pero creen que somos inofensivos y torpes. La madre naturaleza y el mismo cosmos quiso que existiésemos y nos dotó de un aliento especial para presentarnos ante vosotros y protegeros con el don de la irrealidad dentro de la misma realidad, para preveniros y hacer que conozcáis la verdad… me podéis acompañar, si es vuestra voluntad… al puente de mando?… y no os preocupéis por vuestra barca… está muy bien custodiada…

 

Esculapio siguió al capitán atravesando la bulliciosa muchedumbre que seguía empeñada en el juego de las cartas, bailando, conversando o riendo amenamente; subió por una pulida y robusta escalera con vigas en mármol brillante de Carrara al piso más alto y desde allí pudo contemplar con asombro el imponente sol rayando la fastuosa madrugada de un día cualquiera en un antiguo puerto Inglés de mediados del siglo XVIII; y los rosados arreboles estáticos reflejados y no reflejados en la imponente nave metálica que descendía el rio Támesis desapareciendo para aparecer de nuevo un poco más abajo. – … Debo taparos el rostro…- fue lo último que escuchó el indio antes de que sin darse cuenta pasaron por San Isidro, los Monos, Jerusalén, luego por las Piedras y Puerto Pizarro; pero antes de llegar a Puerto Apolinar, el buque bramó nostálgicamente apagándose su descomunal faro fantasmal y comenzando a aparecer de nuevo sobre la cubierta superior las algas y los vestigios de Plancton y los raudos hongos malolientes que enverdecían las batayolas y los cabrestantes; las astas y los mástiles de carga volvieron a lucir rotos llenándose de nuevo con el musgo y el moho del destiempo y se silenciaron las copas y las risas de sus ocupantes y todo en su interior volvió a quedar en completa paz, como es la paz de la muerte, para desaparecer tal y como llegó aquel viajero errante en medio de la misma niebla tétrica, fresca y callada.

La tarde cayó roja y de nuevo sola sobre los miles verdes cubriendo la floresta con un ligero roció; el indio se despertó con una nostalgia que le embargaba el alma, sin embargo su corazón se encontraba más tranquilo que nunca; destapó el cujete sorbió un trago de Copoazú para calmar la sed y luego masticó un poco de Cola de rata. La barca encallada pegaba una y otra vez contra un barranco pastizal moviéndose al vaivén sosegado de las olas agradables de esa tarde veranera.

 

Las notas exactas de un hermoso canto delicado y apacible interpretado por una dulce voz femenina, se escuchó llamando de inmediato su atención. No lejos de allí, una joven bronceada y pulcra como un Copoazú, de figura perfecta y voz esplendorosa se bañaba serena en un pequeño arenal que hacía el rio en su orilla, entonando un inquietante himno tranquilo con la melodía como inspirada por la misma angelología celestial; hipnotizado por tal visión Esculapio se fue acercando lentamente tras contemplar la perfección del agraciado cuerpo que deslumbraba bisos de cellisca ámbar retocados por el cobrizo sol de la tarde; inquietantes rayos dorados se posaron al mismo tiempo sobre sus azabaches cabellos, resaltando más el color miel de sus grandes ojos y el rojizo carmín de sus jugosos labios.

–           EEEjemmm… e… e……Gu … gu … guenas…tardes… balbuceó el indio.

–           .. Hola cervatillo… dime… ¿quién es ese amo quien próvidamente de este gorrión se ocupa?…

–           … eeee… esteee… mi nombre es Esculapio pa servile, señorita, y busté cómo se topa… jadeó apenas el indio nervioso ante tanta belleza y sintiendo que rigoleto empezaba a moverse dentro del taparrabo…

–           … Lara es mi nombre y resido en un sublime castillo muy cerca de este natural y agraciado hogar de animales silvestres… continuó la diosa con voz suave y melodiosa acomodándose el sensual vestido… ¿Queréis bajar un momento de vuestro particular carruaje para que podamos dialogar cervatillo mio?…

–           … já.. jaja… nooo… no puedo… lo que pasa es que…yo toy poaquí de paso… voy pal Dorado… A propósito… ¿sumercé sabe pa dónde es que queda?… señaló el indio sonrojado, arreglándose el mechero y tratando de esconder los dientes que le faltaban además de su lívido incontrolable.

–           … No necesitáis conocer el Dorado, venid conmigo amado mío y os enseñaré mi reino. Tengo quinientas coronas ahorradas que he guardado para que sirvan como báculo nuestro cuando estén paralizados nuestros miembros y no podamos trabajar…

–           …¿Cuando que?… Esta jeva como que tá es trastocada… pensó el indio desconcertado.

–           …Mi padre, tiene muchas más riquezas que el Dorado…-… continuó la diosa…-… y no tiene más hijas que yo… cervatillo mío y cuando él muera, vos serás su heredero. Vuestra será su herencia, sus rebaños, sus derechos de pasto… venid… venid conmigo amo y cervatillo y si al conocer los detalles, son de vuestro agrado la tierra, los productos y la forma de vida, os serviré fielmente y al instante…

–           ¡… Ah carachos…! – la malicia indígena le avisaba – ¡… Pero si busté no me conoce todavía…!¡- el indio sonrió mostrando con desfachatez la huecamenta de su dentadura para tratar de calmar el ímpetu de la hermosa joven. – … yo sé que busté no me va a perdonar mis rascas con tapetusa, ni la discompostura cuando me jincho, ni mis ronquíos, ni menos mis jediondos gases, ni mi manera de vestir toito desguaranvilao y escalzurriao…

–           …Oh… veo que la aptitud de mi amo es un poco mezquina y también veo que no os interesa conocer los pastos del cielo con sus caminos de hospitalidad…

–           … Esque todavía no quero golver a echarme la zoga… de pronto… pa endespués podemos charlar señorita… con más despacio… que nos vayamos conociendo y que las jamilias de los dos también se destingan…

–           … La comprensión es siempre más noble que la compasión mi amado amo y la naturaleza más fuerte que el justo motivo… mi pobre cervatillo de rostro demacrado, ojos hundidos y ensombrecidos, con ánimo displicente y sin rastro de barba alguna. Sigue tu camino y que el destino propicie buen tiempo a tu viaje…. Y diciendo esto, ¡PLOP! la mujer desapareció convirtiéndose en una pequeña candelilla mariposa que se encumbró como lucecita radiante por encima del exuberante follaje de la selva tropical.

 

 

Saliendo de Puerto Apolinar, un ruido insistente en el propulsor hizo que Esculapio anclara la barca un momento para reabastecer de combustible el viejo motor que seguía desde hacía algún tiempo empeñado en importunar; ya entrada la tarde y después de un carraspear seco, el radiador tosió por última vez y se apagó con un solo golpe; arrimó la canoa a la orilla de un pequeño islote que hacía el rio antes de llegar a Los Estrechos y allí pensó en pernoctar; extrañamente y como si hubiera ingresado a un mundo paralelo y extraño, a partir de esa hora no hubo estrellas, ni luna; no sintió frio ni tampoco calor, ni sonido de ave alguna ni animal vivo dejó oír su canto ni sentir su presencia; el tiempo pareció detenerse al igual que las ramas de los arbustos y hasta el mismo rio sosegó el rumor de su sonoro raudal.

El indio como siempre, esperaba resignado un nuevo encuentro con algún arcano y fue preparando las formas ya tradicionales de rito con la solemnidad que ameritaba: desempacó con cuidado las plumas de las aves mágicas, un poco de Champurreado y por si las moscas contra seres vivos y salvajes, un garrote y su flecha bien afilada.

Caminó despacio entre la manigua oscura guiado tan solo por sus instintos escuchando el sonido del latido de su acelerado corazón acompañando su respiro entrecortado por los nervios.

Un aleteo veloz y brusco pasó justo frente a él alcanzándole a rozar la melena. El indio sorprendido se preparó para el contraataque y de nuevo, pero esta vez con más violencia arremetió su agresor dándole un golpe feroz en la nuca haciendo que el indio trastabillase y quedase de rodillas.

Atónito y sin ímpetu Esculapio abrió lentamente los ojos y se fue revelando ante él, un gran árbol que no reconocía en su carácter habitual el cual se encontraba suspendido sobre un hermoso pozo de agua diáfana y calmada. No supo nunca si en adelante, todo fue una pesadilla, penumbra, sueño, ensueño, visión o realidad; pero divisó a un gran búho que sobre una de las extrañas ramas en aquel frondoso árbol lo miraba atento. Sintió que le habló sin siquiera mover el pico…

 

  • …Felicitaciones… caminante, aunque no lo creas, has llegado a este punto porque has sido preparado para tal fin. Mi nombre…Urcututo y soy el encargado de custodiar el Dorado. Además de haber transitado por los filtros de los hermanos espirituales donde fuiste instruido de la manera cómo se encuentra organizado el mundo síquico y material, has podido madurar en medio de la pobreza, la enfermedad, la soledad y el sacrificio; llevarás a tu pueblo un regalo mucho más importante que las riquezas que el oro brinda. El conocimiento. Y es por esto que tres frases quiero que recuerdes por siempre. Toda tu vida…

La primera:“ EL CAMBIO ES INEVITABLE Y EL PROGRESO ES OPCIONAL.”.

 

Diciendo esto, voló de nuevo pero esta vez hasta una gruta resguardada por cientos de pequeñas aves de colores bruñidos que no producían rumor alguno.

 

….. Bueno…. Aquí tienes… “El Dorado”… escuchó que le habló mentalmente el búho extendiendo sus alas a su diestra y hacia el mismo monte. La fronda y el sotobosque como custodios germinados en cientos de años cobraron vida propia y se fueron desenmarañando y desenredando solos poco a poco hasta que se separaron de entre sí y dejaron notar por debajo, las claras y espesas capas de musgos y líquenes que como añejos telones vegetales iban cayendo cual retazos de grama tupida ante la mirada asombrada del indio que enseguida vio aparecer, una monumental puerta de oro sólido que era nada más y nada menos, la entrada principal al famoso “Dorado”; la misma que por siglos era celosamente reservada para ningún ser humano.

Enseguida fueron desasegurados uno a uno los diez cerrojos y los rechinantes aretes de piedra que blindaban con seguridad el lugar; saltaron de su sitio cuatro picaportes tejidos de gruesa filigrana en oro y plata formados por la misma natura, y por último se corrieron tres pasadores que la madera había incrustado dentro de la invulnerable piedra, todo extraño para el indio; La gran puerta dorada rugió haciendo conmoverse la tierra y fue abriéndose lentamente a tiempo que los pájaros de colores plata volaron alterados alrededor del árbol genial.

 

Esculapio se sentía cada vez más pequeño y maravillado al ver aquel templo sagrado exponiendo el caudal venturoso más buscado y anhelado por el mundo entero y que en realidad y muy seguramente volvía locos a los más cuerdos y hacía ver a los más ciegos. Ahh… Ahí estaba todo, amparado por abundantes y aceitunadas muscíneas, algas y hongos como si fueran los guardianes postizos que los tiempos y la natura habían impuesto al mayor tesoro del planeta, del sistema solar o de la misma galaxia; bajo un pleno cobertizo de tersos lienzos de telarañas que como si fuesen sábanas traslúcidas y saturadas de una fuerza incomún protegían o mejor acariciaban todo lo que solo ellas podían y que en ese preciso momento tenía en frente destellándole sin parar, sin más ni más, sin más arcanos, ni más pruebas, ni más carajos. Porque podía coger lo que deseara a su antojo y tomarlo y profanarlo y si quisiera… dejar cerrada la puerta por siempre y…así……morir feliz en ese preciso instante.

…“Aguarden y verán… Aguarden y verán… repetía en su mente el indio limpiándose los bordes de los ojos que no paraban de lagrimear la injusticia, el hambre, las enfermedades, la pobreza, el abandono del estado, el abandono de Tupana, su soledad y en total, el infortunio de su gente; todo junto podía ser exorcizado con solo unos puñados de lo que veía: paredes y más paredes de oro puro de 24 quilates bajo un techo de oro macizo de 24 quilates brillando y albergando millones y millones de monedas doradas saliéndose y saltando fuera de grandes barriles como vomitadas a raudales por los que eran también sus fundas y joyeros elaborados puramente por otras civilizaciones, cientos de vajillas arrumadas una sobre otra con sus respectivos cubiertos, jarrones con sus copas y anillos con sus collares y sus coronas y sus pulseras, muchas coronas, también espadas, escudos, tronos, y arrumes y más arrumes de montañas de oro puro en polvo y en piedra para ser procesado en joyas o en lo que se deseara.

 

Esculapio tomó un zarcillo de filigrana delgada e hizo una nariguera que atravesó en el perforado lóbulo de su nariz, luego buscó dos pendientes y los cambió por sus primitivos aretes de hueso y plumas; encontró una amplia corona con repujados exquisitos y la situó sobre el abundante mechero que aplanó con saliva.

Luego tomó veinte anillos, dos para cada dedo y se los acomodó; para sus brazos y piernas muchas pulseras y tobilleras que ajustó desde las muñecas y los tobillos hasta las rodillas y por debajo de los sobacos, veinte collares contados uno a uno, un selecto cinturón para ajustar su taparrabos y hasta chanclas del preciado metal se instaló en cada pie.

Después de que hubo calafateado todo su cuerpo con el oro que pudo, apartó un poco más para cargar la canoa…entonces escuchó la voz del búho resonar en su mente…

… – Quiero que observes esto…! – y apareció un trono de oro macizo y al frente un gran lienzo con una especie de líquido mágico y sin aroma donde poco a poco se fueron revelando imagines en un especie de holograma tridimensional de muchas personas importantes asistiendo a una gran reunión que se veía trascendental. Esculapio se sentó a observar.

  • ¡Las riquezas fueron hechas para los humanos en general…! – sintió de nuevo la voz del búho…- …! de hecho, es un regalo para que los seres que viven en este mundo no tengan pobreza, ni hambre, tampoco enfermedades… si tan solo fueran repartidas equitativamente… Pero solo son distribuidas entre unos cuantos que las aman sobremanera y las acumulan como coleccionando estampillas. Son los autodenominados dueños del Sistema. Llenan los bancos de dinero mal habido mientras que al oro, prefieren enterrarlo o esconderlo para que nadie más lo use…es por eso que este tesoro está reservado para ser entregado a una generación futura que sea más responsable y digna…. La segunda frase es: “..EL PRINCIPIO DE TODOS LOS MALES ES EL AMOR A LAS RIQUEZAS…!.

 

El indio aún no sabe si fue en espíritu, en sueño o ensueño, si fue una visión o realidad, pero sentado en ese trono, observó claramente cómo “Los dueños del poder” se encontraban reunidos en un banquete secreto atiborrado de mujeres hermosas, mucha comida y bebidas de todo tipo; algunos se inyectaban los brazos y otros aspiraban por la nariz algún tipo de droga. Podía leer las escarapelas con que se identificaban. Un cartel inmenso con luces lev contenía el anuncio: “NUEVO ORDEN MUNDIAL – DIRECCIÓN – .

Regentando la oratoria, dos seres reptilianos idénticos a… “Yacuruna”, parados uno frente a un atril de piedra y el otro escribiendo sobre una cartelera muchos números y dividendos anuales de las ganancias obtenidas por cada uno de los representantes de los países socios en la tierra, además impartiendo instrucciones precisas para continuar manteniendo a los llamados “Borreguiza”, bajo su estricto dominio.

El indio comprendió al fin que el mundo moderno en realidad nadaba en un mar de engaños y desilusiones que produce que las personas crean cosas peligrosas y en contra de la moral con que fue criado junto a sus ancestros.

-… ¡Osease que hay dos mundos en este…! – balbuceó el indio apesadumbrado… ¡… el gueno… y el malo…!

– Exactamente…!… escuchó al búho pensar… y tú vives en el bueno…

Y fue desapareciendo del aceite holográfico las imágenes de los reptilianos y sus socios y fue apareciendo la imagen grata de la máma y de sus parientes riendo en medio de un día soleado en el rio después de lavar las ropas y de haber departido juntos; luego aparecieron las cabañas del viejo y desordenado caserío pero esta vez las vio bordeadas por el gran rio y enmarcadas por coloridas bromélias, orquídeas, Helicóndias y Hongos de muchos colores. Revoloteando a su alrededor mariposas Monarca, las Alas Largas, las Morfo Azul, las Sátiro de Mitchell y se oyeron los cantos de cientos de pájaros como el Chiribiquete, el Gallito de las Rocas, el Guacamayo Escarlata, el Colibrí Topacio y muchos más , los Titíes, el Mono Araña, el Oso Perezoso y los Loros orejiamarillos, el Periquillo de Santa Marta, la Guacamaya Verdelimón y la Andiroba; el Asai, el Capinurí, la Castañola, y algunos otros árboles frutales que abundaban en cosechas todo el año; entonces le fue acrecentando desde muy adentro de su ser un diferente ánimo y una nueva esperanza y el amor por su raza y por su pueblo volvió a ser como en su niñez. En ese momento el indio se sintió avergonzado ante la misma vida por haber despreciado aquella riqueza que no había reconocido hasta ahora… entonces sollozó un buen rato de rodillas pidiendo perdón por todo lo que no había valorado. El búho habló en su mente una vez más y dijo:…

  • …!La tercera frase es…:¡”CONOCEREIS LA VERDAD, Y LA VERDAD OS HARÁ LIBRES”!…

Esculapio luego de repetir por tres veces cada frase susurró:…

  • ¡…Solamente quiero otra oportunidad…!…
  • … La tendrás…- respondió el búho.

! …Gracias…Muchas gracias…! – expresó el indio limpiándose los lagrimales y quitándose resignado todo el oro que había tomado.

En ese momento, se escuchó el descomunal estruendo de la reconocida bocina metálica del Cornelia Marie que parqueado a un lado del rio con su gigantesco foco encendido cual antiguo faro nocturnal en puertos del primer mundo, flotaba liviano sobre las olas fulgurantes del rio Caquetá.

Esculapio boquiabierto pero gozoso dijo adiós con la mano al búho que extendió sus alas para que de nuevo la gran puerta comenzara a rechinar cerrándose.

Y ahí estaba, con su rompeolas y su casco desvencijado y maloliente, escurriente de miasmas y con el olor a tiburones de todos los mares de todo el mundo juntos, llegaba por él para llevarlo a casa, a su esencia, a donde debía pertenecer por los siglos de los siglos, donde recobraba importancia la vida, de donde era oriundo y la verdad, donde más se amañaba. Caminó prontamente hasta subir la empapada escalera y entonces ahí parado, con su traje pulcro, el arcaico capitán de miles de ríos y mares con el parche tapando su ojo izquierdo y su notable amabilidad le daba la bienvenida.

  • … Amigo… Os estaba esperando…!- el anciano hizo una pequeña venia sosteniendo su quepis en la mano.

Esculapio subió las escalinatas y saludó a su anfitrión… Hola señor don Jhon… el anciano corrigió … ¡… Jhon William Silver…Para serviros…!… y le invitó a seguir. Y subieron pasando por en medio del gran salón hasta el puente de mando, observando de nuevo las copas transparentes y los manteles diáfanos y los espejos brillantes y los invitados aun inmersos en sus sombras y en su ayer. El capitán preguntó:

  • ¡…Os agrada este buque???… Si queréis, podéis quedaros a vivir con nosotros…!.

El indio pensó en ese momento en la vida, pero también en la muerte observando desde lo alto del puente de mando pasar otros países, otras razas, otros mares, los ríos, la lluvia, el viento, la luna, el sol, y las estrellas, sus amigas de toda la vida, y ahí estaban, una vez más… fieles, esperando hablar con él.

Una de ellas antes de desvanecerse sonrió y le dijo:…¡ Necesitas comenzar de nuevo. Tienes todo a tu favor y esta vez… no fallarás…

  • ¡…Debo taparos el rostro…!. – comentó el capitán al advertir que el indio tomó la decisión de seguir viviendo.

 

Y entonces se escuchó de nuevo el canto de miles de arrendajos y el zumbido de la mosca Azulada y los gritos de los pescadores, y los cantos de los viejos, y el olor a posta de ganado y el casabe quemándose en el fogón.

 

Un día, pasados los años contemplando el paisaje de su pueblo ya cambiado, con menos de su pobreza pero aún con algunos problemas, con más canas en el mechero pero con la sabiduría de un veterano búho, seguía recordando y compartiendo aquellas tres frases que aprendió aquella tarde dorada.

Y cada vez que alguno de su prolija descendencia curioso quería saber…le preguntaban con respeto…!… Abuelo… entonces existe el Dorado…?

El viejo indio respondía sonriendo…

-… ¡ No hay tal….muchachos!… ¡…No hay tal…

 

FIN…

 

 

 

omarorjuela@hotmail.com

Soy trasplantado dos veces de riñón y he perdido los dos trasplantes gracias a que en Colombia no dan los medicamentos para conservar el trasplante funcionando a tiempo. Me encanta escribir, pintar, y compongo musica en arpa, piano, guitarra y cuatro llanero. hago poemas y me gustaria participar de su grupo. He lido todos los libros de Carlos Cuauthemoc y me encantan.

Volver arriba